jueves, 26 de enero de 2017

CUANDO A BORGES LE DOLÍA MARÍA ESTHER VÁZQUEZ EN TODO EL CUERPO (Primera Parte)

María Esther Vázquez fue una de las tantas mujeres de las que Borges se enamoró perdidamente. La primera vez que ella lo vio tenía 17 años, estaba acompañada de otras estudiantes y cursaba el primer año en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Desde 1959 se trataron con cierta frecuencia, y en 1965 publicaron dos textos en colaboración: Literaturas germánicas medievales e Introducción a la literatura inglesa.

Cada tanto suelo ir a la librería Galerna, más precisamente a la sucursal que está en San Telmo: hace poco fui ahí y me compré Borges. Sus días y su tiempo, a un muy buen precio. Se trata de una serie de charlas que Vázquez mantuvo con Borges a lo largo de varios años. 

En una suerte de introducción a las conversaciones, que lleva por título "Borges por dentro", la autora de La memoria de los días nos cuenta que, "si bien es sabido que Borges vivió en función de la literatura, la amistad y el amor tuvieron para él capital importancia. Variadas y tenues presencias femeninas acompañaron sus pensamientos, como una especie de telón de fondo, durante muchos días y muchas noches insomnes a lo largo de su vida".

Si leen el extraordinario diario que Bioy Casares escribió sobre Borges, entre comentarios indiscretos y maliciosos, podrán notar lo mucho que el autor de El Aleph sufrió por amor. Una de esas "tenues presencias femeninas" fue la misma María Esther Váquez, hacia quien Borges estuvo muy enganchado. 

Les recomiendo que presten atención a los consejos amorosos que Bioy Casares, mucho más experimentado en asuntos de mujeres, le daba a su tímido amigo. Les copio varias partes, ojalá disfruten su lectura tanto como yo:


Sábado 12 de octubre de 1963: BORGES: ‘Me va bastante mal. Hay una chica, de la que estaba muy seguro. Cuando me fui a Texas, cuando me fui a Inglaterra, nos escribíamos. Apuré la vuelta en un día, para verla un día antes. Como tengo bastante plata en el Banco y pienso que puedo casarme, se lo dije. Me contestó que las cosas han cambiado, que hay otro. Fue algo tan inesperado… Me explicó que ella era muy tímida, que por eso no me lo había dicho. Yo creo que lo mejor es dejar de verse, para no caer en la abyección, en los celos, en los reproches; para no contaminar todo el pasado. Estoy triste con todo el cuerpo. Lo siento en las rodillas, en la espalda’. Silvina me había dicho: ‘Borges está de nuevo mal. Está pálido’.

BORGES: ‘Parece un destino circular al que estoy condenado. Esta situación se repite, cada tantos años. Para consolarme me digo que las otras mujeres, que olvidé, fueron tan importantes como ésta… No es un consuelo pensar que le queda a uno la amistad: me queda la amistad de Cecilia (Ingenieros), y no me importa nada. Me paso el día imaginando conversaciones con esta chica, lo que me dirá. Eso no está bien’. BIOY: ‘No te propongas no verla nunca; proponete pasar unos días sin verla; cuando no puedas más, la ves; después tratá de pasar una cantidad de días mayor que la anterior, sin verla; así, por un sistema mecánico, te alejarás de ella. El tiempo existe. Uno olvida todo: lo que quiere olvidar y lo que no quiere olvidar’. BORGES: ‘Como decía Reyes, el tiempo anda sin nuestra colaboración’.

Jueves, 17 de octubre de 1963: BORGES: ‘Hoy conocí al novio. Ella me dio un beso cuando le dijeron que venían a buscarla. Esperé unos minutos, para darles tiempo a que se fueran, y cuando salí los encontré. Al encontrarme con una persona real, una persona como cualquiera, sentí alivio. Ya (me pareció) no cavilaría. Estaba ante la verdad, que era menos terrible que las cambiantes hipótesis de la imaginación. El hombre era un señor un poco borroso, muy cortés, que se esforzaba por ser cordial, respetuoso, amistoso’.

Sábado, 19 de octubre de 1963: Borges me habla de la mujer que lo hace sufrir. ‘La vi. Es un error. Mientras la veo es como siempre, me olvido de mi obsesión. Eso dura un rato. Después estoy igual que antes. A la mitad de la noche despierto, ensayo diálogos imaginarios, lo que le digo, lo que me contesta: como no le digo nada ni me contesta nada, eso es la locura’. Después: ‘Mientras estoy con ella es igual a siempre. Es claro que yo sé que no puedo cometer una imprudencia sin que se endurezca y se retraiga’. Tengo aquí una intuición: la relación con esta mujer debe ser un noviazgo blanco. Con noviazgo blanco quiere retener a las mujeres… Sin comprender la realidad, habla de su trágico destino repetido y de que por una fatalidad siempre aparece un hombre y se las quita. (Una mujer que le dura un año o dos con amor blanco dura mucho; Borges no puede quejarse: debería jactarse).   

Miércoles, 27 de noviembre: Está con aire de cansancio. ‘¿Cómo te va?’, le pregunto. Me dice que bastante mal, que salió dos veces con ‘esta chica’, anteanoche y anoche, y que anteanoche él confundió amistad con amor, y que anoche fue espantoso, porque se llevó unadesilusión. ¡Qué raro –comenta-: uno vive para el futuro. Mientras me pasaba todo esto, el presente no me importaba, yo sabía que el presente es efímero, pero me preocupaba por el día después, me decía: ‘¿Cómo voy a hacer para aguantar el día de mañana?’. BIOY: ‘En esas situaciones, yo me preocupo por la noche, me pregunto cómo haré para dormir a la noche’. 

Miércoles, 4 de diciembre: Hoy me confió que su desdicha se ahondó, porque su rival resultó ser  un psicópata: ‘Esta chica me dijo que no tengo demasiadas esperanzas, pero que es claro, si el muchacho este no se cura, y quién sabe si se cura, a lo mejor se casa conmigo… Vale decir que soy un pis aller…’. Le contesto (cuando me deja hablar) que se deje de pavadas. Que no ponga amor propio. Que no sea tan considerado ni tan abnegado. Que lo importante es él y que en amor el demasiado bueno tiene mala suerte… tal vez aburra un poco y parezca pedante. Que no se apiade por ese muchacho: el azar lo puso en frente y lo natural, lo saludable, es aceptar el antagonismo. Que trata de no saber mucho de él, de no imaginarlo, y de sacarle la mujer. Que su situación ahora me parece mejor; pero que tiene un solo peligro: la esperanza. Y que los griegos tenían razón, que nada turba la paz como la esperanza.

Jueves, 5 de diciembre: (…) BORGES: “‘Yo creía que lo que más me interesaba en la vida era el germanismo; veía a esta chica como un entretenimiento entre etimología y etimología… La primera vez que me dio una excusa para no verme –me dijo que tenía dolor de cabeza y entendí en seguida que era una excusa- me alegré. Mirá, pensé: ‘Qué raro es esto, qué habrá detrás’, pero en seguida me alegré, porque podríamos seguir estudiando, y me puse a  explicar a las chicas el origen de las palabras. He necesitado que esta chica me diga que quiere a otro, para comprender que ella es lo  único que me importa en la vida’.

Toma tranquilizantes; a la noche se duerme mientras escribimos (…).

Lunes, 9 de diciembre: Como, en casa con Silvina y Marta. A las dos las llama Borges: ‘Perdona que llame a estas horas… Sólo con vos puedo desahogarme. Esta chica quiso hablar de nuevo sobre nuestro posible casamiento… Yo le dije que no habláramos nada antes de mi partida. ¿Te parece bien?’. Etcétera. Así me enteré de quién era esta chica. Silvina ya había sospechado”.

Martes, 10 de diciembre: “Llama Borges muy temprano, para confirmar mi visita de las tres y media; para comentar sus conversaciones de anoche con esta chica. Después del almuerzo llama su madre; pregunta si puedo llevarlo a la Facultad. Sí; allá voy. Hay que ver cómo llueve. Borges –le fiancé- llega con el borde de cuero -blanquecino- de la boina, dado vuelta y visible; el pantalón sumamente caído (en fuelle sobre los zapatos). Por debajo de la boina aparecen desordenadas mechas de pelo gris. Lo dejo. Después, voy a buscarlo. Habla del examen de las chicas: ‘Las salvó el aguacero. Sabían muy poco’. Antes de llegar a su casa detengo el coche por Paraguay y conversamos. Le digo que todo va mejor; que no se haga ilusiones; que no se enloquezca. Le digo que todo va mejor; que no se haga ilusiones; que no se enloquezca (porque el amante enloquecido no atrae); que no  se pase al otro lado en perfección y abnegación (tontería, pedantería, hipocresía; eso no es natural); que no se interese demasiado en el otro: es su enemigo. Dejamos el coche ahí y, bajo la lluvia (pero bajo mi paraguas), vamos caminando hasta su casa. Allí beso a la madre y a Silvina; saludo a Norah y a la Quica. Borges baja conmigo, me acompaña hasta la puerta: ‘Vos sabés cómo me exalto. Así es toda mi vida. Como vos decís, una cadena de mujeres’. Le aconsejo, no recuerdo por  qué, que no piense mal de esta chica si ella vacila, si al hallar loco al otro se vuelca más en él (en Borges). ‘No –responde-: si uno no es un infame, corona de todas las virtudes  y todos los méritos a la persona querida’.

BORGES: ‘Cuando perdí las esperanzas, desapareció totalmente el deseo físico; ahora que las esperanzas volvieron, volvió el deseo, lo que es molesto. Quizá esto siempre pase… Podríamos casarnos en febrero… En verdad, nosotros no tenemos nada en común. Siempre es cariñosa, pero piensa en voz alta, lo que es desesperante. Puede decir cosas muy incómodas con la mayor naturalidad. Después dice algo contradictorio o te besa; no creo que lo haga por lástima, o para corregir la mala impresión; meramente sigue el vaivén de sus incertidumbres. Es muy cariñosa, pero no puede uno cifrar nada en eso, porque lo es con todo el mundo. Me toma la mano, pero también a otros se la toma. Es increíblemente coqueta: en eso me recuerda un poco a Emita. Sus actos no armonizan con sus palabras. Los otros días salió conmigo: te aseguro que se portó como si fuéramos novios’. BIOY: ‘Si hay contradicción entre los actos y las palabras de una mujer, confía en los actos. No cometas el error propio de escritores de querer que te aclaren con palabras esa contradicción ni que te den una satisfactoria declaración de amor. Hay mujeres que van a la cama diciendo no; señalarles la contradicción sería una tontería. (…)

Cuando nos despedimos, me abraza un poco y me dice: ‘Querido’ (¿por primera vez en la vida?). Está muy emocionado. Me pide que trate de no ver a esta chica y que, si la veo, trate de no darme por enterado. BIOY: ‘Desde luego; vos sabés cómo es de rutinaria mi vida. Sería muy raro que la viera’. BORGES: ‘Decile a Silvina. A lo mejor se le ocurre invitarla. Prefiero no saber que sin mí está con gente y en lugares que puedo imaginar’. BIOY: ‘Es claro… Además, si estamos unos minutos, como ayer, entre gente, puedo no dar indicios de nada: ni de estar, ni de no estar, enterado. (…) Yo creo, pero no lo aseguro, que en su locura el pobre Borges está tan aterrado que hasta teme que pueda pasar algo atroz, como por ejemplo que su mejor amigo resulte un nuevo rival”.

Miércoles, 25 de diciembre: Me refiere su situación. No me parece que le vaya mal. BIOY: ‘Tenés que preocuparte más que de la situación con esta chica, de la situación tuya. No tenés que convertirte en un monomaníaco. La situación con esta chica se arreglará sola… si no la estropeás. Para eso tenés que estar tranquilo y esperar. Tampoco ser un modelo de abnegación, paciencia y delicadeza: ella descubrirá la impostura, al loco contenido’. Le digo que ahora él es el ladrón que entra por la ventana. Me asegura que está libre de todas las inhibiciones que lo mortificaron a lo largo de la vida. Cuando piensa que lo llevo a su casa, pide: ‘Una vuelta más’. Yo estoy lánguido; la vista se me nubla; necesito volver a casa y comer. A la una y media lo dejo.

Martes, 31 de diciembre: BORGES: ‘Si el amor no sirve para la felicidad; nunca debe ser fuente de desdicha’.


1964:

Martes, 18 de febrero: En Mar del Plata. A las seis y media de la mañana, llegan Borges y María Esther Vázquez. Con Borges caminamos un poco por el barrio. Me dice: ‘Me parece que las cosas van muy bien. Si todo sigue así, nos casamos este año. Vos sabés que yo tenía muchos problemas. Bueno, cosas que existían porque las imaginaba. Todo eso desapareció. Podría vivir normalmente. Nos mudaremos a la Biblioteca. Es claro que aquí estamos como amigos. Norah ofreció una novena, para que nos casemos… Madre es muy dominante… está segura de que voy a casarme con María Esther. Bueno, a Madre sólo le gustan las mujeres que sabe que a mí no me gustan. Ahora le gusta Alicia Jurado pero, cuando había algo parecido a un flirt entre Alicia y yo, me hablaba mal de ella’. Borges y María Esther viajaron toda la noche sentados, en un tren de clase única. BORGES: ‘Hablábamos y por momentos nos dormíamos, soñábamos. Nos decíamos cosas muy significativas entre un sueño y otro. Esta chica comentó: ‘Qué cosas nos dijimos anoche’. Cuando el guarda anunció Mar del Plata, yo no podría creerlo’. Me dice: ‘Si querés, esta noche, después de comer, podemos escribir’. Dice también que lo queda vigor al estilo en inglés es el verbo, que es sajón; en francés, el adjetivo”.

Eso es todo por hoy. Otro día les copio la segunda parte.

¡Sean felices!

Rodrigo

3 comentarios:

  1. Buscá el viernes 13 de setiembre de 1957, cuando se suicida un novio de María Esther Vázquez. Sigue el 21.
    Lo sé porque, cuando lo leí, iba tomando notas y en vez de buscar en el libro hago ctrl B en el archivo.
    Obvio que así tardé el triple en leerlo.
    Saludos

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    1. Sí es buenísimo! Tengo las dos ediciones del "Borges"de Bioy, la más completa y otra más "pocket" que viene con índice onomástico. Cuando pueda copio lo que falta, porque es muy interesante.

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  2. hay un pdf con el índice por nombres y temas. buscás "Joyce, James" y te dice que lo nombran en la página tanto, tanto y tanto. buscás "Martín Fierro" e igual. así...

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