martes, 31 de marzo de 2015

ANDRÉ COMTE-SPONVILLE Y EL FAST THINKING

En un posteo anterior hablamos de "lo complejo y lo complicado". Hoy quiero dialogar sobre un ex profesor de filosofía, muy amante de la exposición sencilla, que suele opinar sobre cualquier cosa que uno le pregunte: André Comte-Sponville. Se trata de un filósofo francés, racionalista y humanista, nacido en 1952. Según confiesa él mismo, fue alumno y amigo de Louis Alhusser, a quien conoció como estudiante de la Escuela Normal Superior de París.

Durante mucho tiempo fue conferencista en la Universidad de la Sorbona, de la cual dimitió, allá por 1998, para dedicarse exclusivamente a escribir y dar conferencias. No niego que le tengo cierta envidia, pues mientras yo me rompo la espalda cargando expedientes y escribiendo boludeces en un blog que no lee ni mi vieja, el tipo gana guita escribiendo más o menos quince veces el mismo libro con distinta tapa.

El autor de El placer de vivir suele mostrarse bastante seguido en diversos debates televisivos: en este sentido se parece un poco a filósofos como Tomás Abraham o Fernando Savater. Entre sus influencias se me ocurre nombrar a Epicuro, los estoicos, Pascal, Montaigne, Alain (Emile Chartier), Spinoza, Claude Lévi-Strauss, La Rochefoucauld, Marcel Conche, Clément Rosset...

El sociólogo francés Pierre Bourdieu, cuyos textos son de lectura mucho más compleja y farragosa, fue siempre académicamente más riguroso que Comte-Sponville y, en parte por ese motivo, lo tildaba maliciosamente de “fast-thinker”.

Comte-Sponville es “amigote” de Luc Ferry, Tzvetan Todorov, Jacques Attali, Alain Minc, Alain Finkielkraut.

Pierre Bourdieu -que hasta donde sé no se bancaba a los Minc, Ferry y demás “figuretis”- era más elitista: consideraba que existe una contradicción difícil de conciliar entre urgencia y pensamiento. El autor de La distinción pensaba, no sin razón, que al existir un vínculo tan estrecho entre pensamiento y tiempo, la televisión no permite la reflexión auténticamente democrática, sino el cualunquismo y la proliferación de falsos debates.

En su ensayo Sobre la televisión -uno de sus libros más "legibles" y, a mi juicio, menos relevantes- Bourdieu hablaba de la existencia de “fast-thinkers”: generalmente licenciados en filosofía que dominan muy bien el lenguaje televisivo, y que por eso están habituados a pensar mediante “ideas preconcebidas”. Evidentemente, el amigo Bourdieu juega con la comparación entre lo nutritivo de las ideas de Comte-Sponville y las calorías vacías que uno puede comer en los restaurantes de fast-food.

Digresión: el libro Sobre la televisión es de lectura muy amena, y aporta ideas muy enriquecedoras. No digo que sea un mal libro, sino que es de lo menos riguroso que escribió Bourdieu. 


Retomando el hilo, diría que a juicio de Bourdieu, las “ideas preconcebidas” son aquellas que, por decirlo así, “flotan en el ambiente”: son corrientes, banales, y por eso no plantean problemas en cuanto a la recepción de los espectadores.

No quiero extenderme mucho, pero no estoy totalmente de acuerdo con Bourdieu en este aspecto: me parece que Comte-Sponville, lo mismo que Luc Ferry, concilia bastante bien un estilo didáctico con cierta profundidad de pensamiento. Sin embargo, es cierto que, muchas veces, tiende a simplificar demasiado los problemas. Hay que tener en cuenta que muchos de sus libros se originan en conferencias orales dirigidas a un público masivo, que luego son modificadas y publicadas en forma de libro. Tal vez por ser extranjero, y como los temas que toca no provienen de la actualidad política nacional, me cae mucho mejor que otros pésimos fast-thinkers criollos como Alejandro Rozitchner o Marcos Aguinis. Obviamente, se trata de una apreciación personal. 

Entiéndaseme bien: para mí los "opinólogos" y divulgadores son tan necesarios como los académicos rigurosos. Además, no es tan sencillo convertirse en un opinólogo sofisticado e interesante. La cuestión es no quedarse sólo con este tipo de pensadores. Existe el alimento espiritual y el alimento material, y aunque ambos sean indudablemente necesarios, cada tanto no está mal clavarse una buena hamburguesa, siempre y cuando no forme parte de nuestra dieta diaria.

A mí me gustan mucho los estudiosos que logran conciliar legibilidad y profundidad, como es el caso de Eric Hobsbawm, pero esa síntesis no está al alcance de cualquiera. Más allá del éxito editorial de sus libros, creo que el amigo André dice cosas atendibles. 

¡Sean felices!

2 comentarios:

  1. Ya, ya, no es cierto que no te lee ni tu vieja. Esto me hace acordar a la noción de lo peligroso que es el "pensamiento simple" o Doñarrosismo, donde todo lo que ocurre se explicaría como mala gana o mala voluntad de "alguien" y no en razón de la complejidad de llevar adelante una política entre muchos sectores en tensión y que tienen algo en juego en ella. Pero también me quiero alejar de los pensamientos hipercomplejos y la redacción afrancesada, no por pereza intelectual sino porque a veces se escribe rebuscado porque no se llega a precisar en pocas palabras lo que se quiere decir. Digo.

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    1. No recuerdo la cita exacta, pero creo que Nietzsche se burlaba o se quejaba o criticaba a los filósofos que "enturbian las aguas para hacerlas parecer profundas". Como la estoy recordando de memoria, tal vez no era exactamente así, pero la base está.

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