jueves, 13 de abril de 2017

UNA ANÉCDOTA DE KAFKA

Dora Diamant, la compañera de los últimos años de vida de Franz Kafka, contó que una vez, mientras paseaban juntos por un parque municipal de las afueras de Berlín, encontraron una nenita llorando. Lloraba porque se le había perdido la muñeca. Kafka trató de consolarla, pero no había forma. “Pero si tu muñeca no se perdió”, dijo él de repente. “Tan sólo se fue de viaje. Acabo de verla hace un rato y he hablado con ella. Me prometió que te iba a escribir. Mañana a esta misma hora vení, yo te voy a traer la carta”. En aquel momento, la niñita dejó de llorar. Al día siguiente, Kafka llevó realmente la carta, que describía las aventuras de la muñeca durante el viaje. De ahí surgió una correspondencia entre la muñeca y la nena que se prolongó durante varias semanas y que finalizó cuando Kafka, quien estaba enfermo de tuberculosis, tuvo que cambiar de residencia y emprender su último viaje. Al final no olvidó, en medio de todo el barullo de un traslado tan triste, dejarle a la niña una muñeca, asegurando que era la antigua, la que había perdido, que sólo a causa de todo lo vivido en aquellos lejanos países había sufrido ciertos cambios. 


jueves, 26 de enero de 2017

CUANDO A BORGES LE DOLÍA MARÍA ESTHER VÁZQUEZ EN TODO EL CUERPO (Primera Parte)

María Esther Vázquez fue una de las tantas mujeres de las que Borges se enamoró perdidamente. La primera vez que ella lo vio tenía 17 años, estaba acompañada de otras estudiantes y cursaba el primer año en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Desde 1959 se trataron con cierta frecuencia, y en 1965 publicaron dos textos en colaboración: Literaturas germánicas medievales e Introducción a la literatura inglesa.

Cada tanto suelo ir a la librería Galerna, más precisamente a la sucursal que está en San Telmo: hace poco fui ahí y me compré Borges. Sus días y su tiempo, a un muy buen precio. Se trata de una serie de charlas que Vázquez mantuvo con Borges a lo largo de varios años. 

En una suerte de introducción a las conversaciones, que lleva por título "Borges por dentro", la autora de La memoria de los días nos cuenta que, "si bien es sabido que Borges vivió en función de la literatura, la amistad y el amor tuvieron para él capital importancia. Variadas y tenues presencias femeninas acompañaron sus pensamientos, como una especie de telón de fondo, durante muchos días y muchas noches insomnes a lo largo de su vida".

Si leen el extraordinario diario que Bioy Casares escribió sobre Borges, entre comentarios indiscretos y maliciosos, podrán notar lo mucho que el autor de El Aleph sufrió por amor. Una de esas "tenues presencias femeninas" fue la misma María Esther Váquez, hacia quien Borges estuvo muy enganchado. 

Les recomiendo que presten atención a los consejos amorosos que Bioy Casares, mucho más experimentado en asuntos de mujeres, le daba a su tímido amigo. Les copio varias partes, ojalá disfruten su lectura tanto como yo:


Sábado 12 de octubre de 1963: BORGES: ‘Me va bastante mal. Hay una chica, de la que estaba muy seguro. Cuando me fui a Texas, cuando me fui a Inglaterra, nos escribíamos. Apuré la vuelta en un día, para verla un día antes. Como tengo bastante plata en el Banco y pienso que puedo casarme, se lo dije. Me contestó que las cosas han cambiado, que hay otro. Fue algo tan inesperado… Me explicó que ella era muy tímida, que por eso no me lo había dicho. Yo creo que lo mejor es dejar de verse, para no caer en la abyección, en los celos, en los reproches; para no contaminar todo el pasado. Estoy triste con todo el cuerpo. Lo siento en las rodillas, en la espalda’. Silvina me había dicho: ‘Borges está de nuevo mal. Está pálido’.

BORGES: ‘Parece un destino circular al que estoy condenado. Esta situación se repite, cada tantos años. Para consolarme me digo que las otras mujeres, que olvidé, fueron tan importantes como ésta… No es un consuelo pensar que le queda a uno la amistad: me queda la amistad de Cecilia (Ingenieros), y no me importa nada. Me paso el día imaginando conversaciones con esta chica, lo que me dirá. Eso no está bien’. BIOY: ‘No te propongas no verla nunca; proponete pasar unos días sin verla; cuando no puedas más, la ves; después tratá de pasar una cantidad de días mayor que la anterior, sin verla; así, por un sistema mecánico, te alejarás de ella. El tiempo existe. Uno olvida todo: lo que quiere olvidar y lo que no quiere olvidar’. BORGES: ‘Como decía Reyes, el tiempo anda sin nuestra colaboración’.

Jueves, 17 de octubre de 1963: BORGES: ‘Hoy conocí al novio. Ella me dio un beso cuando le dijeron que venían a buscarla. Esperé unos minutos, para darles tiempo a que se fueran, y cuando salí los encontré. Al encontrarme con una persona real, una persona como cualquiera, sentí alivio. Ya (me pareció) no cavilaría. Estaba ante la verdad, que era menos terrible que las cambiantes hipótesis de la imaginación. El hombre era un señor un poco borroso, muy cortés, que se esforzaba por ser cordial, respetuoso, amistoso’.

Sábado, 19 de octubre de 1963: Borges me habla de la mujer que lo hace sufrir. ‘La vi. Es un error. Mientras la veo es como siempre, me olvido de mi obsesión. Eso dura un rato. Después estoy igual que antes. A la mitad de la noche despierto, ensayo diálogos imaginarios, lo que le digo, lo que me contesta: como no le digo nada ni me contesta nada, eso es la locura’. Después: ‘Mientras estoy con ella es igual a siempre. Es claro que yo sé que no puedo cometer una imprudencia sin que se endurezca y se retraiga’. Tengo aquí una intuición: la relación con esta mujer debe ser un noviazgo blanco. Con noviazgo blanco quiere retener a las mujeres… Sin comprender la realidad, habla de su trágico destino repetido y de que por una fatalidad siempre aparece un hombre y se las quita. (Una mujer que le dura un año o dos con amor blanco dura mucho; Borges no puede quejarse: debería jactarse).   

Miércoles, 27 de noviembre: Está con aire de cansancio. ‘¿Cómo te va?’, le pregunto. Me dice que bastante mal, que salió dos veces con ‘esta chica’, anteanoche y anoche, y que anteanoche él confundió amistad con amor, y que anoche fue espantoso, porque se llevó unadesilusión. ¡Qué raro –comenta-: uno vive para el futuro. Mientras me pasaba todo esto, el presente no me importaba, yo sabía que el presente es efímero, pero me preocupaba por el día después, me decía: ‘¿Cómo voy a hacer para aguantar el día de mañana?’. BIOY: ‘En esas situaciones, yo me preocupo por la noche, me pregunto cómo haré para dormir a la noche’. 

Miércoles, 4 de diciembre: Hoy me confió que su desdicha se ahondó, porque su rival resultó ser  un psicópata: ‘Esta chica me dijo que no tengo demasiadas esperanzas, pero que es claro, si el muchacho este no se cura, y quién sabe si se cura, a lo mejor se casa conmigo… Vale decir que soy un pis aller…’. Le contesto (cuando me deja hablar) que se deje de pavadas. Que no ponga amor propio. Que no sea tan considerado ni tan abnegado. Que lo importante es él y que en amor el demasiado bueno tiene mala suerte… tal vez aburra un poco y parezca pedante. Que no se apiade por ese muchacho: el azar lo puso en frente y lo natural, lo saludable, es aceptar el antagonismo. Que trata de no saber mucho de él, de no imaginarlo, y de sacarle la mujer. Que su situación ahora me parece mejor; pero que tiene un solo peligro: la esperanza. Y que los griegos tenían razón, que nada turba la paz como la esperanza.

Jueves, 5 de diciembre: (…) BORGES: “‘Yo creía que lo que más me interesaba en la vida era el germanismo; veía a esta chica como un entretenimiento entre etimología y etimología… La primera vez que me dio una excusa para no verme –me dijo que tenía dolor de cabeza y entendí en seguida que era una excusa- me alegré. Mirá, pensé: ‘Qué raro es esto, qué habrá detrás’, pero en seguida me alegré, porque podríamos seguir estudiando, y me puse a  explicar a las chicas el origen de las palabras. He necesitado que esta chica me diga que quiere a otro, para comprender que ella es lo  único que me importa en la vida’.

Toma tranquilizantes; a la noche se duerme mientras escribimos (…).

Lunes, 9 de diciembre: Como, en casa con Silvina y Marta. A las dos las llama Borges: ‘Perdona que llame a estas horas… Sólo con vos puedo desahogarme. Esta chica quiso hablar de nuevo sobre nuestro posible casamiento… Yo le dije que no habláramos nada antes de mi partida. ¿Te parece bien?’. Etcétera. Así me enteré de quién era esta chica. Silvina ya había sospechado”.

Martes, 10 de diciembre: “Llama Borges muy temprano, para confirmar mi visita de las tres y media; para comentar sus conversaciones de anoche con esta chica. Después del almuerzo llama su madre; pregunta si puedo llevarlo a la Facultad. Sí; allá voy. Hay que ver cómo llueve. Borges –le fiancé- llega con el borde de cuero -blanquecino- de la boina, dado vuelta y visible; el pantalón sumamente caído (en fuelle sobre los zapatos). Por debajo de la boina aparecen desordenadas mechas de pelo gris. Lo dejo. Después, voy a buscarlo. Habla del examen de las chicas: ‘Las salvó el aguacero. Sabían muy poco’. Antes de llegar a su casa detengo el coche por Paraguay y conversamos. Le digo que todo va mejor; que no se haga ilusiones; que no se enloquezca. Le digo que todo va mejor; que no se haga ilusiones; que no se enloquezca (porque el amante enloquecido no atrae); que no  se pase al otro lado en perfección y abnegación (tontería, pedantería, hipocresía; eso no es natural); que no se interese demasiado en el otro: es su enemigo. Dejamos el coche ahí y, bajo la lluvia (pero bajo mi paraguas), vamos caminando hasta su casa. Allí beso a la madre y a Silvina; saludo a Norah y a la Quica. Borges baja conmigo, me acompaña hasta la puerta: ‘Vos sabés cómo me exalto. Así es toda mi vida. Como vos decís, una cadena de mujeres’. Le aconsejo, no recuerdo por  qué, que no piense mal de esta chica si ella vacila, si al hallar loco al otro se vuelca más en él (en Borges). ‘No –responde-: si uno no es un infame, corona de todas las virtudes  y todos los méritos a la persona querida’.

BORGES: ‘Cuando perdí las esperanzas, desapareció totalmente el deseo físico; ahora que las esperanzas volvieron, volvió el deseo, lo que es molesto. Quizá esto siempre pase… Podríamos casarnos en febrero… En verdad, nosotros no tenemos nada en común. Siempre es cariñosa, pero piensa en voz alta, lo que es desesperante. Puede decir cosas muy incómodas con la mayor naturalidad. Después dice algo contradictorio o te besa; no creo que lo haga por lástima, o para corregir la mala impresión; meramente sigue el vaivén de sus incertidumbres. Es muy cariñosa, pero no puede uno cifrar nada en eso, porque lo es con todo el mundo. Me toma la mano, pero también a otros se la toma. Es increíblemente coqueta: en eso me recuerda un poco a Emita. Sus actos no armonizan con sus palabras. Los otros días salió conmigo: te aseguro que se portó como si fuéramos novios’. BIOY: ‘Si hay contradicción entre los actos y las palabras de una mujer, confía en los actos. No cometas el error propio de escritores de querer que te aclaren con palabras esa contradicción ni que te den una satisfactoria declaración de amor. Hay mujeres que van a la cama diciendo no; señalarles la contradicción sería una tontería. (…)

Cuando nos despedimos, me abraza un poco y me dice: ‘Querido’ (¿por primera vez en la vida?). Está muy emocionado. Me pide que trate de no ver a esta chica y que, si la veo, trate de no darme por enterado. BIOY: ‘Desde luego; vos sabés cómo es de rutinaria mi vida. Sería muy raro que la viera’. BORGES: ‘Decile a Silvina. A lo mejor se le ocurre invitarla. Prefiero no saber que sin mí está con gente y en lugares que puedo imaginar’. BIOY: ‘Es claro… Además, si estamos unos minutos, como ayer, entre gente, puedo no dar indicios de nada: ni de estar, ni de no estar, enterado. (…) Yo creo, pero no lo aseguro, que en su locura el pobre Borges está tan aterrado que hasta teme que pueda pasar algo atroz, como por ejemplo que su mejor amigo resulte un nuevo rival”.

Miércoles, 25 de diciembre: Me refiere su situación. No me parece que le vaya mal. BIOY: ‘Tenés que preocuparte más que de la situación con esta chica, de la situación tuya. No tenés que convertirte en un monomaníaco. La situación con esta chica se arreglará sola… si no la estropeás. Para eso tenés que estar tranquilo y esperar. Tampoco ser un modelo de abnegación, paciencia y delicadeza: ella descubrirá la impostura, al loco contenido’. Le digo que ahora él es el ladrón que entra por la ventana. Me asegura que está libre de todas las inhibiciones que lo mortificaron a lo largo de la vida. Cuando piensa que lo llevo a su casa, pide: ‘Una vuelta más’. Yo estoy lánguido; la vista se me nubla; necesito volver a casa y comer. A la una y media lo dejo.

Martes, 31 de diciembre: BORGES: ‘Si el amor no sirve para la felicidad; nunca debe ser fuente de desdicha’.


1964:

Martes, 18 de febrero: En Mar del Plata. A las seis y media de la mañana, llegan Borges y María Esther Vázquez. Con Borges caminamos un poco por el barrio. Me dice: ‘Me parece que las cosas van muy bien. Si todo sigue así, nos casamos este año. Vos sabés que yo tenía muchos problemas. Bueno, cosas que existían porque las imaginaba. Todo eso desapareció. Podría vivir normalmente. Nos mudaremos a la Biblioteca. Es claro que aquí estamos como amigos. Norah ofreció una novena, para que nos casemos… Madre es muy dominante… está segura de que voy a casarme con María Esther. Bueno, a Madre sólo le gustan las mujeres que sabe que a mí no me gustan. Ahora le gusta Alicia Jurado pero, cuando había algo parecido a un flirt entre Alicia y yo, me hablaba mal de ella’. Borges y María Esther viajaron toda la noche sentados, en un tren de clase única. BORGES: ‘Hablábamos y por momentos nos dormíamos, soñábamos. Nos decíamos cosas muy significativas entre un sueño y otro. Esta chica comentó: ‘Qué cosas nos dijimos anoche’. Cuando el guarda anunció Mar del Plata, yo no podría creerlo’. Me dice: ‘Si querés, esta noche, después de comer, podemos escribir’. Dice también que lo queda vigor al estilo en inglés es el verbo, que es sajón; en francés, el adjetivo”.

Eso es todo por hoy. Otro día les copio la segunda parte.

¡Sean felices!

Rodrigo

viernes, 20 de enero de 2017

REFLEXIONES MORALES DE PRINCIPIOS DE AÑO

El ser humano tiene una necesidad vital de reconocimiento. Si a un bebé lo dejamos llorar, y nos limitamos sólo a alimentarlo por mecanismos tecnológicos, al cabo de poco tiempo se muere. Si nadie lo mira, le habla, le pregunta qué necesita o lo consuela, no tiene chances de  sobrevivir. 

Hace pocos días, a la entrada de la Estación Carlos Pellegrini de la línea B, una señora mayor,  rodeada de bolsas de basura que debe haber sacado del Mac Donald que está ahí cerca, se puso a revisar el contenido para encontrar algo de comer. Yo apenas la miré. Imagino que debe recibir cientos de miradas de indiferencia como la mía, o de desprecio o incluso de odio por estar ensuciando la vía pública (hay personas así de canallas, y algunas incluso tal vez son amigas nuestras). El grado de egoísmo e indiferencia al semejante que uno es capaz de desarrollar en nuestra sociedad de consumo parece no tener límites. 

Al mismo tiempo, a veces somos más proclives a ayudar al herido que a compartir el éxito personal de un amigo. Pregúntenle a un escritor cuyo amigo ha recibido un premio, o miren la mueca espontánea en el rostro de un músico que acaba de enterarse que un amigo suyo que toca en otra banda vendió muchas más entradas que él, y seguramente entenderán. 

Según Hanna Arendt: 

“Parece evidente que compartir la alegría es absolutamente superior desde este punto de vista  a compartir el sufrimiento. Pues es la alegría la que es locuaz, no el sufrimiento, y el verdadero diálogo humano difiere de la simple discusión en que está enteramente penetrado del placer que procuran el otro y lo que dice; la alegría, por decirlo así, marca el tono. Lo que hace esta alegría imposible es la envidia, que en el mundo del sentimiento de humanidad es el peor de los vicios”. 

La envidia es la que ayuda a que nos parezca moralmente más soportable la proximidad de los humillados y ofendidos que la de los alegres y autosuficientes. Está bien lo que dice Arendt, pero al mismo tiempo esa señora necesita URGENTE de nuestra ayuda. Estamos construyendo una sociedad de mierda. Más allá de que mis discrepancias con el actual gobierno son muy grandes, ¿qué hago yo para cambiar algo? NADA o casi nada. Siento que persigo siempre el deseo de crecer intelectualmente, pero al mismo tiempo me planteo que no hago nada a nivel político. En Los diarios de Emilio Renzi, Ricardo Piglia le hace decir a su alter ego algo que me parece muy interesante:

“La idea sartreana de que cada obra individual debe responder sobre la responsabilidad del arte es ridícula y paraliza cualquier acción. La pregunta de Sartre, ¿qué puede La náusea ante un chico que se muere de hambre?, es moralizante y es un sofisma. Nada que un individuo aislado haga por sí mismo, en soledad, puede hacer nada por un chico que se muere de hambre. Es la misma lógica que usa la derecha cuando exige más represión y la justifica con la pregunta: ¿qué haría usted ante un delincuente que quiere matar a su hijo? Si la respuesta fuera individual, no habría otra cosa que estupefacción y actitudes "personales" (que no hacen otra cosa que cambiar de tema). ¿Qué puede hacer un hombre ante la injusticia del mundo? Juntarse con otros que buscan modos de actuar no-individuales. Salir del yo y de la conciencia subjetiva, ése es el camino de Marx y Wittgenstein. En un caso es la clase y en el otro son los juegos del lenguaje los que condicionan la acción política. La eficacia -la respuesta- no puede ser individual”.

Me parece que es cierto lo que dice Renzi, pero con reservas: creo que se pueden hacer cosas a nivel individual, aunque está claro que no es suficiente ni mucho menos.

Este año me gustaría mejorar en varios aspectos: parafraseando la “plegaria de la serenidad”, y teniendo en cuenta que soy ateo, espero poder obtener serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que está a mi alcance, y sabiduría para entender, en cada situación particular, la diferencia.

miércoles, 18 de enero de 2017

CHARLIE ROSE INTERVIEWS DAVID FOSTER WALLACE


Y acá está la entrevista subtitulada al castellano. Comprendo que es bastante ridículo poner dos videos iguales en un posteo pero es tanto lo que quiero a DFW lo hago igual:


LA HERIDA DE DAVID FOSTER WALLACE

Libertad, la amiga de Mafalda, quería conocer gente simple. Es comprensible: las personas muy autoconscientes intentan no “pensar demasiado”, y persiguen desesperadamente la simpleza, la espontaneidad, la alegría. David Foster Wallace se miraba al espejo y se veía una herida en la cara. Su familia y sus amigos creían que estaba medio loco, y le decían que no, que no tenía nada. “¿Tendrás algún problema en los ojos?”. Sin embargo, cada vez que se miraba al espejo no sólo veía la herida sino que al palparse el rostro notaba la sangre en la mejilla, “los dedos se me hundían muy adentro de lo que a mí me parecía gelatina caliente con huesos y tendones y cosas dentro”. Y además le daba la sensación de que todo el mundo le miraba la herida. Él pensaba que su herida lo volvía medio raro, y sentía la necesidad de esconderse. Pero luego se daba cuenta de que sólo lo miraban porque lo veían muy asustado, ensimismado, sufriendo y siempre con la mano pegada en la frente y haciendo gestos de preocupación. Una vez se tocó el rostro y vio sangre en los dedos, y trozos de tejido y materia viscosa. Hasta podía oler la sangre, el aroma a metal oxidado y a cobre. Una noche, mientras sus padres no estaban, se le ocurrió agarrar hilo y aguja y cocerse la herida, sin anestesia. Le dolió mucho, naturalmente. Cuando sus padres volvieron, no les gustó para nada encontrar a su hijo con la cara ensangrentada de verdad, y con un montón de puntos en zigzag, poco profesionales y hechos con hilo grueso. Parece que al cocerse hundió la aguja demasiado hondo y la herida se le infectó. Los médicos al curarlo tuvieron que hacerle una herida de verdad, limpiarlo y desinfectarlo. Ahora tiene una horrible cicatriz en el rostro, y el resto de la gente también la puede ver, pero hace de cuenta que no ve nada, o si le dicen lo que ven, lo hacen con mucho tacto.

lunes, 16 de enero de 2017

EXCURSUS SOBRE LA FELICIDAD Y EL DOLOR

Antes que nada les quiero aclarar que este posteo es un pre-posteo que viene a pre-postear un próximo posteo que estoy escribiendo, y que versará sobre La conquista de la felicidad de Bertrand Russell. Lo digo para que no digan que no les dije que digan que es un gran posteo porque yo no lo dije en ningún momento ni lo diría, porque sé que se trata nada más que de un posteo complementario de ese próximo posteo bertrandrusselliano. ¿Me explico? En fin, dejemos de dar vueltas y vayamos al grano:

Si me pongo en “psicoanalista de café”, diré que  podemos diferenciar entre “dolor” y “padecimiento”. En este sentido, el dolor es la manera sana de expresar una pérdida de equilibrio psíquico. El padecimiento, en cambio, tiene que ver con hacer crónico un dolor que se termina transformando en inmanejable. El dolor, en tanto inherente a la condición humana, es inevitable. El padecimiento, en cambio, puede y hasta debe ser tratado.

Sartre decía algo así como que somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros, y yo coincido con esa postura. Es evidente que si tus padres acaban de morir en un accidente, o sobreviviste a un campo de concentración, tu margen para ser feliz es prácticamente nulo. Estoy hablando del dolor que más o menos padecemos todos. 

“Lo que no te mata te fortalece”, dicen que decía Nietzsche. Tengo la obra completa -incluyendo los “fragmentos póstumos” y toda su correspondencia- , del autor de El origen de la tragedia, y no recuerdo haber leído esa frase. Creo recordar que la frase decía algo así como "lo que no te mata te hace más fuerte", pero no tengo ganas de buscar si efectivamente dijo lo que dicen que dijo. 

Sea como fuere, lo importante es que, frente al dolor, algunas personas se fortalecen, y a otras el sufrimiento las aniquila, las inmoviliza.

Digamos que, frente  a determinadas situaciones, sentir dolor es una reacción psíquicamente sana. La reacción enferma o “antinatural” ante una situación límite  sería no sentir nada, o sentir satisfacción cuando deberíamos apenarnos.

Sin embargo, el dolor no necesariamente tiene que impedirnos perseguir y en muchos casos alcanzar la felicidad, realizar algunos de nuestros sueños, vivir mejor.

El nacimiento es un acto en el cual el niño, desprendido del cuerpo de su madre, es arrojado al mundo en un estado de absoluta soledad e indefensión. El mamífero humano, al nacer, no tiene chances de sobrevivir si no recibe el cuidado adecuado y el amor de otro ser humano.

En síntesis, la felicidad humana no tiene nada que ver con un estado definitivo, sino con algo frágil y provisional. La felicidad no es un estado de narcosis ni una obligación: prefiero sentirme cansado o triste que artificialmente alegre, porque como dice el franchute Comte-Sponville, “la felicidad no es real si no es lúcida”.

La verdadera felicidad consiste en amar a la vida, lo cual incluye bancarse los momentos desagradables. Amar más la felicidad que la vida no es ser sabio, porque quien sólo ama la felicidad evitará como si fuera la peste todo tipo de situaciones desagradables. Aquél que ama la felicidad sólo amará la vida en los momentos de alegría.

Entiendo que este posteo parece sacado de un manual de autoayuda. El amigo Martín decía:

"Generalmente uno es feliz y la pasa bien sin planearlo de antemano, de manera azarosa, no por una convención social. La premisa de que si uno se propone algo lo consigue me parece una de las mentiras más grandes de la Tierra; pero, claro, todavía no existe un autor de autoayuda que se anime a escribir un libro que le diga al lector que para estar bien simplemente tiene que vivir y ver “qué onda”, que no existen recetas ni decálogos mágicos que propicien las cosas que anhelamos. Aunque dicho así, esto también suena a consejo de autoayuda. Es que tal vez todo texto sea de autoayuda en el sentido más literal del término, es decir, no para el lector sino para quien lo escribe".

Es posible que a Don Tincho no le falte razón. "Si fuera feliz no me dedicaría a hacer canciones" -decía el gran Peter Hammill- "sino a ser feliz". Y se nota, porque miren como quedó el pobre Pedrito luego de que Alice, su esposa, lo dejara: 




¿Cuál es la respuesta definitiva a estas cuestiones? The answer my friend... 

Sí, ya sé, están podridos de que se cite esa frase de Bob Dylan porque es un "lugar común", pero a mí me gusta. ¿O ustedes son siempre originales e inventivos?

¡Sean felices!

Rodrigo

LEYENDO LOS DIARIOS DE EMILIO RENZI

“No se trataba para mí, desde luego, de usar la estúpida secuencia decimal que está de moda ahora en todo el mundo (…); ahora han descubierto que cada década supone un cambio esencial en los modos de ser de las cosas (en primer lugar), de las personas, de la cultura, del arte, de la política y de la vida en general. Se habla de la década del sesenta o del ochenta como si fueran mundos separados entre sí por cientos de años luz. (…) La cultura de los ochenta, la política de los noventa, la estupidez de los setenta, y así se ordena y se periodiza en estos tiempos ridículos: todos creen que es verdad esa expresión y se lamentan por ser de los ochenta y ser vistos AHORA, digamos, por ejemplo, en los noventa, como individuos románticos y medio yuppies, cuando en los noventa las personas son cínicas, conservadoras y escépticas”. (Los diarios de Emilio Renzi

De todos modos tampoco es para ponernos dogmáticos, la periodización no es más que una manera de poner orden en el caos, por supuesto, sin éxito. Jamás podremos ordenar el caos. El cosmos es un relato que nos contamos a nosotros mismos para tranquilizarnos.


"Nunca vi nada más ridículo; por ejemplo, se acusa a alguna persona de ser de los setenta, es decir, de creer en el socialismo, en la revolución. Algunos periodistas-estrella, que son el punto más bajo al que han llegado la inteligencia humana y la cultura actual en decadencia y sin remedio, han inventado los términos 'ochentoso' o, peor aún y más feo, 'sesentoso', o también 'setentoso', como si fueran categorías de pensamiento, como quien dice el renacimiento italiano o el protestantismo anglosajón. Los imbéciles también razonan, aunque no se vea, con categorías, de ese modo disimulan su carencia total de materia gris y hablan como si fueran intelectuales y pensadores".


En fin, leer esos diarios es una experiencia gozosísima. Ojalá los lean y ojalá la pasen tan bien como yo leyéndolos.

sábado, 14 de enero de 2017

YO NO LEO MESSI, NO LEO SBARAGLIA... YO LEO FRIEDRICH NIETZCHE. Y ADEMÁS LES DIGO QUE SI QUIEREN CONOCER MEJOR SU OBRA, LEAN ASPECTOS DE SU BIOGRAFÍA

Friedrich Nietzsche es uno de los filósofos cuya obra admite las lecturas más disímiles. A uno le da la impresión de que cada persona tiene su Nietzsche a medida.

Podemos leer interpretaciones de derecha, de izquierda, anarquistas, nazis, libertarias, comunistas, ateas, teológicas, democráticas, elitistas… 

En lo personal no creo que se pueda decir cualquier cosa de cualquier texto de Nietzsche –por caso, hacer de Nietzsche un demócrata o un izquierdista implica forzar sus ideas casi hasta la caricatura-; pero coincido en que se trata de una figura tremendamente contradictoria y ambigua. ¿Cómo dilucidar de modo contundente, por ejemplo, que una lectura de Así habló Zaratustra es errónea?

“Autor de cabecera de personajes como Hitler, Lenin, Daniel Cohn-Bendit, José Ingenieros (…)”, como bien nos recuerda un profesor de filosofía bastante mediático y bilardista, la obra de Nietzsche le escapa especialmente a la sistematicidad.

Una de las cosas que más fascinaba a Nietzsche de Johann Wolfgang von Goethe era que el autor del Fausto había sabido compaginar arte y vida. En el caso de Nietzsche, en cambio, vida y obra han estado en una contradicción tal que lo terminaron llevando a la locura.

Nietzsche decía que la originalidad de la filosofía de Schopenhauer radicaba en la personalidad del autor, era “un Schopenhauer en grande”. Refuerzo la idea porque me parece destacable: lo que atraía a Nietzsche era no tanto las grandes obras sino las grandes personalidades que se vislumbran detrás de esas obras.

En una reflexión consignada en el segundo volumen de Parerga y paralipómena, Schopenhauer contradice, obviamente sin saberlo, la opinión de Nietzsche, afirmando que quienes se ocupan de conocer la vida de un filósofo, en lugar de estudiar sus pensamientos, se asemejan a aquellas personas que no admiran un cuadro sino que se conforman con examinar el marco y se interesan por el gusto de su talla o la calidad de su dorado.

Se cuenta una anécdota de otro autor que se encuadra en esta estela antibiográfica, Martin Heidegger, quien al parecer comenzó un seminario sobre Aristóteles diciendo que “nació, trabajó y murió”. El mismo Jorge Luis Borges, nuestro escritor canónico, era bastante reacio a contextualizar con fechas y datos la obra de los escritores que le agradaban.


Estas posturas extremas contrastan con la de Diógenes Laercio, cuyas Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres gustaba tanto al mismo Nietzsche.

En lo personal coincido con Nietzsche y con todos aquellos que creen que conocer la personalidad de quien filosofa ayuda a conocer mejor el contenido y la forma de su filosofar. Por caso, leer la biografía de Schopenhauer escrita  por Rüdiger Safranski, o la vida de Wittgenstein descripta por Ray Monk, ayudan a adentrarse tanto en el pensamiento de Schopenhauer como a entender mejor la obra del autor del Tractatus Logico-Philosophicus

Una conferencia no ha de ser mejor o peor juzgada si se sabe que el orador fumó medio cigarrillo de marihuana para darse ánimos, o se tomó una copa de vino. Un pensador como Nietzsche que es débil y adora la fuerza, que tuvo una vida triste y predicaba la alegría, que se cree maligno y es transparente en todo lo que dice, no parece ser alguien cuya vida no pueda elucidar mejor su pensamiento. 

“¿Vas con mujeres? ¡No olvides el látigo!”, dijo el personaje de la viejecilla en Así habló Zaratustra. ¿Se entiende mejor esa frase si conocemos las relaciones eróticas y amorosas que Nietzsche mantuvo, o mejor dicho no mantuvo, con las mujeres de su vida? Yo estoy convencido de que sí. 

“Ocuparse del pensamiento de Nietzsche -escribe Karl Jaspers- exige, a diferencia de lo que ocurre con la mayoría de los filósofos, que uno tome a la vez contacto con la realidad de su vida”.

En el último capítulo de su Ecce Homo, una autobiografía bastante megalómana que escribió poco antes de su colapso mental de 1889, él mismo nos dice: 

“Yo conozco mi suerte, un día mi nombre irá unido a algo formidable: al recuerdo de una crisis como jamás la ha habido en la tierra, a la más honda lucha de conciencia, a una decisión jurada contra todo lo que hasta entonces había sido creído, fomentado y tenido por sagrado. Yo no soy hombre, soy dinamita”.

No quiero abundar mucho en aspectos de su vida porque estoy en el cumpleaños de mi vieja y me están mirando con cara de "dejá de escribir maldito nerd, y vení a tomar cerveza con nosotros". Por eso los invito a leer a ustedes mismos las muchas biografías que se han escrito sobre el amigo Federico. 

Tenemos a nuestra disposición incluso hasta del catálogo de su “biblioteca personal” con los libros que leyó. Hay estudios de la vida de Nietzsche que abundan en detalles muy valiosos; al respecto es inestimable la monumental biografía de K. P. Janz, Friedrich Nietzsche I: Infancia y juventud; II: Los diez años de Basilea; III: Los diez años como filósofo errante; IV: Los años del hundimiento. También hay información  de primera mano, aunque hay que leer con cuidado, de su propia hermana: E. Förster-Nietzsche, Das Leben Friedrich Nietzsches. O de L. Andreas Salomé: Friedrich Nietzsche en sus obras.


Hay extensos y detallados trabajos biográficos de Ch. Andler, F. Würzbach, Werner Ross, Rüdiger Safranski, Daniel Halévy, entre muchos otros. 

Están traducidos al castellano sus textos publicados, sus fragmentos póstumos, sus cartas. Hace rato que todos aquellos que tengan ganas de leerlo, y plata para ir comprando sus libros, pueden estudiar a fondo la obra de un filósofo clave en la historia de la cultura Occidental, incluso superior a figuras titánicas como las de Luis Majul o Alejandro Rozitchner.

Ahora si son unos vagos de mierda y pretenden que sea yo el que les mastique la comida por ustedes para que la puedan digerir mejor, les digo que no lo pienso hacer bajo ningún concepto.

Eso es todo por hoy. ¡Sean felices!

Rodrigo

martes, 10 de enero de 2017

SOBRE UNA CONVERSACIÓN CON ALEJANDRO DOLINA

Estuve releyendo la excelente entrevista que el amigo Gonzalo Garcés le hizo a Alejandro Dolina para la revista Orsai

A diferencia de lo que me pasaba hace varios años, actualmente estoy reconciliado con Dolina, más allá de que me resulte cansina su exagerada dificultad para aceptar la madurez y el paso del tiempo. 

Una vez le escuché decir que no había podido disfrutar enteramente ningún placer, sin que una voz le susurrara al oído “te vas a morir” y, peor aún, sin que le dijera “se van a morir aquellos a los que amás”.


A mí el sentimiento trágico de la vida a la Don Miguel de Unamuno me aburre un poco. Entiendo que es imposible no pensar en nuestra condición de seres mortales, pero no me pasa lo de estar constantemente obsesionado con el envejecimiento, o hacer un enorme drama porque le dejé de gustar a las pendejas lindas y medio boludas que gustaban de mí cuando era adolescente. Sabemos que, con suerte y viento a favor, vamos a llegar a ancianos. Ahora bien, como decía Voltaire, “quien no tiene las virtudes de su edad, tendrá que cargar sólo con sus defectos”. Cada edad tiene virtudes que son propias de ese momento, más allá de que a veces la experiencia sea un peine que te dan cuando te has quedado calvo.


En fin, volvamos a la entrevista. Como dice el amigo Gonzalo, “Dolina viene conversando apasionadamente hace muchos años con Schopenhauer, con la China antigua, con Platón, con Borges, con Tolstoi, con los trovadores provenzales, con Woody Allen, con Werner Heisenberg, con Max Planck y otros filósofos de barrio. Es una conversación sin certezas y que tiene todo el aspecto de no terminar. Es decir, es una verdadera conversación”.


Las Crónicas del ángel gris (1988) o El libro del fantasma (1999) me parecen libros flojos, demasiado ingenuos, ideales cuando uno está en la adolescencia. Hay frases escritas ahí que te parecen una obra de arte cuando pibe, pero que después suenan demasiado obvias:


“El amor depara dos máximas adversidades de opuesto signo: amar a quien no nos ama y ser amados por quien no podemos amar”.

“El universo es una perversa inmensidad hecha de ausencia. Uno no está en casi ninguna parte”.

“No se puede ser artista si no se ha perdido algo, los poemas de amor satisfecho aparecen como una compadrada de mercaderes afortunados”.

“No hay mejor amor que el que nunca ha sido. Los romances que alcanzan a completarse conducen inevitablemente al desengaño, al encono o a la paciencia; los amores incompletos son siempre capullo, son siempre Pasión”.

Y frases así por el estilo.

Sin embargo, la división entre “Hombres Sensibles”  y “Refutadores de leyendas” no es una división que Dolina defienda hoy, donde nos dice que la teoría de la relatividad puede ser tan o más hermosa que cualquier obra de arte.

En cierto modo, el exceso de información disponible y la pereza mental del entrevistador dificulta la realización de muchas buenas entrevistas, porque obligan al entrevistado a caer en la redundancia: “así que usted nació en Caseros”, o “así que su madre era maestra”, “¿prefiere componer o escribir?”, y llevan a Dolina a contar lo mismo que ya dijo en cientos de reportajes. No sin cierta vanidad, Dolina dice que la mente pide “verlo a uno en acción”, y Gonzalo agrega: “pide ver a César cruzando el Rubicón”.

Anyway, me gustó lo que el tipo dice sobre los mandatos sociales, que pesan más de lo que nos gustaría reconocer, a veces por el esfuerzo que uno pone en no cumplirlos:

“El mandato social exige garantizar nuestro sentimiento de mañana. Dar garantías acerca de nuestro comportamiento. Yo no digo que eso esté mal; la sociedad necesita esa garantía, siquiera  para criar a los hijos. Pero confundir eso con la pasión, con el deseo, tratar de que el deseo suceda a intervalos regulares y en lugares cómodos, con personas de nuestro mismo grupo social, de edad adecuada, etcétera, bueno, eso es llevar las cosas demasiado lejos. Y por más que la sociedad esté convencida de su propia liberalidad al respecto, yo creo que sigue ejerciendo una fuerte presión sobre cualquier tipo de heterodoxia”.

Gonzalo le recuerda a Dolina la distinción griega entre “eros” y “agapé”, entre el amor pasional y el amor más sereno, y dice que Hollywood tal vez confundió ambos tipos de amor y creó la fantasía de que el amor debe durar para siempre. Dolina recuerda que esa distinción comenzó en el siglo XII o XIII, “en la tierra del Langedoc, en las llamadas cortes de amor”.


Eso me recuerda El amor y Occidente, del filósofo y escritor suizo Denis de Rougemont:

“Amor y muerte, amor mortal: si no es toda la poesía, es al menos todo lo que hay de popular, todo lo que hay de universalmente emotivo, en nuestras literaturas. El amor feliz no tiene historia. Sólo el amor mortal es novelesco; sólo el amor amenazado y condenado por la propia vida puede ser exaltado por el lirismo. Es un dato constatable: el hombre occidental, a través de su literatura y de su lírica, ama por lo menos tanto lo que destruye como lo que asegura «la felicidad de los esposos». ¿De dónde puede venir una contradicción tal? Si el secreto de la crisis del matrimonio reside en el atractivo de lo prohibido, ¿de dónde nos viene ese gusto por las desgracias? ¿Qué ideal del amor presupone? ¿Qué secreto de nuestra existencia, de nuestro espíritu, tal vez de nuestra historia, se desvela?”.

Personalmente distinguiría, con esa tendencia mía tan característica de explicarlo todo, entre “eros”, “philia” y “agape”. Tomo la distinción, principalmente, de algunas intuiciones de André Comte-Sponville:

Eros:


El amor erótico es el más egoísta, y tiene que ver con la atracción física, la pasión, el deseo; podemos caracterizarlo con una cita de Lucrecio que habla sobre los sentimientos de los amantes:

“Con sus miembros amalgamados, gozan esa flor de la juventud, y ya sus cuerpos adivinan la voluptuosidad siguiente; Venus va a fertilizar el campo de la mujer; aprietan ávidamente el cuerpo del amante, mezclan la saliva, dientes sellados contra las bocas: vanos esfuerzos, porque no pueden robar nada del cuerpo que abrazan, ni penetrarlo o fundirse en el otro por completo. Porque, por momentos eso parece que desean…”.


El amante que se encuentra bajo el influjo de Eros ama a su amada como el lobo ama al cordero. Como diría Ariosto: “Igual que el cazador que persigue a la liebre, por el frío y por el calor, por montes y valles; sólo la estima cuando huye y la menosprecia cuando la tiene”.

En este sentido, estar enamorado es amar al otro para bien de uno mismo. Por eso se torna vital  la presencia de otro tipo de amor, si se quiere, más virtuoso (entiéndase bien, más virtuoso no quiere decir más necesario): la amistad (philia).

Philia:

Platón ha sugerido que el deseo implica una carencia. Por caso: no desea salud el que está sano sino el enfermo. Lo que la persona saludable desea no es la salud presente sino la por venir. Comte-sponville hace al respecto una distinción que me parece muy iluminadora: él dice que Platón confunde deseo y esperanza. Por ejemplo: un escritor que ama su profesión sabe, intuitivamente, que hay un abismo entre escribir y tener la esperanza de escribir, que es el abismo que separa el deseo como carencia (esperanza o pasión) del deseo como potencia. Gozamos con lo que hacemos o con lo que somos toda vez que deseamos aquello que no nos falta. La diferencia entre esperanza y deseo es la que existe entre el hambre que tortura al hambriento y el apetito que deleita a un gourmet.


La amistad no es carencia ni deseo de fusión sino comunidad, fidelidad, ganas de compartir. El amor como philia es el que puede darse entre marido y mujer al cabo de un tiempo: al comienzo se hace presente el eros, el hambre, el deseo como carencia, el amor que aferra, que devora, el amor egoísta. Más tarde se puede aprender a amar al otro aceptándolo como alguien distinto. 

El de la amistad no es un fuego inconstante y fugitivo sino templado y duradero. La amistad se alimenta y crece del goce de compartir una charla, de reírnos juntos, de consolarnos mutuamente.

La amistad se funda en la libre elección del otro, y siempre es entre iguales. Cuenta Montaigne que Arístipo, cuando le acosaban con el afecto que debía a sus hijos por haber salido de él, se puso a escupir diciendo que aquello también había salido de él, y que igualmente engendramos piojos y gusanos.

El mismo Montaigne, al tratar de explicar su amistad con La Boétie, dijo: “si me obligan a decir porqué le quería, siento que sólo puedo expresarlo contestando: porque era él, porque era yo”.

Agapé:


El término griego agapé es lo que la iglesia latina ha traducido como cháritas. Utilizo el término griego porque entre nosotros la palabra caridad tiene una connotación más de “dar limosna”, y no es eso lo que intento expresar bajo este concepto.


Hay una frase magnífica, me han dicho que es de Cesare Pavese pero para mí puede también ser de Theodor Adorno en su Mínima Moralia: “serás amado el día en que puedas mostrar tu debilidad sin que el otro la utilice para afirmar su fuerza”. Este tipo de amor es uno de los más difíciles de lograr, casi se diría que es sobrehumano. En muy pocas ocasiones, tal vez nunca, llegamos a ser capaces de semejante tipo de amor.


El amor en el sentido de agapé implica: amar espontáneamente, gratuitamente, sin motivo, sin interés y casi sin justificación. Esto no sólo lo distingue de la avidez del eros sino también de philia: la amistad implica alegrarme con la alegría del amigo, dar placer y amor porque así recibiré placer y amor, etc. Posiblemente, agapé sea un desideratum solo al alcance de los santos; o quizá el amor de los padres por sus hijos se parezca al amor de “agapé”. Acaso la amistad sea el único amor generoso del que seamos capaces.

Si una persona nos ama nos da poder: el poder de hacerla momentáneamente feliz, que es otra forma de decir que nos da las armas para lastimarla.

Volviendo a Dolina, el tipo nos recuerda el ensayo de Octavio Paz, La llama doble:

“Paz atribuye el origen del amor tal como lo vivimos nosotros –es decir el amor pensado como irreemplazable, como escuela de desengaños, el amor pensado como sufrimiento, si fuera necesario- al discurso que se desarrolló en las cortes de amor del siglo XII. Ahí estaría la pasión, es decir lo primero que uno siente, la visión de un cuerpo hermoso, diría Platón, y luego el agregado de un discurso espiritual al respecto”.

Me gustó la respuesta de Dolina cuando dice que “el deseo es ineficaz cuando su cumplimiento es tan lejano que provoca el desaliento o cuando su cumplimiento es tan cercano que provoca el aburrimiento. Si el deseo se cumple inexorablemente y al instante, bueno, eso aburre. Y si no se cumple nunca te descorazona. Un deseo suficientemente elástico, que se cumple a veces, yo creo que mantiene al espíritu en una intensa ansiedad, que es lo más parecido a la felicidad que yo he conocido”.

Y luego agrega un matiz que me parece interesante:

“(…) el deseo es tan elástico que de tanto estirarse y aflojarse, empieza a no servir. De tanto desear, y de tanto convertir bagatelas en utopías, el deseo también se afloja. Y el alma se desengaña, se aburre, se ofende. Si cualquier cosa es un deseo, uno se ofende. El espíritu se ofende”.

Luego de leer la entrevista en Orsai y como estoy de vacaciones, estuve tomando unos mates y viendo algunas entrevistas que le hicieron al Negro por televisión. Escuchándolo se me ocurrían algunos pensamientos:

Definirse a uno mismo implica limitarse, achicar los horizontes. No es necesario saber exactamente quién es uno: yo no sé lo que soy, pero sé de qué huyo. Está bueno tratar de no tener demasiadas certezas: las certezas nos vuelven intolerantes. La duda humilla, te vuelve más humilde, más terrenal, y quizá por eso convoca mejor a la amistad. “¿Seré tan bueno como dicen mis tías?”. Muchas veces yo mismo afirmo cosas con demasiado énfasis, y me dejo llevar por la pasión. Sin embargo, no es porque quiera imponerle a nadie mi visión de la vida: simplemente comparto lo que pienso por si eso me ayuda a encontrar algún alma más o menos afín.

No tengo mayores problemas si algún escritor, músico o artista que a mí me conmueve en lo más hondo, a otro lo deja indiferente. No me importa en lo más mínimo que estén de acuerdo con cada cosa que digo, sino que tanto su acuerdo parcial, su desacuerdo total o su coincidencia plena me ayuden a pensar, a ser mejor persona de lo que era. No tengo laureles en los cuales dormirme, pero igual me viene bien que las personas que me conocen me ayuden a no dejarme estar. Dejarse estar es una descortesía para aquellos que nos quieren. Hay tipos que se desinflan con el paso del tiempo, y no en el sentido de que se arrugan o echan panza, sino que empiezan a reírse de chistes cada vez más boludos, andan con la camisa desabrochada, no piensan antes de hablar… Hacen de cuenta que no hay nadie a su alrededor que los quiere, o que los está escuchando o que debe aguantar el olor a chivo o sus desatinos al conversar.


En una de las entrevistas le preguntan por su relación con el padre. Dolina cuenta que lo suyo con el padre fue quererse más que comprenderse. “Comprenderse no era lo nuestro”, ahora “si a uno le dan a elegir entre que lo comprendan y que lo quieran, no lo pensaría ni un segundo. No necesito minas que me comprendan, necesito minas que me quieran mucho”.

Los celos pueden ser, si uno es piola, un acicate para incrementar el deseo. Lo mejor es buscar la intensificación del deseo propio viendo cómo los demás desean a la mujer que uno ama, sin por eso festejar que se vaya con el vecino. Sabiendo que nosotros miraremos con deseo a otras mujeres que pasan tanto como ellas desean otros hombres ocasionalmente.

Para terminar, les dejo una hermosa creación de Alfredo Lepera, un hermoso tango que a Dolina le gusta mucho porque le recuerda su miedo al paso del tiempo y su trágica dificultad para enamorar pendejas. Lo supo cantar muy hermosamente el gran Carlos Gardel:


VOLVIÓ UNA NOCHE (1935):

Volvió una noche, no la esperaba,
había en su rostro tanta ansiedad
que tuve pena de recordarle
su felonía y su crueldad.
Me dijo humilde: "Si me perdonas,
el tiempo viejo otra vez vendrá.
La primavera es nuestra vida,
verás que todo nos sonreirá"

Mentira, mentira, yo quise decirle,
las horas que pasan ya no vuelven más.
Y así mi cariño al tuyo enlazado
es sólo un fantasma del viejo pasado
que ya no se puede resucitar.
Callé mi amargura y tuve piedad.
Sus ojos azules, muy grandes se abrieron,
mi pena inaudita pronto comprendieron
y con una mueca de mujer vencida
me dijo: "Es la vida". Y no la vi más.

Volvió esa noche, nunca la olvido,
con la mirada triste y sin luz.
Y tuve miedo de aquel espectro
que fue locura en mi juventud.
Se fue en silencio, sin un reproche,
busqué un espejo y me quise mirar.
Había en mi frente tantos inviernos
que también ella tuvo piedad.

lunes, 9 de enero de 2017

OH JOVEN ESCRITOR QUE SALES A CAZAR ANÉCDOTAS

Imagino jóvenes aspirantes a escritores, tal vez lectores de Bukowski, Hemingway o Henry Miller, que cada tanto salen a juntar anécdotas: se enamoran de alguien que no les conviene, se emborrachan de más, se drogan sin mesura, se agarran a trompadas en un bar, viajan de mochileros al norte argentino. Naturalmente, es difícil vivir una aventura en la que un grupo de taiwaneses te secuestra para venderte como esclavo en Sudán –lo cual podría ayudarte a construir una anécdota maravillosa- , sino que o no te dejan entrar a un boliche porque no te pusiste los zapatos adecuados o te putearon por pasar un semáforo en rojo.

Entonces el joven aspirante a escritor descubre que no es suficiente con vivir una experiencia digna de ser contada, sino que hace falta mucho más para transmitir una vivencia, crear un personaje creíble y conmover a un potencial lector. Por lo demás, la pasión pura no sirve en el arte, por eso los escritores con oficio aconsejan no escribir sobre algo que todavía nos conmueve demasiado. Los buenos escritores son capaces de hacer maravilloso lo trivial, mientras que los malos escritores son capaces de volver triviales los temas más importantes. Kafka no necesitó irse de mochilero al norte para escribir páginas extraordinarias: lo hizo casi sin salir de Praga.

Me permito volver a citar algunos consejos valiosos de Don Abelardo Castillo, copiados de su Ser escritor

-          "Nadie escribió nunca un libro. Sólo se escriben borradores. Un gran escritor es el que escribe el borrador más hermoso.

-          No es lo mismo ambigüedad que confusión. Una historia debe tener siempre un único final. Si quisiste sugerir dos o más desenlaces, esos desenlaces son un único final: se llama ambigüedad. Si nadie entiende ni medio se llama confusión.

-          No cualquier cosa, por el mero hecho de haberte sucedido, es interesante  para otro. Esto vale tanto para escribir como para conversar.

-          Lo que llamamos estilo sucede más allá de la gramática. No es lo mismo decir: “ahí está la ventana” que “la ventana está ahí”. En un caso se privilegia el espacio; en el otro, el objeto. Toda sintaxis es una concepción del mundo”.

¡Sean felices!

Rodrigo