sábado, 11 de junio de 2016

ACERCA DEL ULYSSES DE JAMES JOYCE COMO PUNTO DE PARTIDA PARA HABLAR DE BORGES Y OSCAR WILDE Y ALGUNAS OTRAS CUESTIONES SOBRE LAS CUALES NO SÓLO ENTIENDO POCO SINO QUE ADEMÁS NO LOGRO TRANSMITIRLAS DEL TODO BIEN

Vivimos en una época donde es difícil leer un libro por más de media hora sin mirar un gol de Messi, sin prestarle atención al vuelo de una mosca, sin asomar la cabeza por la ventana, prepararse un café, revisar los mails, los mensajes de whatsapp o mirar un video en youtube. Imagínense entonces lo extraordinario que puede llegar a ser encontrarse con una persona que haya leído entero el Ulysses de James Joyce. ¡Ni les digo que demuestre sobradamente haberlo comprendido! Sin embargo, como he dicho más de una vez, considero que la experiencia de leer a Joyce merece largamente la pena.


En el primer capítulo, y les ruego que tengan paciencia y lean lo que voy a escribir porque está piola, Stephen Dedalus, un estudiante de letras, en diálogo con Buck Mulligan, otro joven irlandés que vive con él, señala que “el espejo rajado de un sirviente es el símbolo del arte irlandés”.


"Laughing again, he brought the mirror away from Stephen’s peering eyes.

-The rage of Caliban at not seeing his face in a mirror, he said. If Wilde were only alive to see you.

Drawing back and pointing, Stephen said with bitterness:

-It is a symbol of Irish art. The cracked lookingglass of a servant”.

“Riendo otra vez, apartó el espejo de los escrutadores ojos de Stephen.

-La ira de Calibán al no ver su cara en un espejo-dijo-. Si Wilde estuviese vivo para verte.

Retrocediendo y señalando, Stephen dijo con amargura:

-Es un símbolo del arte irlandés. El espejo rajado de una sirvienta”. (traducción de Marcelo Zabaloy)

El diálogo entre Stephen Dedalus y Mulligan, uno de sus compañeros de cuarto, parafrasea “La decadencia de la mentira” (1889), un ensayo dialogado de Oscar Wilde:

“CYRIL: Comprendo muy bien que se oponga usted a que el Arte sea considerado como un espejo. Usted piensa que el genio quedaría reducido así a la posición de un espejo rajado. ¿Pero no creerá usted seriamente que la Vida imita al Arte, que la Vida es en verdad el espejo, y el Arte la realidad?

VIVIAN: Ciertamente lo creo. Aunque ello parezca una paradoja (y las paradojas son siempre cosas peligrosas), no es menos cierto que la Vida imita al Arte mucho más que el Arte imita a la Vida” (1).

Lo que hace Wilde es contradecir la idea de mímesis aristotélica, diciendo que es la vida la que imita al arte. Afirmar que el espejo rajado de un sirviente simboliza al arte irlandés es sugerir que ellos no son dueños de su cultura, ni de su lengua ni mucho menos de su mundo material. Y más adelante, como bien destaca Gamerro, Joyce dirá que, gracias a la Iglesia Católica, los irlandeses tampoco son dueños de su mundo espiritual.

Pues bien, en Facundo o Martín Fierro, Gamerro parte de la hipótesis de considerar a la literatura como modelo de la realidad. El argumento es también borgeano: lo que el autor de Ficciones se pregunta es, ¿qué pasaría si en lugar de tomar como libro canónico al Martín Fierro, hubiésemos elegido el Facundo?

“Una curiosa convención ha resuelto que cada uno de los países en que la historia y sus azares ha dividido fugazmente la esfera tenga su libro clásico”, dice Borges en el prólogo de su antología El matrero (Buenos Aires, 1970). Después enumera una serie de autores canónicos como Shakespeare en Inglaterra, Goethe en Alemania o Cervantes en España, para concluir:

“En lo que se refiere a nosotros, pienso que nuestra historia sería otra, y sería mejor, si hubiéramos elegido, a partir de este siglo, el Facundo y no el Martín Fierro”.

Lo que Borges está diciendo es que, canonizando al Martín Fierro, los argentinos tendemos a elegir la barbarie por sobre la civilización. ¿Cuál es el miedo de Borges, nuestro escritor “gorila”?

Recordemos que, antes que Borges, Lugones canoniza el Martín Fierro no para levantar la figura de lo rural o defender un modelo popular, sino por el contrario: intenta impulsar un libro de texto espiritualizado para las élites, y además para marcarle un límite a los inmigrantes y decirles quiénes son los argentinos, los locales, los que mandan. Borges, en los 70’s, dice que esa idea no funcionó, porque al canonizar el Martín Fierro abrieron el campo a la lectura en clave nacional y popular que luego haría el peronismo.

Como vimos, esta idea está presente en Oscar Wilde, para quien la vida “imita al arte”. Cuestionar la noción de mímesis aristotélica es dejar de lado dos mil años de filosofía estética, y lo que es peor, nuestras más arraigadas nociones de sentido común. Shakespeare pone en boca de Hamlet la idea de que el propósito de la actuación “ha sido y es el de elevar, por así decir, el espejo de la naturaleza”.

Como bien destaca Gamerro, Wilde descarga sus dardos contra esa idea shakespereana: “Este desafortunado aforismo sobre el arte que eleva el espejo a la Naturaleza lo pronuncia Hamlet deliberadamente para convencer a todos los presentes de que, al menos en lo que al arte respecta, está absolutamente chiflado”. Porque, para Wilde, “la vida es el espejo y el arte la realidad”. El Japón es un invento de Hokusai.


Lo que hace Gamerro en Facundo o Martín Fierro, que lleva un subtítulo muy sugestivo: “los libros que inventaron la Argentina”, es hacer de cuenta, como Borges en “Tlön,Uqbar, Orbis Tertius", que la literatura no sólo es muy importante sino lo más importante del mundo, y a partir de ahí ver en qué medida nuestra literatura ha creado nuestra identidad nacional. No es más que un juego, pero luego de leer el ensayo notarán que se trata de un juego por demás productivo y sugerente.

Había empezado el post prometiendo hablar del Ulysses, pero medio que todo se fue desmadrando y ahora tengo ganas de ir a comerme un sándwich y parar de escribir. En próximos posteos me gustaría hablar de la gran obra de Joyce, aunque capaz lo hago, capaz no.

¡Sean felices!

Rodrigo

Nota: Acá les dejo la cita de Wilde más extensa y en su idioma original:

"CYRIL. Well, before you read it to me, I should like to ask you a question. What do you mean by saying that life, "poor, probable, uninteresting human life," will try to reproduce the marvels of art? I can quite understand your objection to art being treated as a mirror. You think it would reduce genius to the position of a cracked Iookingglass. But you don't mean to say that you seriously believe that Life imitates Art, that Life in fact is the mirror, and Art the reality ?

VIVIAN. Certainly I do. Paradox though it may seem--and paradoxes are always dangerous things --it is none the less true that Life imitates art far more than Art imitates life. We have all seen in our own day in England how a certain curious and fascinating type of beauty, invented and emphasised by two imaginative painters, has so influenced Life that whenever one goes to a private view or to an artistic salon one sees, here the mystic eyes of Rossetti's dream, the long ivory throat, the strange squarecut jaw, the loosened shadowy hair that he so ardently loved, there the sweet maidenhood of The Golden Stair, the blossomlike mouth and weary loveliness of the Laus Amoris, the passionpale face of Andromeda, the thin hands and lithe beauty of the Vivien in Merlin's Dream. And it has always been so. A great artist invents a type, and Life tries to copy it, to reproduce it in a popular form, like an enterprising publisher. Neither Holbein nor Vandyck found in England what they have given us. They brought their types with them, and Life, with her keen imitative faculty, set herself to supply the master with models. The Greeks, with their quick artistic instinct, understood this, and set in the bride's chamber the statue of Hermes or of Apollo, that she might bear children as lovely as the works of art that she looked at in her rapture or her pain. They knew that Life gains from Art not merely spirituality, depth of thought and feeling, soulturmoil or soulpeace, but that she can form herself on the very lines and colours of art and can reproduce the dignity of Pheidias as well as the grace of Praxiteles. Hence came their objection to realism. They disliked it on purely social grounds. They felt that it inevitably makes people ugly, and they were perfectly right. We try to improve the conditions of the race by means of good air, free sunlight, wholesome water, and hideous bare buildings for the better housing of the lower orders. But these things merely produce health; they do not produce beauty. For this, Art is required, and the true disciples of the great artist are not his studio imitators, but those who become like his works of art, be they plastic as in Greek days, or pictorial as in modern times; in a word, Life is Art's best, Art's only pupil". 

2 comentarios:

  1. Postazo, con mucha tela para cortar.
    El Arte comunica una cosmovisión total o parcial y es ambivalente, tanto
    puede representar o presentar como es, como debiera ser o como podría haber sido. Pero una cosa es segura, si no transmite emoción no es arte, y aquí talla la subjetividad entre emisor y receptor si la cosa va por símbolos, ya sean conceptuales o codificados.

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    1. Gracias che!! Más adelante escribo otro sobre Borges y Joyce... me copan bastante ambos autores.

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