jueves, 24 de noviembre de 2016

BORGES Y EL SOBORNO DEL INFIERNO Y EL CIELO

Como ateo tiendo a despreciar profundamente, porque me parece un medio nefasto para inocular el veneno del miedo, todos esos relatos míticos acerca de los horrores del infierno. 

El gran teólogo sueco Emanuel Swedenborg, a diferencia de Dante o la Biblia, no concebía el  infierno y el cielo como una suerte  de establecimiento penal, sino como un sitio adecuado a  la personalidad de quien lo habita. A los viciosos y a los culpables les agrada el infierno, o en todo caso es un lugar donde podrán vivir sin mucho problema; a los justos y religiosos les quedará la opción de vivir con sus semejantes en el paraíso.


Borges a menudo recordaba una parábola muy linda narrada por Swedenborg en la que un ermitaño se va a vivir al desierto, ayunando y mortificándose hasta el día de su muerte donde, efectivamente, su alma asciende al cielo. Ocurre que, según el místico sueco, tanto el paraíso como el infierno son territorios todavía más complejos y diversos que los de este mundo: allí los colores son más vivos y diferenciados, y las discusiones teológicas más profundas  y vastas. La cuestión es que el tipo llega y se da cuenta que al contemplar las discusiones teológicas no agarra un fútbol, y entiende que ha empobrecido su vida en la tierra a tal punto que al morir el paraíso se le ha vuelto inhabitable. Sin embargo, como ha cometido un error intelectual y no un pecado moral, le permiten crear, en algún lugar del espacio infinito, una versión o alucinación del desierto, de la ermita, de aquello con lo que convivió casi toda su vida.


El pobre tipo vive ahí peor que en la tierra, porque en la tierra le quedaba al menos el consuelo de esperar el cielo. Ahora en el cielo no puede esperar nada, y se da cuenta de que toda su vida, como diría Fontanarrosa, "ha vivido equivocado".


En las charlas que mantuvo con Antonio Carrizo, Borges comenta su extraordinario poema “Fragmentos de un Evangelio apócrifo”. No sólo está muy piola sino  que tiene partes  que a mí me hacen mucha gracia:


3. Desdichado el pobre de espíritu, porque bajo la tierra será lo que ahora es en la tierra.

Acá está esa idea de Swedenborg respecto de que el tonto no puede entrar al cielo, porque la muerte no mejora a nadie.

4. Desdichado el que llora, porque ya tiene el hábito miserable del llanto.

Es un fragmento contra la idea cristiana de que el dolor es superior al placer. Se vislumbran ecos de la ética nietzscheana, pero vaya uno a saber si Borges estaba necesariamente pensando en  Nietzsche cuando lo escribió.

5. Dichosos los que saben que el sufrimiento no es una corona de gloria.

Nuevamente esa idea anticristiana, en cierto modo, que sugiere que la felicidad es superior a la desdicha.


6. No basta ser el último para ser alguna vez el primero.

Borges comenta: “Claro. Esa frase demagógica de que ‘los últimos serán los primeros’. ¿Por qué? (Sonríe). Ser último no es un mérito”.

Caruso Lombardi y José Luis Chilavert estarían de acuerdo con Jorge Luis (?) en este asunto.

7. Feliz el que no insiste en tener razón, porque nadie la tiene o todos la tienen. 

8. Feliz el que perdona a los otros y el que se perdona a sí mismo.

Aquí tal vez sí exista cierta ética cristiana, según la cual el remordimiento es nocivo. Odiar a alguien, en cierto modo, es ser su esclavo.

9. Bienaventurados los mansos, porque no condescienden a la discordia.

También aquí hay ecos indudables de la ética cristiana. ¿Cómo no haberlos si ya desde el título alude a los evangelios?.... En fin, otro de mis tantos comentarios superfluos. 

10. Bienaventurados los que no tiene hambre de justicia, porque saben que nuestra suerte, adversa o piadosa, es obra del azar, que es inescrutable.

Borges comenta: “Y ahora recuerdo a Almafuerte; ‘Sólo pide justicia; pero mejor será que  no pidas nada’. (Ríe).”

11. Bienaventurados los misericordiosos, porque su dicha está en el ejercicio de la misericordia y no en la esperanza de un premio.

Aquí está nuevamente la idea de Swedenborg, pero también de Bernard Shaw, quien escribió alguna vez: “He dejado atrás el soborno del cielo”.

12. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ven a Dios.

Borges comenta: “Bueno, ahí… Yo no sé, me parece que ese verso está puesto… no sé… para no ser demasiado agresivo, ¿no? Peor no estoy seguro de que Dios exista o de que sea visible”.

El tono del comentario de Borges prefigura la torpe imitación de Jean Pierre Noher.

13. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque les importa más la justicia que su destino humano.

14. Nadie es la sal de la tierra; nadie, en algún momento de su vida, no lo es.

Esta idea es muy “borgeana”,  y sugiere que no hay poeta que no haya escrito alguna vez un verso hermoso. No hay Rodrigo que al jugar al fútbol no haya sido Messi por algunos segundos.

15. Que la luz de una lámpara se encienda, aunque ningún hombre la vea. Dios la verá.

Ahí está la idea de George "Bishop" Berkley, quien mostraba a Dios como un espectador permanente.

16. No hay mandamiento que no pueda ser infringido, y también los que digo y los que los profetas dijeron.

17. El que matare por la causa de la justicia, o por la causa que él cree justa, no tiene culpa.

En cierto modo se contradice con el fragmento noveno. Pero bue, ¿qué pretendés?

18. Los actos de los hombres no merecen ni el fuego ni los cielos.

Es la relación entre un castigo desproporcionado y una falta muchas veces menor por parte del hombre. Lo mismo la recompensa exagerada ante una vida sin demasiado virtuosismo por parte de seres “humanos, demasiado humanos”, como diría Nietzsche.

19. No odies a tu enemigo, porque si lo haces, eres de algún modo su esclavo. Tu odio nunca será mejor que tu paz.

Otro fragmento que se explica sólo, como la mayoría. ¿Para qué carajo estoy explicando lo que se explica solo? ¿Soy un pelotudo vanidoso? ¿Estoy queriendo figurar? No sé, ¡¡es mi blog y escribo lo que se me canta!!

20. Si te ofendiere tu mano derecha, perdónala; eres tu cuerpo y eres tu alma y es arduo, o imposible, fijar la frontera que los divide.

24. No exageres el culto de la verdad: no hay hombre que al cabo de un día, no haya mentido con razón muchas veces.

25. No jures, porque todo juramento es un énfasis.

Borges comenta: “Bueno, ahí hay dos razones. Primero, la razón ética de los cuáqueros, que dicen que no hay que jurar, porque entonces hay dos niveles en lo que uno dice: lo que uno dice y lo que uno jura. Y luego es más elegante el under statemen, la falta de énfasis… También hay eso: una razón literaria". 

Ese hacer de cuenta que no está demasiado seguro de sus opiniones es típico del estilo de Georgie.


26. Resiste al mal, pero sin asombro y sin ira. A quien te hiere en la mejilla derecha, puedes volverle la otra, siempre que no te mueva el temor.

Este fragmento a mí me reír mucho. Si a vos, hipócrita lector, no te causa gracia, lo lamento.

27. Yo no hablo de venganzas ni de perdones; el olvido es la única venganza y el único perdón.

Personalmente soy incapaz del odio sostenido, y si no es sostenido no es odio. Algo así también dijo Borges, pero para mí él odiaba sostenidamente al peronismo (igual que le pasa a Fer Iglesias, “experto en globalización”). Es a todas dudas evidente que soy un tipo copado.

28. Hacer el bien a tu enemigo puede ser obra de justicia y no es arduo; amarlo, tarea de ángeles y no de hombres.

29. Hacer el bien a tu enemigo es el mejor modo de complacer tu vanidad.

Además puede ser una forma sutil de venganza, ¿no les parece?


30. No acumules oro en la tierra, porque el oro es padre del ocio, y éste, de la tristeza y del tedio.

Borges creía que en un Estado perfecto no habría pobreza, porque ser pobre equivale a pensar demasiado en el dinero. Es una idea que está presente en “El alma del hombre bajo el socialismo”, de Oscar Wilde. Sin embargo, la riqueza también hace que los seres humanos se vuelvan medio estúpidos. Todos dicen que Borges no le daba ni pelota al dinero. El tipo quería tener la guita suficiente como para no estar todo el tiempo pensando en la guita.

31. Piensa que los otros son justos o lo serán, y si no es así, no es tuyo el error.

32. Dios es más generoso que los hombres y los medirá con otra medida.

Ahí Borges está extorsionando a Dios… ¡Qué hereje hijo de  una gran puta! ¡Eso no se hace Jorge Luis!

33. Da lo santo a los perros, echa tus perlas a los puercos; lo que importa es dar.

Dar es dar, cantaba Fito Páez (?)

34. Busca por el agrado de buscar, no por el de encontrar.

Borges comenta: “Claro, porque lo interesante es buscar. Yo he pensado muchas  veces: si supiéramos con certidumbre qué ocurre después de la muerte,casi toda la poesía humana quedaría invalidada. Es una suerte que no sepamos. Nuestra ignorancia nos permite muchas invenciones.Por ejemplo, cuando se sepa exactamente qué ocurre después dela muerte, ¿qué haremos con esa novela fantástica que se llama la Divina comedia? Bueno, quedará como novela fantástica, simplemente. En cambio, ahora… bueno, no es imposible que haya un infierno, un purgatorio y un paraíso. Sí”.

En ese comentario a su propio poema, el tono de voz de  Borges sugiere que estaba completamente poseído por el espíritu de Jean Pierre Noher en “Un amor de Borges”, una película de mierda, dicho sea de  paso.

39. La puerta es la que elige, no el hombre.

Come en casa Borges… ¡Perdón, ese era Bioy Casares! Borges comenta: “Bueno, ahí hay algo muy raro. Yo me encontré con Néstor Ibarra. Néstor Ibarra me dijo que una vez que entrábamos en casa, y forcejeábamos con la llave,  yo le dije, con el tono de quien dice una broma, con falsa solemnidad: ‘La puerta es la que elige, no el hombre’. Y nos reímos los dos. Y luego yo incluí aquello, sin recordarlo, en una página literaria”.

40. No juzgues al árbol por sus frutos ni al hombre por sus obras; pueden ser peores o mejores.

Es una idea de Stevenson, para quien los hombres hasta pueden matar sin ser asesinos. Una obra no define por completo a nadie, aunque haya sido una acción abyecta. Sin embargo, casi siempre tomamos la parte por el todo cuando odiamos a alguien o no nos simpatiza; pero hacemos lo contrario disculpando muchas agachadas de aquellos que nos caen bien. ¡Somos re emocionales boló!

Recuerdo un juez que era jefe mío que cada tanto me decía: "atropellar a un perro no equivale a ser un mataperros". Esa frase me la decía, casi siempre, cuando me retaba por alguna cosa que no le gustaba.

41. Nada se edifica sobre la piedra, todo sobre la arena, pero nuestro deber es edificar como si fuera piedra la arena…

47. Feliz el pobre sin amargura o el rico sin soberbia.

48. Felices los valientes, los que aceptan con ánimo parejo la derrota o las palmas.

49. Felices los que guardan en la memoria palabras de Virgilio o de Cristo, porque éstas darán luz a sus días.

50. Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor.

51. Felices los felices.

El poema pertenece a Elogio de la sombra, de 1969.

Eso es todo por hoy.

¡Sean felices!

Rodrigo 

1 comentario:

  1. Borges es un genio, y no hay forma de leerlo si no es con cierto grado de seriedad, esa solemnidad es una cagada porque si el quía hubiera cultivado alguna variedad de vicios elementales de esos pesados, orgías, putas, drogas, peleas, roces con la muerte o delirios por el estilo, hoy leeríamos al primer Hombre hecho Dios.

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