domingo, 23 de octubre de 2016

CONSIDERACIONES MUY POCO ORIGINALES ACERCA DEL PREMIO NOBEL DE LITERATURA A BOB DYLAN

Este no es un alegato a favor o en contra de la obra de Bob Dylan, sino una excusa para entablar un diálogo polémico o amistoso con un interlocutor imaginario, y no porque los premios literarios me parezcan importantes -de hecho me importan muy poco- ; sino porque disfruto mucho de  escribir y conversar y el pretexto del Nobel me sirve de disparador.  

El amigo Corvino asegura que "en Facebook está lleno de gente que le contesta, en forma implícita, a otra gente que no está de acuerdo con que Bob Dylan haya ganado el Nobel de Literatura. Es rarísimo: yo lo único que leo es gente que se queja de la existencia de gente que se queja de que Bob Dylan haya ganado el Nobel de Literatura. En caso de que existan sólo quiero decir algo: están equivocados (igual hay cosas peores)".

Es posible que tenga razón, y tal vez la polémica existe en el imaginario del que escribe más que en la realidad empírica. Sea como fuere y parafraseando la Odisea homérica, podríamos decir que desde Alfred Nobel se inventó una distinción  para que las generaciones venideras tengan algo que discutir. 


Considero que los premios más importantes para un escritor o un artista son los premios iniciales, porque estimulan su autoconfianza, en algunos casos lo ayudan a no "morirse de hambre" y le permiten vislumbrar un futuro en el que vivir del arte no parezca una idea tan descabellada:  

“(…) los premios que recuerdo con mayor cariño e incluso con mayor fervor son esos premios de provincias, porque cuando yo gané el Herralde no me hacía falta el dinero, y cuando gané el Rómulo Gallegos, tampoco. Pero cuando yo ganaba esos premios de provincias, cuando llegaba el cheque, era como agua bendita, era maná caído del cielo, pennies from heaven” (Roberto Bolaño). 

El Premio Nobel de literatura siempre es para un escritor que ya ha sido, en mayor o menor medida,  consagrado por el mercado. 


Así como tildar a alguien de “bloguer” porque la mayor parte de su obra está en formato digital o tiene un blog suena arbitrario -¿por qué no  “cuaderno de hojas rayadas” o Word?-; decir que Bob Dylan no es escritor porque su producción literaria está contenida en canciones y no en cuentos o novelas, me parece una estupidez. ¿Acaso la Ilíada y la Odisea no fueron largos poemas cantados? ¿Qué importancia puede tener la polémica por el “formato” a la hora de hablar de un premio literario?


Todo premio es, como bien afirma Marcelo Figueras, una arbitrariedad mejor o peor fundada. ¿Cómo hacer para elegir un jurado que pueda evaluar comparativamente las obras contemporáneas de la literatura mundial? ¿Existen personas que puedan hablar fluidamente chino, aimara, guaraní, croata, ruso, danés, checo, noruego, sueco y además conocer la literatura que se está escribiendo en cada uno de esos países? ¿Cuántas personas que jamás han vivido en Hungría son capaces de entender el húngaro? ¿Cuántos títulos de autores contemporáneos en su idioma original puede leer un miembro de un jurado en toda su vida como para que podamos sostener que su juicio literario es medianamente ecuánime? 


No cualquiera puede apreciar la música del idioma en su lengua original si no es un hablante nativo. La suerte de muchas obras dependió, en buena medida, de la capacidad de difusión y el interés de lectores extraordinarios, editores valientes y traductores talentosos.


Hay razones para desconfiar de los criterios de selección del Nobel de Literatura si pensamos que se lo dieron a Winston Churchill, mientras que escritores excepcionales como Marcel Proust, Tolstói, Kafka, Borges o James Joyce no tuvieron tanta suerte. Sin embargo, repito que para mí la literatura no tiene estrictamente nada que ver con premios sino con una extraña lluvia de "sangre, sudor, semen, risas y lágrimas". Al menos esa es una definición de literatura -medio boluda, es cierto- que escribió o declaró el gran Roberto Bolaño, y como yo al escritor chileno le aguanto hasta los defectos...

En medio de un desierto en donde sobran canallas y comerciantes, y faltan lectores y editores; en un desierto habitado muchas veces no por artistas auténticos sino por fantasmas que cantan canciones idiotas, la obra de Bob Dylan respira y está viva, aunque la fama sea siempre una forma de simplificación.


Imagino que la discusión encendida de algunos en torno al Nobel a Bob Dylan tiene que ver con cierta pasión argentina por debatir cualquier gilada más o menos a los gritos y sin preocuparse por los argumentos sino por ver quién grita más fuerte; aunque tal vez me convenga creer esto para rebatir argumentos creados por mi cerebro para salir bien parado y quedar como un tipo inteligente. Por ejemplo, podría decir que muchos de los que creen que el Nobel es un premio “careta”, se muestran demasiado interesados en los méritos o deméritos del premiado. ¿Pero esas personas existen o son una creación de mi cráneo, o del cráneo de Marcelo Figueras? ¿Será que contengo multitudes de boludos que discuten entre sí mientras la gente está interesada en cualquier otra cosa? ¿Me estaré volviendo loco? ¿No será que este posteo es una falla de la Matrix?


Cuando se argumenta que Dylan no es formalmente un escritor, ¿no se está incurriendo en una crítica gremial sin demasiado sustento? La actividad literaria, y en esto acuerdo nuevamente con Figueras, no tiene carnet habilitante: pueden haber excelentes, mediocres o pésimos escritores que publican sus obras en blogs, que escriben guiones para series televisivas o crean letras de canciones. No tiene importancia si una obra se expone en un libro, sobre un escenario o en un soporte auditivo. Se puede publicar una novela pésima en tapa dura y edición de lujo o se puede escribir un gran poema hecho con mierda estampada en la puerta de un baño público.


Bolaño decía, en Derivas  de la pesada, que “la literatura es una máquina acorazada. No se preocupa de los escritores. A veces ni siquiera se da cuenta de que éstos están vivos. Su enemigo es otro, mucho más grande, mucho más poderoso, y que a la postre la terminará venciendo. Pero esa es otra historia”.


Hablando de premios, me viene a la memoria el hermosísimo cuento Sensini, de Roberto Bolaño, cuyo personaje principal está basado en Antonio Di Benedetto, quien tuvo que exiliarse en España y participar de premios de provincias mandando, muchas veces, el mismo cuento con diversos títulos a diferentes concursos. Bolaño cuenta que el autor de Zama hacía eso en España porque no tenía dinero:


“Yo participé en un concurso hace muchísimos años, aunque no el ganador, la primera mención era de Antonio Di Benedetto. Y a mí eso me dejó tocadísimo: ¿cómo es posible que Antonio Di Benedetto, un grandísimo escritor, traducido casi en todas las lenguas, esté tan mal como para mandar un premio a un concurso de provincia? Y el cuento surge de eso, de los motivos que podían impulsar a un crack de primera división a jugar en campos de tierra pelada de cuarta regional preferente”.


By the way, si todavía no leyeron Sensini, les pido de rodillas y llorando que lo lean.


Retomando la polémica, debo admitir que no me siento en condiciones de juzgar la obra de Bob Dylan, porque aunque me gustan muchas de sus canciones, ignoro la mayor parte de su producción. Tengo un libro grueso con casi todas sus letras en versión bilingüe y algún tomo de sus Crónicas, pero a ambos libros los leí muy por arriba y fragmentariamente. Intuyo que se trata de un artista muy prolífico y desparejo, con poemas hermosos que destacan sobre un fondo de palabrerío más o menos trivial, como suele ocurrir con los artistas prolíficos. Ahora si pienso en que su obra inspiró a tipos como John Lennon, Joni Mitchell o Leonard Cohen…


Si alguien me dijera que quiere adentrarse en el universo literario a partir de la lectura inicial de autores que hayan ganado un Premio Nobel, le aconsejaría que siga un jardín propio de senderos que se bifurcan y no le de mucha pelota a ese premio. Como escribí hace poco plagiando un consejo  de Abelardo Castillo: “un camino muy interesante para adentrarse en el universo literario consiste  en leer a los autores admirados por los autores que vos admirás. Te gusta James Joyce y entonces lees a Oscar Wilde, Dickens, Jonathan Swift. Porque te gusta Bukowski te fijás si te atraen los libros de John Fante. Don Abelardo Castillo te puede llevar a leer a Poe, Dostoievski, Tólstoi, Borges, Kafka y Roberto Arlt. O te gusta Borges, ergo lees a Chesterton, Stevenson y Dante Alighieri… Como leí a Pablo Ramos, luego leo a Raymond Carver, John Cheever o Isaac Bábel. De esa manera construís una "familia espiritual" que te ayuda en los momentos de soledad. Además existen autores que te permiten "limpiarte" de la prosa de otro autor: si leíste mucho a Faulkner, es recomendable que leas a Hemingway; si lees la prosa "minimalista" de Raymond Carver, te viene bien complementarla con la escritura "verbosa y derrochona" de David Foster Wallace.


Addenda: Les dejo algunas apreciaciones sobre algunos premiados por la academia sueca, sacados del Borges de Bioy:

Jueves 25 de octubre de 1956: "Borges me dice: ‘Le dieron el Premio Nobel a Juan Ramón Jiménez’. BIOY: ‘Qué vergüenza…’. BORGES: ‘… para Estocolmo. Primero a Gabriela, ahora a Juan Ramón. Son mejores para inventar la dinamita,  que para dar premios’. BIOY: ‘De cualquier modo, Juan Ramón es mucho mejor que Gabriela Mistral. Los malos poemas de Juan Ramón son malos; pero los mejores son bastante buenos. Gabriela Mistral no ha escrito ningún poema bastante bueno’".



Sábado 27  de octubre de 1956: "Hablamos del Premio Nobel. Borges está hoy mejor inclinado hacia Juan Ramón Jiménez: ‘Qué bien lo que dijo: ‘El Premio Nobel me llena de tristeza. Mi mujer está muy enferma’. Qué bien que dijera una frase llana: ‘me llena de tristeza’. Todo se hubiera ido al diablo si hubiera procedido como escritor y si hubiera dicho ‘me puebla de tristezas’ o algo así’".


Miércoles 8 de mayo de 1957: "(…) Hablamos, después, de Reyes y de su deseo de ganar el Premio Nobel. BORGES: ‘Los premios no ayudan, en la posteridad, a nadie. Para Schiavo, sí, son la única posibilidad de que lo conozcan; pero si uno no es Schiavo, no recibe mucha ayuda de los premios’".


Lunes 12 de diciembre de 1966: "Trae un cuento de dos páginas –El corazón conmigo- de Agnon, el judío polaco ganador del Premio Nobel, y me pide que lo lea. Se levanta en la silla, se  zarandea, ulula con la risa. Comenta: ‘Es peor que Esopo. ¿Quién podría escribir un cuento así? (…) Qué destino el del Premio Nobel. Y pensar que Agnon es uno delos grandes escritores de esta época".

9 comentarios:

  1. "... si pensamos que se lo dieron a Winston Churchill ..." "... lluvia de sangre, sudor y lágrimas." -> En fin.

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    1. Jaja, era una suerte de homenaje irónico a Roberto Bolaño. Para que no se preste a confusión lo voy a aclarar. Fue una respuesta que dio Bolaño en una entrevista, donde menciona algo sobre la literatura y los premios. Y como yo a Bolaño le perdono hasta las boludeces, lo puse.

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    2. Está en "Entre paréntesis" (editado por Anagrama) o en "Bolaño por sí mismo. Entrevistas escogidas" (editado por la Universidad Diego Portales).

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  2. "Hablamos, después, de Reyes y de su deseo de ganar el Premio Nobel. BORGES: ‘Los premios no ayudan, en la posteridad, a nadie. Para Schiavo, sí,..." / "Trae un cuento de dos páginas –El corazón conmigo- de Agnon, ..." -> Reyes ha de ser Alfonso. Ni rastros en línea del tal Schiavo o sea que Georgie estuvo en lo cierto. De Agnon lo mas parecido es "In the Heart of the Seas" pero no es un cuento y la página para leer el PDF es bloqueada por mi antivirus.

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    1. Sí claro, es Alfonso Reyes, el mexicano. Schiavo es Horacio Schiavo, y no lo conoce ni el loro (al menos hasta donde yo sé).

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  3. "¿Existen personas que puedan hablar fluidamente chino, aimara, guaraní, croata, ruso, danés, checo, noruego, sueco y además conocer la literatura que se está escribiendo en cada uno de esos países?" -> "The academy is master of thirteen languages, but when a candidate is shortlisted from an unknown language, they call on translators and oath-sworn experts to provide samples of that writer."

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    1. Entiendo perfectamente ese punto, pero yo creo que juzgar es comparar. También existen traducciones de esas obras. Mi punto es que para juzgar algo de modo mínimamente ecuánime esas capacidades deberían ser reunidas en una misma persona, porque vos estás diciendo que X autor tiene más méritos que Z, Y, W, etc. No es lo mismo que otorgar el Balón de Oro, donde un comité puede evaluar entre varios futbolistas que compiten todo el tiempo entre sí y eligen jugadores, técnicos, periodistas, etc. Es un premio arbitrario pero no tanto. No dependo de un traductor para saber si Messi hizo más méritos que Cristiano Ronaldo. Es un premio mucho más arbitrario que el Premio Cervantes, donde todos los que integran el jurado pueden leer obras de autores en su idioma original.

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  4. En todas las esquinas hay gente discutiendo sobre el nobel a dylan, ,casi que no se habla de otra cosa en este pais. (?

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    1. Por eso tengo miles de millones de lectores... porque expongo temas candentes, profundos y de actualidad (?)

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