jueves, 31 de diciembre de 2015

ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LO GRACIOSO QUE ES KAFKA, DE LOS CUALES PROBABLEMENTE NO HE QUITADO BASTANTE

"En Kafka no hay humor sobre funciones corporales, ni dobles sentidos sexuales, ni intentos estilizados de rebelarse ofendiendo a las convenciones. Nada de bufonadas pynchonianas con pieles de banana ni adenoides traviesos. No hay priapismo a lo Philip Roth ni metaparodia a lo John Barth ni quejas continuas como las de Woody Allen. No hay ninguna de las inversiones de opereta de las modernas comedias de situación. Tampoco hay niños precoces ni abuelos malhablados ni compañeros de trabajo cínicamente insurgentes. Y tal vez lo más extraño de todo, las figuras de autoridad de Kafka nunca son simples bufones huecos a los que ridiculizar, sino que resultan siempre absurdos y temibles y tristes, todo al mismo tiempo, como el teniente de "En la colonia penitenciaria".

Lo que quiero decir no es que su ingenio sea demasiado sutil para los estudiantes americanos (...) Lo que afirmo es que la gracia de Kafka se basa en una especie de literalización radical de verdades que solemos tratar en forma de metáforas. (...)

Y esto es, creo yo, lo que hace que el ingenio de Kafka sea inaccesible para unos niños a quienes nuestra cultura ha educado para que vean las bromas como entretenimiento y el entretenimiento como algo reconfortante. No es que los estudiantes no "capten" el humor de Kafka, sino que les hemos enseñado a ver el humor como algo que se "capta", de la misma forma que les enseñamos que el "yo" es algo que se tiene, sin más. No es de extrañar que no puedan apreciar el chiste que hay en el centro mismo de Kafka: que la horrible pugna por establecer un "yo" humano resulta en un "yo" cuya humanidad es inseparable de esa pugna terrible. Que nuestro viaje interminable e imposible hacia el hogar es de hecho nuestro hogar". (David Foster Wallace)

sábado, 19 de diciembre de 2015

GRUPO DE ESTUDIO SOBRE NIETZSCHE

En estos días estuve con poco tiempo y ganas de escribir: la proximidad de la feria judicial de enero hace que el ya de por sí frenético caudal de laburo se incremente todavía más. Más adelante tengo pensado publicar algunos posteos sobre Nietzsche, especialmente pensados para el grupo de estudio sobre el autor alemán que puse en Facebook.

Muy recomendable, como estudio introductorio, el Nietzsche de Carlo Gentili, editado en español por Biblioteca Nueva.

Era eso nada más. ¡Sean felices!

lunes, 7 de diciembre de 2015

LA ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN


Cuando a un organismo se le arranca el alma, lo que queda es un zombi. La ciencia económica clásica, en muchos sentidos, está desprovista de alma. En nuestras relaciones diarias o de amistad nos va bien cuando ponemos en práctica valores como la confianza, la sinceridad (no el sincericidio), el aprecio, el respeto, escuchar a los demás, la empatía, la cooperación, la voluntad de compartir. La economía de libre mercado se basa en un sistema con normas que potencian la búsqueda de beneficios y la competencia. Estas pautas incentivan el egoísmo, la codicia, la avaricia, la envidia, la falta de consideración y de responsabilidad. Adam Smith decía: "no por la benevolencia del carnicero, del panadero o del cervecero contamos con nuestra cena, sino por nuestro propio interés". Vale decir: la base de la economía capitalista es el egoísmo. Los daños ecológicos, las hambrunas, las desigualdades, las guerras y numerosísimos problemas nos deberían hacer pensar acerca de si el egoísmo humano debe ser el motor principal de la economía. ¿Y si lo fuera el bien común? Los medios hegemónicos nos llenan de miedo: el otro es siempre una amenaza, nunca una promesa. Al otro le debo tener miedo, o como mínimo considerarlo un competidor. Que la competencia motiva no lo discute nadie: esto lo ha probado de sobra la capitalista economía de mercado. La cooperación motiva basándose en las relaciones satisfactorias, el reconocimiento, la valoración y la fijación y consecución de objetivos comunes. Esto es una definición de cooperación. Por el contrario, la definición de competencia es "el logro del éxito de uno o de otro". Sólo puedo tener éxito si el otro no lo tiene. La competencia motiva en primer lugar sobre la base del miedo. Por este motivo, el miedo es un fenómeno muy extendido en las economías capitalistas de mercado: se teme perder el trabajo, los ingresos, el estatus, el reconocimiento social y la pertenencia. De todo esto y algunas cosas más habla el austríaco Christian Felber en La economía del bien común, editado por Paidós. Sus ideas me parecen dignas de ser pensadas en una discusión democrática. Acá una entrevista:



viernes, 20 de noviembre de 2015

MOTIVOS POR LOS CUALES CONSIDERO QUE LOS ARGENTINOS PODRÍAMOS DIRIGIMOS HACIA UNA SUERTE DE SUICIDIO COLECTIVO

1) A precios de libre-mercado hay un déficit de entre 11,5 a 12,5 millones de puestos de trabajo, si lo que queremos es que todos puedan acceder a un trabajo digno. Y la diferencia es de tal magnitud (65%) que no se arregla con medidas paliativas.

Traducción: a precios de libre mercado, más de la mitad -cerca de 2/3- SOBRAMOS. En La generación de empleo en las cadenas agroindustriales (2004), Llach (un economista que no puede ser acusado de anti-macrista) y otros estimaron que el empleo generado directa e indirectamente por actividades agrícolas, ganaderas y agroindustriales es de 5,5 millones de puestos de trabajo (35% de los puestos de trabajo totales), o 5,2 millones si no se tiene en cuenta los planes jefes-jefas de hogar. En este estudio se incluyeron todas las economías regionales de base agraria y se consideró empleo indirecto hasta el empleo público que se supone pagado por los impuestos del sector. Esa es la cantidad aproximada de empleo que sería posible generar en un país que se dedicara únicamente a estos sectores productivos. Para que haya pleno empleo en la Argentina, sería necesario generar entre 17 y 18 millones de puestos de trabajo.

Si tomamos como válidos los precios internacionales, Argentina debería especializarse en productos de base agraria; ergo, ninguna actividad industrial -como por ejemplo textil, vestido, calzado, metalmecánica- sería rentable. Ya hicimos la experiencia de igualar los precios internos a los precios internacionales durante la Convertibilidad (los noventa) y durante Martínez de Hoz (la dictadura de los milicos en los 70's), y ambas veces dio lugar a un cierre masivo de fábricas. El argumento de que esas fábricas no eran eficientes me parece muy liberal-fundamentalista. La eficiencia o no de un emprendimiento es consecuencia de un cálculo económico, ese cálculo se hace multiplicando precios por cantidades vendidas para determinar los ingresos de un emprendimiento productivo, y multiplicando precios por cantidades para determinar los costos. La misma actividad puede serla más rentable del planeta o puede ser inviable, según los precios que elijamos para que rijan la actividad económica. 

La pregunta es, ¿los precios deben servir a la humanidad, o la humanidad a los precios?

2) Los procesos de exclusión vía precios ocurren en cámara lenta, pero son prácticamente irreversibles. El desempleo no aumentará ni el 23 de noviembre ni el 11 de diciembre, pero tengan por seguro que va a aumentar. Las personas van quedando excluidas a medida que se "seca" la circulación de riqueza por los canales en los que se encuentran comunicadas. Una metáfora sería la muerte de un brazo como consecuencia de un torniquete muy apretado; el brazo no muere inmediatamente, tarda bastante tiempo en morir y es un proceso gradual a medida que los tejidos se van quedando sin oxígeno y nutrientes. En estas circunstancias, aparecen muchas iniciativas de ayuda que no logran revertir el proceso. Generalmente se invierte en créditos y subsidios para promover las actividades, cursos de capacitación para los desempleados y hasta incubadoras de empresas... todo suponiendo que es un problema del desempleado que no logra ser "productivo", que no logra "encontrar" su lugar, y entonces lo ayudamos a buscarlo, a reinsertarse en el mercado laboral. En el ejemplo de recién es como si masajeamos el brazo para activar la circulación, a veces conseguimos que un dedo cambie de color, y lo contamos como experiencia positiva, que nos reafirma que masajeando está la solución (y se lo mostramos a los otros dedos diciéndole, ¿vieron?  Si este pudo ustedes también podrán).

Sin embargo, de no aflojar el torniquete, sólo estamos demorando lo inevitable... algunas veces es todo lo que podemos hacer, pero "hoy" podemos librarnos -aunque sea parcialmente- del torniquete.

Este gobierno, con sus errores y agachadas, recurrió a la generación de empleo como herramienta de inclusión. Esta estrategia es útil para aquellos "desplazados" que quedaron en los márgenes del sistema, pero que no se "cayeron" del mismo. Vale decir que en sus casos el proceso de exclusión no finalizó. Entonces el trabajo digno es un medio útil de integración social.
Pero en el caso de los excluidos, el problema es de otra naturaleza. Porque en este caso se rompió el vínculo que lo unía a la sociedad. Desde el punto de vista de quien sufre la exclusión, se trata de un proceso largo, desgastante y humillante, que comienza con el desempleo, continúa con la percepción de que él es el responsable exclusivo de su situación (aumentándole la culpa y disminuyéndole la autoestima frente a sí mismo y frente a sus hijos y su familia, si tuviere); continúa con cada intento frustrado de conseguir trabajo, reafirmando su culpa y baja autoestima; hasta que se convence de que "aquí no tiene lugar" y va en busca de otros horizontes (si le queda algo de dinero y tiene cierta formación "intelectual" y/o "espiritual" o "simbólica) o le rematan la casa para pagar deudas y va a vivir a una villa de emergencia.

Por eso no baja el índice de pobreza, porque para incluir los millones que fueron excluidos durante los 90' (y durante la dictadura militar, que económicamente nos hizo mierda) hace falta el compromiso decidido de la sociedad en su conjunto. No basta con "mirar desde la platea" lo que hace un gobierno. Hace falta el compromiso de la sociedad en su conjunto, porque el vínculo social de los argentinos está, en muchos casos, atado con alambres.

YO NO QUIERO VOLVER A PONER EN MARCHA EL PROCESO DE EXCLUSIÓN VÍA PRECIOS. YA VIVIMOS TODO ESTO EN LOS NOVENTA.

3) Pocas cosas hay más inmorales y productoras de corrupción como un conjunto de precios que excluye a la mayoría de los habitantes de un país. Este aspecto puede ser controversial, porque estamos acostumbrados a pensar en los precios como en algo "técnico" que no puede ser valorado éticamente. También porque algunos ven al mercado como una suerte de extensión del Orden Natural o de la Divina Providencia. Sin embargo, los precios no indican ninguna voluntad divina u orden natural  (salvo para la ideología del neoliberalismo). ¿Qué indican los precios? Tanto Milton Friedman, como Friedrich Hayek o Paul Samuelson coinciden en que el sistema de mercado es un sistema de voto permanente y calificado. Permanente porque cada vez que compramos es como si votáramos; y calificado porque se vota con la billetera... y obvio que el que tiene la billetera más abultada vota más que el que tiene poco... Entonces el sistema de precios no refleja las necesidades y las posibilidades productivas, porque millones de necesitados que no tienen ingresos tienen un voto igual a CERO en este sistema. En la actualidad el sistema de precios indica aproximadamente las prioridades de quienes más tienen, y los que más tienen en el mundo no suelen estar preocupados por los excluidos (presentes o futuros) de la Argentina.

En el mejor de los casos es un sistema impersonal, que no hace distinciones individuales, pero eso no implica que sea un sistema "justo". La conclusión es que los conjuntos de precios no son "neutros" moralmente, ni son un hecho de la naturaleza como el viento o la lluvia. Nosotros tenemos el deber moral de elegir entre los conjuntos de precios "justos". Un sistema de precios que no asegura el empleo para todos (ni hablar de trabajo digno) es radicalmente inmoral.

Además, no creo que 2 de cada 3 argentinos se sienten a morir de hambre porque San Mercado Internacional dictaminó que no eran necesarios para nuestro país. Si los excluimos (y los excluimos porque "bancamos" ese conjunto de precios), buscarán de sobrevivir fuera del sistema. Es decir que tienen que hacerse los recursos necesarios para vivir FUERA DE LA LEY. Si yo votara este sistema de precios  y me opusiera al narcotráfico, a la trata de personas y a otras formas de delincuencia, sería un gran hipócrita, porque condeno y combato lo que yo mismo ayudo a producir. Por eso siento la necesidad moral de "denunciar" ese conjunto de precios que, a la vista de muchos, es el referente legítimo de la actividad económica. 

4) Una estructura de precios relativos que sólo genera trabajo para menos de la mitad de la población, es una causa "objetiva" y eficiente de des-unidad, de división en el seno de la sociedad. Una vez impuestos los precios del libre-mercado el proceso de exclusión comienza y divide la sociedad. Generalmente los que quedan dentro del sistema no lo advierten, porque la sociedad son los que están dentro del sistema, los otros "no existen" o  si existen son reprobados moralmente. Vamos muchachos, cualquiera lo puede advertir: un "trapito" es visto con peores ojos por mucha gente que un Melconián o un Broda

Se trata de un poderoso automatismo que va dejando la gente afuera si no se lo revierte. Por otro lado, se da cierta autoafirmación individualista: si el sistema no me expulsó es porque me merezco estar adentro y gozar de lo que eso significa. Corolario: se ve como tremendamente injusto sacrificar algo del "merecido" bienestar por el que está excluido... ¡¡ESA ES LA GRIETA, ESA ES LA SOCIEDAD DIVIDIDA, ESA ES LA RUPTURA DEL LAZO SOCIAL!!


5) Shakespeare decía, creo recordar, que hasta el diablo puede citar las escrituras para sus propósitos. No se analiza la postura de un político sacando de contexto cada frase como gusta de hacer la TV y como gustan  de hacer quienes discuten sobre política (videos de Carrió denostando a Macri, de Carrió apoyando a Macri, de Scioli menemista, de Macri semikirchnerista, de Cavallo sciolista, etc.). Las actitudes más típicamente "libremercadistas" son las del Pro. Decir que hay que "sincerar las variables" o que "el verdadero valor lo fija el mercado" no se escuchan igual en ambos grupos. Con Scioli uno puede tener ciertas dudas y resquemores, CON MACRI NO.

6) No elijo porque me convencieron las propuestas, ni porque creo que vayan a hacer tal o cual cosa, ni por el (paupérrimo) debate televisivo de hace pocos días ni por la "campaña del miedo" o la "campaña del marketing". No me parece relevante el circo armado sobre el cepo ni sobre el dólar. Como decía Zamagni en los 90, donde nos advertía que éramos aficionados a las "alquimias financieras", ningún país creció y solucionó sus problemas con alquimias financieras. No concuerdo para nada con la campaña mediática de que las diferencias entre ambas propuestas son un asunto de "estilo". Primero porque para llegar a esa conclusión se excluye del análisis todo lo que no sea "alquimia financiera". Segundo porque veo el renacer del discurso del "pensamiento único" que ya nos gobernó y acabó con un país en llamas y un presidente huyendo en helicóptero. Es un pensamiento único disfrazado de diálogo, consenso y diversidad. A mí me sorprende el rechazo casi diría "estético" que muchos tienen hacia empleados estatales o hacia quienes cobran un plan: ¿quien cobra un "plan descansar" le "roba" más la plata al indignado que un Fondo de Inversión Buitre? ¡Es de una ridiculez espantosa! Tipos que creen que a Griesa "hay que pagarle lo que pide" son más o menos los mismos que me dicen que odian a los "ñoquis" que "viven del Estado".


7) Voy a votar a Scioli porque su gestión y su proyecto me dejan muchas dudas, pero la gestión y el proyecto de Macri NO ME DEJAN NINGUNA. Con Macri será el conjunto de precios el que estará en el centro de la economía y no el ser humano. La gente con el estómago lleno es fuente de "líos" y "conflicto". La gente excluída del sistema, en cambio, vive la paz de los cementerios y sólo se preocupará por sobrevivir. 

Todo gobierno que intente avanzar contra intereses de sectores con poder, necesariamente generará conflicto. El conflicto para los ciudadanos es sin duda un fastidio, con lo cual el gobierno deberá saber medir la "tolerancia social al conflicto". Personalmente creo que en determinados momentos, este gobierno no supo medir ese nivel de tolerancia, pero esa es otra cuestión. Sin embargo, el no conflicto hace PREVALECER EL STATUS QUO. Toda ampliación de derechos genera conflicto: basta ceder ante todos los reclamos de quienes tienen poder y veremos florecer la panacea de la conflictividad cero. Los poderosos saben eso, y ese es el motivo por el cual siempre intentarán exasperar al pueblo haciendo que bajen sus niveles de "tolerancia social al conflicto". Es algo muy sencillo de hacer: negarse a negociar, hacer que quienes reclaman vean cerrados los canales institucionales para hacerse escuchar y listo, la misma gente que mire cortar la calle o que se harte por el ruido tenderá a estar en contra de quien reclama, sin considerar demasiado la justicia del reclamo. Ejemplo sencillo: los judiciales con bombos, platillos y papelitos manifiestan frente a la corte. ¿Qué dirá el resto de la gente si esos reclamos se hacen constantes? ¿Va a apoyar a los laburantes porque se informará sobre el colapso del fuero laboral? Tiendo a pensar que su interpretación no estará lejos de "estos estatales de mierda se la pasan reclamando porque se quejan de llenos, vagos de mierda que no quieren laburar".

Si no te interesas en la política, otros harán política en lugar tuyo. La dominación económica y política se basa en discursos que te dicen una y otra vez que "no hay alternativa", y con eso te quieren decir: "nosotros decidimos lo que cuenta como alternativa y lo que no".

Puedo valorar a un político que respeta los turnos para hablar, no eleva la voz, evita las chicanas y se peina prolijamente, más allá de que no me parezca algo demasiado relevante. Sin embargo, el amigo López Murphy, vestido de traje y con modales civilizados, nos dejó estas simpáticas medidas (y después vino Cavallo, quien HOY elogia al equipo económico del amigo Mauricio).

Fuente: el posteo está refritado, con breves añadidos propios, de un mail que mandó un amigo que es Doctor en Economía. 

domingo, 25 de octubre de 2015

ALGUNAS CUESTIONES A PARTIR DE NIETZSCHE Y DEL FAUSTO DE GOETHE QUE LUEGO DERIVAN PARA CUALQUIER LADO POR CULPA DE MI CEREBRO QUE NO PUEDE REDONDEAR UNA IDEA Y TRANSMITIRLA EN POCAS PALABRAS


La muerte de la literatura se relaciona, en cierto sentido, con "ir a la vida" en lugar de contemplar el mundo en un papel: 

"Es una fantasía clásica, digamos, que recorre toda la polémica actual sobre los lugares de la literatura y que empieza en Baudelaire y llega hasta la Beat Generation. Está muy cerca de los debates de las poéticas actuales. Esa fantasía extraña de los escritores de dejar de ser escritores o de conseguir una experiencia que sea más intensa que lo que se supone que es la experiencia de la literatura. Entonces la muerte de la literatura es como el acceso a lo real mismo", reflexionaba Ricardo Piglia en el transcurso de una entrevista que tuvo en 1998 con Arcadio Díaz Quiñones y sus alumnos de seminario en la Universidad de Princeton.

Y luego agregaba algo que debe ir a contracorriente de la opinión de  la gran mayoría de la gente que conozco, y que aunque no comparto del todo me resulta interesante:

"Por supuesto, estoy en contra de esa posición, en el sentido de que para mí es mucho más interesante la literatura que la vida. Primero porque tiene una forma mucho más elegante, y segundo porque es una experiencia mucho más intensa. Para mí la literatura es una de las experiencias más intensas que conozco".

A la sociedad capitalista le cuesta entender un trabajo tan improductivo como la lectura y la escritura literaria, al menos aquella que escapa a la lógica de la racionalidad lucrativa y se hace sin ningún interés económico. Ese es el motivo por el cual la sociedad trata de matar a la literatura, o convertirla en un negocio, porque no sabe bien qué carajo hacer con ella.

Al respecto, me parece interesante leer este fragmento de "Vindicación de las lonas", de Martín Zariello:



"Mi viejo y su socio son dos trabajadores insaciables. Workaholic crónicos e inconscientes, que heredaron esa pulsión por el sacrificio de padres y abuelos, tanos que nunca fueron jóvenes y levantaron los cimientos originales de este país. Me refiero a gente naturalmente sufrida, que jamás tuvo la oportunidad de tirarse en una cama para leer un libro o mirar el techo para comprender que en el techo no hay nada. Y algo de ese pathos quedó incrustado en la vida de estos personajes de entre 50 y 60 años que con el tiempo se convirtieron en nuestros padres. Cuando un cliente les quiere dar consejos sobre un trabajo y encima parece un poco delicado, dicen: “Éste no agarró una pala en su vida”. Me encanta que dividan al mundo entre los que saben hacer un pozo y los que no. Y me gusta porque para mucha gente es al revés: quienes saben manejar una pala son inferiores, los capos son los genios del lenguaje que a través de su originalidad única escriben o piensan desde la torre de marfil. Para mí están equivocados. La Operación es simple: los intelectuales necesitan a los que saben usar una pala, los que saben usar una pala no necesitan a los intelectuales. Si algún día viene el Juicio Final seguramente Dios no va a decir: “Los justos son los que escriben cosas ingeniosas por twitter, los que mencionan que leyeron a Lacan todos los días por las dudas, los que escriben en blogs sobre David Foster Wallace”. Dios va a salvar a los que saben arreglar persianas, a los que usan un alicate con la destreza de un campeón, a los que colocan bisagras o cerámicos, a los que arreglan caños, a los que tapizan sillas, a los que cosen acoplados con el tamaño del Estadio Azteca, a los que sueldan estructuras de hierro sin máscara y bajo la lluvia.

Es que en caso de existir en el cielo sólo debe haber lugar para los tipos que mueven el mundo. No para quienes lo comentamos".




Ahí tienen dos posturas claramente diferenciadas, la zarielleana y la pigleana (?).

En estos días estuve muy copado releyendo el Fausto de Goethe,  junto con la sugerente lectura que al respecto escribió Marshall Berman en Todo lo sólido se desvanece en el aire: la experiencia de la modernidad. Por si no lo saben, de a poco estoy leyendo la obra completa de Nietzsche (hasta hice un "grupo de estudio" en facebook), y por eso mi idea es aprovechar esas lecturas para irme abriendo a Goethe, Schopenhauer, Kant, la tradición grecolatina y toda la cultura alemana que influyó en el amigo Federico. Esa fue una de las principales motivaciones por las cuales, en su momento, postergué el estudio del danés para darle más duro al alemán. ¿Por qué estoy leyendo la obra completa de Nietzsche? ¡¡Porque me gusta, porque disfruto aprendiendo y porque tengo ganas de compartir lo que aprendo!! Creo que es motivo más que suficiente, ¿no les parece?


La personalidad de Johann W. Goethe (1749-1832) es una de las más fascinantes de la literatura: se abrió al estudio de la antigüedad clásica, estudió medicina -descubrió el hueso intermaxilar-, sedujo y amó a varias mujeres; conoció a Beethoven, a Herder, a Napoleón, a Schiller; estudió la poesía oriental, la Edad Media alemana, lo popular, lo culto, la ciencia y la alquimia. El tipo sabía griego, latín, hebreo y francés, además de alemán. 

Goethe empezó a escribir su Fausto allá por 1770, cuando tenía veintiún años, y lo continuó intermitentemente hasta 1831, un año antes de morir, a la edad de ochenta y tres años.

Les comparto fragmentos del texto con una suerte de refrito a partir de la lectura de Berman. Podría hacer una elaboración más "personal" y "erudita" -cualquiera puede ser "erudito" con ayuda de google y wikipedia-; pero no tengo tanto tiempo como para dedicárselo al blog. Para no complejizar más el posteo, hago mías muchas frases de Berman, sin entrecomillar las citas, porque me siento libre como un gorrión y porque tengo ganas de robar todas las ideas que me sirvan para expresar lo que siento. Como he dicho más de una vez, si no canto lo que siento me voy a morir por dentro.


Desde la invención del Faustbuch de Johan Spiess en 1587, pasando por la Tragical history of Doctor Faustus de Christopher Marlowe, la figura de Fausto ha copado a muchos autores a lo largo del tiempo y en las más variadas geografías. En lo personal, el único que he leído fue el de Goethe, y me parece hermosísimo. Según Berman, la creación de Goethe supera a todas las demás versiones por "la riqueza y profundidad de su perspectiva histórica, por su imaginación moral, su inteligencia política, su sensibilidad y percepción psicológicas". 


Es una obra llena de ideas típicamente "modernas". Recordemos que, según Berman, ser modernos es "encontrarnos en un entorno que nos promete aventuras, poder, alegría, crecimiento, transformación de nosotros y del mundo y que, al mismo tiempo, amenaza con destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, todo lo que somos".

Describo algunos pasajes, traducidos del alemán por José María Valverde, y los voy comentando:

En el "Prólogo en el cielo", se da un diálogo entre El Señor y Mefistófeles:

"El señor: ¿Tú conoces a Fausto?

Mefistófeles: "¿El Doctor? (...) Su tormento le impulsa a lo lejano; de su locura, a medias se da cuenta; pide al Cielo los astros más hermosos y a la Tierra los goces más sublimes, pero nada, cercano ni lejano, le sacia el pecho, en honda agitación".

Ya de entrada se describe ese ansia de infinito encerrada en un cuerpo mortal que padecemos, en mayor o menor medida, casi todos nosotros. El Fausto de Goethe expresa y dramatiza el proceso por el cual, a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, hace su aparición un sistema mundial característicamente moderno.

Berman nos recuerda que las encarnaciones anteriores de Fausto habían vendido sus almas a cambio de ciertas cosas buenas de la vida claramente definidas y universalmente anheladas: dinero, sexo, poder sobre los otros, fama y gloria. El Doctor Fausto en la versión de Goethe le dice a Mefisto que sí desea todo eso, pero que esas cosas no son en sí mismas lo que él quiere.

Lo que Fausto quiere para sí es un proceso dinámico que incluya todas las formas de la experiencia humana, tanto la alegría como la desgracia, y que las asimile al crecimiento infinito de su personalidad. 

"Primera parte de la tragedia. De noche. (en una estancia gótica, estrecha y de altas bóvedas. Fausto, intranquilo, en su asiento ante el pupitre.)

Fausto: ¡Ay!, he estudiado ya filosofía, jurisprudencia, medicina, y luego teología también, por mi desgracia, con caluroso esfuerzo, hasta el extremo. Y aquí me veo ahora, pobre loco, y sigo sin saber más que al principio. (...) Claro que soy más sabio que esos necios, teólogos, doctores y escritores; no me afligen escrúpulos ni dudas, ni me dan miedo infierno ni demonio... Pero he perdido toda la alegría; no creo saber nada con sentido, ni supongo poder enseñar nada, ni a nadie mejorar ni convertir. Tampoco tengo bienes ni dinero, ni honor ni distinciones ante el mundo. (...) ¡Ay!, ¿seguiré encerrado en esta cárcel? ¡Agujero maldito en la pared, dondehasta la querida luz delcielo porcristales pintados entra turbia! Encerrado detrás de tanto libro que el polvo cubre y roen los gusanos, y que hasta lo alto de esas altas bóvedas se envuelven en papeles ahumados; cercado de redomas y retortas, atornillado a fuerza de instrumentos, entre trastos de los antepasados... (...) En vez de la Naturaleza viva que infundió Dios al hombre al producirle, te rodean tan sólo el humo, el moho, muertos caparazones y esqueletos. ¡Huye, sal, sal afuera, a la amplia tierra!"


Las palabras de Fausto evocan cierto vitalismo de  Nietzshe, quien no por casualidad inicia su De la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida -segunda de sus Consideraciones Intempestivas- con una cita de Goethe en carta a Schiller: "Por lo demás, detesto todo lo que no hace más que instruirme sin aumentar mi actividad o vivificarla inmediatamente" (carta fechada el 19 de diciembre de 1798). 


Y acá quisiera hacer un paréntesis, ayudado por el muy buen libro de Nicolás González Varela, titulado Nietzsche contra la democracia:


Es paradójico el hecho de que Nietzsche, quien ya en Basilea y como profesor de filología (1869-1879) solía leer entre cinco y siete horas por día, haya escrito un texto semejante al que sigue al final de sus días:

"El docto, que en el fondo no hace ya otra cosa que 'revolver' libros -el filólogo corriente, unos doscientos al día- , acaba por perder íntegra y totalmente la capacidad de pensar por cuenta propia. Si no revuelve libros, no piensa. Cuando piensa responde a un estímulo (un pensamiento leído), al final lo único que hace ya es reaccionar. El docto dedica toda su fuerza a decir sí y a decir no, a la crítica de cosas ya pensadas; él mismo ya no piensa. El instinto de autodefensa se ha reblandecido en él; en caso contrario, se defendería contra los libros. El docto, un 'décadent'. Esto lo he visto yo con mis propios ojos: naturalezas bien dotadas, con una constitución rica y libre, ya a los treinta años 'leídas hasta la ruina', reducidas ya a puras cerillas, a las que es necesario frotar para que den chispas 'pensamiento'-. Muy temprano, al amanecer el día, en la frescura, en la aurora de su fuerza, leer un libro; ¡a esto yo lo califico de vicioso!" (Ecce Homo, "Porqué soy tan listo", 8).

A mí también me han criticado el hecho de en mis posteos pongo demasiadas citas. Tal vez tengan razón, pero imagino que lo seguiré haciendo.

Por el momento dejo de escribir y me dispongo a tomar el bondi para ir a votar, porque hoy son las elecciones presidenciales. 

Me gustaría seguir hablando del Fausto, de Nietzsche, del libro de Nicolás González Varela y de la mar en coche, pero me tengo que ir. ¡¡Lean el Fausto de Goethe que está buenísimo!!

¡Sean felices!

sábado, 26 de septiembre de 2015

SOBRE LA UTILIDAD DE LA HISTORIA PARA LA VIDA: BORGES, NIETZSCHE Y LA NECESIDAD DE OLVIDAR

No es improbable que el excepcional cuento de Borges, Funes el memorioso, se haya originado en la lectura de la segunda de las "Consideraciones intempestivas" de Nietzsche: Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida. Si uno lee ambas obras, las similitudes son flagrantes. Nietzsche nos propone que imaginemos:

"(...) el caso extremo de un hombre al que se le hubiera desposeído completamente de la fuerza de olvidar, alguien que estuviera condenado a ver en todas partes un devenir. Ese hombre no sería capaz de creer más en su propia existencia, ya que vería todas las cosas fluir separadamente en puntos móviles. Se perdería así en esta corriente del devenir. (...) Y es que en toda acción hay olvido, de igual modo que la vida de todo organismo no sólo necesita luz sino también oscuridad".

Es cierto que, hasta donde recuerdo, el padre de Borges le hizo conocer tempranamente la filosofía de William James, quien en su Principles of psychology (1890), dijo que "el principal trabajo de la memoria es olvidar". De todos modos sigo creyendo que Borges se inspiró principalmente en Nietzsche, aunque a esta altura no tiene demasiada importancia. 

Para quienes no lo recuerdan,  el personaje principal del cuento de Borges, llamado Ireneo Funes, en determinado momento tiene un accidente: se cae de un caballo y pierde la capacidad de olvidar. La caída lo dotó de la visión profética de "un Zaratustra cimarrón y vernáculo"; lo pensado una sola vez ya no podía borrársele.

Había vivido diecinueve años como cualquiera de nosotros: miraba sin ver, oía sin oír, se olvidaba de casi todo. Luego de la caída, perdió el conocimiento, y cuando lo recobró, "el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y más triviales".

Relatar los acontecimientos de un día podía llevarle el día entero. "Me dijo: 'Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo'. Y también: 'Mis sueños son como la vigilia de ustedes'. Y también, hacia el alba: 'Mi memoria, señor, es como vaciadero de basuras'".

De algún modo, ese "vaciadero de basuras" del que habla Borges, es la prefiguración metafórica de internet, con su inagotable fuente de información superflua.

Recuerdo un texto de Hernán Casciari, Los bloggers muertos no van al cielo, en el que el tipo imagina que "un día, dentro de unos treinta o cuarenta años, internet estará lleno de blogs a los que se les habrá muerto el dueño. Bitácoras a la deriva del tiempo, textos inconclusos que acabarán diciendo 'mañana les cuento algo que me ha causado mucha gracia'. Y después nada. Después un silencio eterno. Los lectores no sabrán nunca que el blogger ha muerto. Los lectores pensarán que se ha cansado, o que le han cortado la banda ancha, o que ya no quiere escribir. La muerte rondará en silencio, congelando las historias cotidianas, cortando la continuidad del home, confundiendo al caché de Google.

Esta bitácora, sin ir más lejos, esta misma que ahora escribo y ustedes leen, un día de este siglo será la bitácora de un muerto. Es extraño decirlo de este modo, e incluso redactarlo naturalmente, pero es la puta verdad".

En fin, me fui un poco por las ramas. Retomando, esa imposibilidad de olvidar le dificultaba a Ireneo Funes la capacidad de pensar, que implica abstraer diferencias, jerarquizar, sopesar, juzgar.

Era incapaz de ideas generales, de conceptos platónicos:

"No sólo le costaba comprender que el símbolo genérico perro abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente). Su propia cara en el espejo, sus propias manos, lo sorprendían cada vez".

Funes podía advertir el paulatino avance de una carie, de una mancha de humedad, de la corrupción del cuerpo, de la vejez.

Si la cultura es un conjunto complejo de interpretaciones que organizan de manera selectiva nuestra forma de darle sentido al mundo, pese a su erudición -su memoria prodigiosa le permitía aprender el arduo estudio del latín en una tarde- , Funes no era un hombre "culto".

En el prefacio de Sobre la utilidad..., Nietzsche comienza con una cita de Goethe: "Por lo demás, me es odioso todo aquello que únicamente me instruye, pero sin acrecentar mi actividad o animarla de inmediato".

La intención del pensador alemán es abordar la utilidad del estudio de la historia para la vida. ¿Hasta qué punto nutrirse de información vivifica, y hasta qué punto ahoga nuestra capacidad de acción, de creación de nuevos valores?

Aunque Nietzsche reconoce que los estudios históricos son imprescindibles para la comprensión del mundo, advierte que su excesivo predominio por sobre otras formas de conocimiento o experiencia "perjudica al ser vivo y termina por anonadarlo, se trate de un hombre, de un pueblo o de una civilización". Así como la memoria prodigiosa convierte a Funes prácticamente en un muerto en vida, Nietzsche señala que los estudios históricos que quedan reducidos a meros fenómenos de conocimiento están muertos para quien los estudia.


No quiero extender mucho más el posteo. En otro momento me gustaría abordar más en profundidad la segunda intempestiva; me pareció que el cuento de Borges, por su belleza y brevedad, podía hacer las veces de una muy buena introducción.


En otro momento la sigo, es sábado a la noche y necesito olvidar.

¡Sean felices!

Post scriptum: acá les dejo un excelente aporte de Nicolás González Varela.

martes, 22 de septiembre de 2015

LA DIFERENCIA ENTRE CREATIVIDAD Y ADAPTABILIDAD PARA VIVIR EN MEDIO DEL QUILOMBO

Muchas veces, los argentinos decimos que somos creativos, a diferencia por ejemplo de los alemanes/austríacos, que vendrían a ser rígidos, esquemáticos, previsibles e incluso aburridos. Puede que haya algo de cierto, puede que sea un prejuicio exagerado, no lo sé. Ahora bien, ¿le falta creatividad a una cultura de la que han surgido tipos como Goethe, Nietzsche, Bach, Mozart, Albert Einstein, Marx, Freud, Schumacher, Dirk Nowitzki, Beethoven, Beckenbauer, Schopenhauer? ¿No estaremos confundiendo, decía Julio Velasco, creatividad con CAPACIDAD PARA VIVIR EN MEDIO DEL QUILOMBO? 

Es lógico que los países que no suelen vivir en medio de nuestro caos cotidiano, tengan habitantes que no se adapten tan bien como nosotros al caos. Esto no es una condena general del "ser argentino". Ni todo lo que ocurre afuera es maravilloso y todo lo que pasa acá es un horror, ni tampoco la inversa. Uno tiene que hacer lo mejor que puede CON LO QUE TIENE, y acá hay mucho para valorar, pero también para mejorar. La capacidad de actuar frente al quilombo te mejora la capacidad de improvisación, lo cual no es poco, pero no alcanza ni por asomo. 

Para quienes no lo conocen, Velasco es un entrenador de primer nivel, que salió campeón mundial con Italia y alcanzó logros deportivos con diferentes equipos. El mismísmo Pep Guardiola cuenta que una vez invitó a comer al actual entrenador de la selección argentina de voleibol, quien por entonces trabajaba en Italia, para preguntarle cosas sobre el manejo de grupos a nivel deportivo.

Se me ocurre el caso de la selección argentina de básquet, quien llegó a la final de un campeonato mundial y ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos, siendo la primera en ganarle a un combinado estadounidense integrado por jugadores de la NBA. Si uno es entrenador, puede quejarse del biotipo promedio del jugador argentino, que impide o dificulta la generación de jugadores muy altos y atléticos, como ocurre en otros países, o puede entrenar desde lo que tiene, potenciando sus virtudes y disimulando sus defectos. A eso apunta Velasco en el voleibol. En el video dice otras cosas muy interesantes, que vale la pena escuchar. 


Acá una nota para quienes quieran leer algo más sobre un técnico de primer nivel mundial.

En fin, hoy tenía ganas de compartir esto.

¡Sean felices!

lunes, 21 de septiembre de 2015

EL PATOVA MOLESTO

Empecé el gimnasio y el profesor es una máquina de tirar frases de autoayuda con la profundidad de una tapita de cerveza, onda: "si no te respetás a vos mismo, no esperes que la sociedad te respete", "para querer bien hace falta quererse a uno mismo", "la preocupación es lo que antecede a la ocupación, hay que ocuparse", y así. Me dan ganas de cagarlo a trompadas, o de que se vaya a asesorar de cerca a alguna mina con el culo bien parado, que es para lo que están la mayoría de los patovas que se hacen los profesores en un gimnasio. Y todo porque el muy hijo de puta me vio leyendo un libro mientras hacía bicicleta. El problema es que si trato de cagarlo a trompadas, pierdo por goleada. Habrá que intentar la táctica de la indiferencia.

sábado, 19 de septiembre de 2015

TE PIDO POR FAVOR QUE NO ME CUENTES UN CHISTE

Cuando me cuentan un chiste, por lo general me obligan a poner cara de que me estoy divirtiendo, y eso me hace sentir incómodo. Como dice Casciari, uno tiene que poner la mandíbula en piloto automático, sonriendo de entrada, mientras el otro empieza un relato que no prospera. El contador amateur se esfuerza denodadamente por ser gracioso, y se le notan los hilos desde lejos: mueve los brazos ampulosamente como una marioneta, se esfuerza por imitar acentos que no le salen -quiere hacer un cubano y le sale un chileno que vivió en Cartagena- , pone diversas voces, multiplica las palabras procaces inútilmente...

"El esfuerzo mayor, sin embargo, es dividir el cerebro en tres compartimentos: el que escucha el argumento del chiste, el que se pregunta porqué mierda no me quedé en mi casa, y el que critica minuciosamente la performance".

Uno sufre cuando el chiste va llegando al final y nota que la trama va perdiendo fuerza, o cuando intuye el remate.

Y si el interlocutor es una señora almidonada que elige contar un chiste verde, pero en lugar de decir "pija" trata de remplazar lo irreemplazable con gestos o sinónimos no muy eficaces, el sufrimiento se transforma en vergüenza ajena. Nunca cuentes un cuento donde la pija es protagonista si te parece inmoral o te da pudor.

También están "los que imitan la voz de los maricones poniendo la mano como si llevaran una bandeja invisible", los que te explican el final, los que repiten el remate creyendo que no lo entendiste cuando lo cierto es que no te causó gracia... Jamás finjo una carcajada, porque trato de no confundir ser cortés con ser hipócrita: me limito a mantener una semi-sonrisa congelada que, lo digo nuevamente, me pone incómodo. Conclusión: si no sos MUY GRACIOSO, te pido de rodillas que no me cuentes un chiste. Si sos mi amigo sí, porque te mando al carajo y está todo bien.

Y sin embargo, porque soy un tipo re contradictorio al que no hay que tomar demasiado en serio, les dejo un chiste de José "Pepe" Nun que me pareció muy bueno:

"Un capataz llama a su patrón, alojado en el Hotel City de Buenos Aires por negocios ganaderiles.

-¿Hola, patrón?

-Diga, don Braulio.

-Se murió el lorito, patrón.

-Qué pena, don Braulio. Pero vea, hombre, yo ando muy ocupado por acá. Haga lo que usted quiera.

-Pero, ¿usted lo recuerda bien al lorito?

-Sí, don Braulio. Y me duele mucho su noticia. Bué, ¿algo más?

-El lorito se murió quemado.

-¿Quemado? ¿Y por qué quemado?

-Por la caballeriza.

-¿Qué pasó con la caballeriza don Braulio?

-Se incendió toda, patrón. Algunos caballos se salvaron. Pero pocos y no los mejores.

-Pero, ¿qué me está diciendo, hombre? ¿Y por qué mierda se incendió la caballeriza?

-Ay, patrón, porque se incendió la casa.

-¿Y por qué mierda se incendió la casa?

-Por las velas, patrón.

-¿Qué velas?

-Las del velorio de su esposa.

-¿Qué? ¿Murió mi mujer?

-Sí, patrón. Y como sabemos que usted no va a volver hasta dentro de quince días la velamos nosotros nomás. Pero si quiere quedarse por más tiempo, quedesé, patrón. Porque con la casa también se incendió el féretro de su mujer. Con ella adentro.

-Don Braulio, ¡váyase a la puta que lo parió!

-Epa, patrón, tanto enojo por un lorito muerto".


(Relatado por J. P. "Soberbia" Feinmann en su libro "El flaco").

viernes, 18 de septiembre de 2015

LA NAVE CROYDON

Les presento a una banda que está buena no porque ahí toque un amigo, sino porque realmente hacen muy buena música, en donde reconozco ciertas influencias "frankzappescas".

El 26 de setiembre tocan en la Ciudad Cultural Konex. ¡Yo quiero ir!




jueves, 17 de septiembre de 2015

EL SUICIDIO DE FABIÁN POLOSECKI

“Hay algo peor que la angustia de la página en blanco. Algo peor que no tener ninguna historia que contar: es haber oído demasiadas, y no poder olvidarlas”. (Fabián Polosecki, 1964-1996).

Según el escritor chileno Roberto Bolaño, en América latina tenemos la peor clase dirigente, varios de los peores escritores y los peores capitalistas. Sin embargo, Bolaño añadía que "hemos tenido los mejores suicidas".

En 1981, Rodrigo Lira se quitó la vida, y en su nota  final nos legó una broma macabra: dijo que se fue del mundo en protesta por la reciente subida del pan, o del azúcar. Se metió en una bañera llena de agua caliente, y se cortó las venas. 

"Para los suicidas de bañadera, la muerte no llega de súbito, sino lentamente, pues el suicida tiene mucho tiempo para pensar, para recordar los buenos y malos momentos, para despedirse mentalmente de los seres queridos u odiados, para recitar de memoria algún verso, para llorar. En el caso de Rodrigo Lira, quizá pueda decirse que tuvo tiempo para reírse de sí mismo y del mundo".

También podríamos recordar a Alfonsina Storni adentrándose en el Río de la Plata, o a Violeta Parra, descerrajándose un balazo junto a la carpa donde cada noche se arrancaba el alma aullando por las penas de su continente más amado, si es que se puede amar a un continente. Es curioso el caso del escritor Jorge Cuesta, mexicano y homosexual, quien antes de meter la cabeza en una bolsa se emasculó y clavó sus testículos en la puerta de su dormitorio, como un último regalo no correspondido.

Los argentinos también sufrimos el suicidio de Alejandra Pizarnik, siempre tan melancólica, o el del Negro Olmedo, quien cayó al vacío luego de hacer equilibrio en el borde de un balcón en Mar del Plata. Afortunadamente han existido intentos fallidos, como aquél de 1934, cuando un Borges de treinta y cinco años - desesperado de infelicidad- intentó infructuosamente quitarse la vida en un hotel de Adrogué.

Tuvimos suicidios ridículos, tristes, reflexivos, fracasados, desesperados -casi una obviedad-, poéticos y valientes.

Un 3 de diciembre de 1996, justo un día antes de mi cumpleaños, Fabián Polosecki se arrojó debajo de un tren, recordando la confesión que uno de sus entrevistados -maquinista ferroviario- le había hecho: el tipo le contó que había visto muchas personas que se arrojaban a las vías del tren en una zona particular de la estación de Santos Lugares, y ahí fue donde "Polo" decidió terminar con su vida.

Lo cierto es que a Polosecki se lo extraña, porque personajes como él no existen en la televisión de hoy, tan llena de ruido vacío, tan plagada de periodistas que se sienten más importantes que el entrevistado...

Aquellos que lo hemos visto destacamos su capacidad extraordinaria para preguntar lo justo, crear un clima de confianza y hacerse a un lado, dejando la palabra al otro. Era un entrevistador genuinamente curioso e interesado por las vivencias ajenas: preguntaba siempre lo que a él le interesaba, sin ningún tipo de demagogia hacia los potenciales espectadores.

En fin, hoy tenía ganas de recordar a Fabián Polosecki.

(Texto publicado en la Florencio Varela Review of Books en su edición de enero de 2009).

domingo, 13 de septiembre de 2015

LAS FIESTAS ESTANDARIZADAS

"Es increíble la cantidad de plata que puede llegar a gastar una familia en la fiesta de casamiento (...) Los pobres, las clases populares, suelen ser más espontáneos. Un asado, una comilona, baile en patios improvisados y mucho alcohol y canciones hasta la madrugada. Las clases medias y altas, en cambio, se fueron perfeccionando en los esquemas festivos hasta sacarle a la fiesta absolutamente toda posibilidad de riesgo y repentinización. Es decir que la fiesta, la celebración de lo espontáneo, es algo que no sólo no existe sino que se combate. La fiesta ya no está en ningún lado", dice Fabián Casas en Titanes del coco.

Francamente no me considero un "amargado", pero creo que en eso tiene bastante razón: el carnaval carioca pe pe pe pe pe pe; el trencito de la alegría comandado por el tío borracho que va de mesa en mesa; los amigos del novio haciendo un scrum con la corbata usada a modo de vincha; la pantalla de rigor mostrando fotos musicalizadas con imágenes de cada uno cuando era bebé, del novio con el pelo largo vestido de hippie, de la novia en biquini con sus amigas cuando era adolescente; el vals... ¿Cómo puede una fiesta, que en teoría debería ser el paradigma de la diversión espontánea, ser organizada por "wedding planners"?

Otro día, si puedo y si tengo ganas, comento algo acerca de la nueva ficción de Fabián Casas. Acá una reseña hecha por su amigo Pablo Strozza.

Y acá, un texto de Casciari que se relaciona con este posteo.

jueves, 10 de septiembre de 2015

ALGO MÁS SOBRE LA NOVELA DE JAVIER CERCAS QUE ESTOY LEYENDO

Cualquier buen mentiroso sabe, de manera más o menos razonada o más o menos intuitiva, que una mentira que triunfa debe estar amasada con verdades. En efecto: los grandes mentirosos no sólo trafican con mentiras sino también con verdades, y dicen siempre lo que otros tienen necesidad de escuchar. El ser humano busca consuelo, y explicaciones fáciles que logren tranquilizarlo, porque la vida es difícil  y la verdad requiere coraje. Sabemos que a veces Shakespeare tiene razón cuando sugiere que la vida es un relato contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada.

Sé que estoy siendo reiterativo, pero a medida que leo El impostor, me va pareciendo más y más interesante. Tenía pensado escribir algo sobre el Ulises de James Joyce, como había dicho en un posteo anterior, pero se me atravesó la novela de Cercas y ya no la puedo dejar.

Parece ser que antes de escribir su novela, Cercas se entrevistó con Santiago Fillol, uno de los dos directores que filmaron Ich bin Marco, "uno de esos argentinos que parecen haber leído todos los libros y visto todas las películas y que, antes que resignarse a usar un cliché, prefieren que les corten una mano". Me sorprendió lo que Cercas dice que Fillol dice sobre los autores españoles:

"Me gusta mucho la literatura, leo bastante, también la española; pero, para serte sincero, los escritores españoles de ahora me parecen un poquito insustanciales, por no decir cobardones: no escriben lo que les sale de las tripas sino lo que les parece que toca escribir o que va a gustar a los críticos, y el resultado es que no pasan de la ornamentación o del esnobismo".

Sinceramente no sé lo suficiente de "literatura española actual" -descontando a Cercas, apenas he leído a Enrique Vila Matas, Antonio Muñoz Molina o a Javier Marías- como para compartir o refutar esto que dice  Fillol, pero sí sé que Javier Cercas es un escritor valiente. En otro momento me gustaría terminar de decir algo más sobre este libro que me tiene atrapado. 


¡Sean felices!

miércoles, 9 de septiembre de 2015

ACERCA DE UN LIBRO DE JAVIER CERCAS QUE ESTOY LEYENDO Y ME ESTÁ GUSTANDO SIN IMPORTAR EL USO DEL GERUNDIO

Cuando conoció a su mujer, Javier Cercas contó alguna vez que la quiso impresionar diciéndole  que era escritor, y luego se tuvo que transformar en escritor para sostener esa mentira. En rigor de verdad, el tipo tenía la intención de ser escritor, pero en ese entonces todavía no había publicado nada. Algunos podrán objetar que para ser escritor no es necesario haber publicado sino haber escrito, pero si me salen con objeciones se me va a la mierda el argumento, con lo cual les pido que no me la compliquen, ¿es mucho pedir? ¿Acaso no merezco ser escuchado y leído sin ser refutado? Les agradezco de antemano su buena voluntad.

En lo personal me gusta la idea de cómo el poder que ejerce sobre nosotros una mina que nos gusta, nos impulsa a tratar de ser la mejor versión de nosotros mismos, al punto de que la mentira o la exageración puede volverse una verdad. Claro está que el truco de la seducción "virtuosa" radica en construir un personaje que se parezca a nosotros, porque si la "mentira blanca" es demasiado gruesa, se vuelve flagrante e imposible de sostener en el tiempo.

Toda esta perorata introductoria se origina en que estoy leyendo una muy buena novela de Javier Cercas -titulada El impostor- que cuenta la historia de Enric Marco, un nonagenario barcelonés que se hizo pasar por sobreviviente de los campos de concentración nazis y que en mayo de 2005 fue desenmascarado, luego de haber presidido durante tres años la asociación española de los sobrevivientes, dictar cientos de conferencias, conceder decenas de entrevistas, recibir premios y distinciones y conmover hasta las lágrimas a varios oyentes: 

"Como sabe cualquier buen mentiroso, una mentira sólo triunfa si está amasada con verdades; la mentira de Marco no fue ninguna excepción: era verdad que durante la guerra había estado en la Alemania nazi, pero no era verdad que había estado allí como prisionero republicano, sino como trabajador voluntario de Franco; era verdad que los nazis lo habían encerrado, pero no era verdad que le habían encerrado en el campo de Flossenbürg, sino en la ciudad de Kiel, y no por su militancia antifascista sino, quizá, por mero derrotismo".

Lo que descubre Cercas es que, en el fondo, todos tenemos un poco de Enric Marco: todos somos, quien más quien menos, un poco ególatras y un poco impostores. La literatura es una exageración monstruosa de lo que somos: Macbeth es una hipérbole monstruosa de la ambición, Hamlet es una hipérbole monstruosa del exceso de autoconciencia, Romeo y Julieta es una hipérbole monstruosa del amor romántico. Siguiendo este razonamiento, diremos   que el personaje de Enric Marco es una exageración monstruosa de la impostura, y Cercas concluye que probablemente, el viejito chamuyero hizo lo que hizo por motivos humanos, demasiado humanos: para que lo admirasen, para que lo quisiesen y para que lo respetasen.


El escritor español se propone entender qué es lo que pudo haber llevado a alguien a sostener semejante mentira:

"El pensamiento y el arte, pensaba yo, intentan explotar lo que somos, revelando nuestra infinita, ambigua y contradictoria variedad, cartografiando así nuestra naturaleza: Shakespeare o Dostoievski, pensaba yo, iluminan los laberintos morales hasta sus últimos recovecos, demuestran que el amor es capaz de conducir al asesinato o al suicidio y logran que sintamos compasión por psicópatas y desalmados; es su deber, pensaba yo, porque el deber del arte (o del pensamiento) consiste en mostrarnos la complejidad de la existencia, a fin de volvernos más complejos, en analizar cómo funciona el mal, para poder evitarlo, e incluso el bien, quizá para poder aprenderlo".

En Si esto es un hombre, Primo Levi se refiere a su experiencia en Auschwitz diciendo que "tal vez lo que ocurrió no deba ser comprendido, en la medida en que comprender casi es justificar". Creo que Levi tiene razón si asimilamos ese "no comprender" en el sentido de tomar conciencia de cómo existen aspectos del mal que son insondables. Sabemos que el ser humano es el único animal capaz de cometer actos inhumanos de una monstruosidad inverosímil. Sin embargo, el mismo Levi fue un ejemplo paradigmático de lo que un testigo y escritor puede hacer para ayudarnos a entender mejor el alma humana.

El modo en que la gran literatura cambia el mundo es cambiando la percepción del lector:

El amigo Cercas nos muestra que toda gran literatura es literatura comprometida, en la medida en que no se conforma con ser mero adorno o entretenimiento sino que intenta cambiar la percepción del mundo del lector. Yo no sé si Cercas escribe "Gran Literatura", pero muchas veces me parece que está Cercas (?) de hacerlo.

sábado, 5 de septiembre de 2015

ACERCA DE ALGUNAS TRADUCCIONES ESPAÑOLAS

Me identifiqué mucho con algo que escribió Carlos Gamerro en su Ulises. Claves de  lectura, acerca de las traducciones españolas. ¿Quién de ustedes no se ha embroncado al leer el slang de algún personaje de La conjura de los necios hablando como si fuese un andaluz, en la versión de Anagrama del gran libro de John Kennedy Toole?  No se trata de una cuestión de nacionalismo, sino de un problema de política de la lengua:

"Para los traductores españoles eso que arrojan sobre la página no es su dialecto, es LA LENGUA, así sin más -dialecto es lo que hablan los otros, nosotros. El traductor latinoamericano, en cambio, es consciente de estar traduciendo para una comunidad de hablantes heterogénea, y es más cauto a la hora de endilgarles sus formas locales a los lectores extranjeros. Un argentino no traduce a vos, sino a tú, y no satura de lunfardo portuario el habla de japoneses, egipcios o irlandeses".

Recordemos que la primera traducción del Ulises de James Joyce fue hecha por un argentino, José Salas Subirat, en 1945. Luego apareció la versión del español José María Valverde -1976, corregida  en 1989- y finalmente la de los también españoles Francisco García Tortosa y María Luisa Venegas. 

Según Gamerro, el Ulises original está escrito no en una lengua o dialecto, sino en la tensión entre una variante desprestigiada: el inglés de Irlanda; y otra dominante: el inglés británico imperial. En cierto sentido, aunque la versión de José María Valverde tenga menos errores, la de Salas Subirat reproduce mejor esa tensión, porque se trata de una tensión que, salvando las distancias, está presente entre el español de España y el de los demás países de habla hispana.

En un próximo posteo me gustaría escribir, basándome en Gamerro, una suerte de introducción a la lectura del Ulises. Por el momento, "tengo hasta ahí".

¡Sean felices!

domingo, 23 de agosto de 2015

EL AMOR Y LOS CELOS

Me parece necesario desmontar cierta mitología que sugiere que cuanto más te celan más te quieren. Creo que los celos son un asunto de grado, pero en cierto nivel tienen que ver más con una falta de amor por uno mismo que por una demostración de amor al otro.

Recuerdo una cita de Fragmentos de un discurso amoroso, un muy bello libro de Roland Barthes:

"Como celoso sufro cuatro veces: porque estoy celoso, porque me reprocho el estarlo, porque temo que mis celos hieran al otro, porque me dejo someter a una nadería: sufro por ser excluido, por ser agresivo, por ser loco y por ser ordinario".

Aunque la realidad es compleja y llena de matices, un inmenso guiso donde todo se mezcla de manera confusa, para analizarla debemos recurrir a la distinción conceptual, para lo cual voy a basarme en algunos  libros del "psicoanalista mediático" Gabriel Rolón, quien tiene la virtud de ser pedagógico sin por eso dejar de alcanzar cierta profundidad en sus planteos:

"Empecemos por diferenciar la envidia de los celos y digamos que la envidia es una relación que hace referencia al vínculo que se establece entre dos personas, en el cual una de ellas desea tener lo que la otra tiene". 

Eso que tiene el otro, para el envidioso no tiene ningún valor. El envidioso no desea por el atractivo del objeto, sino a partir de la molestia que le genera que el otro tenga algo que él no tiene. Un buen ejemplo, que cita Rolón, es observar el comportamiento de los niños:

"Lleven dos golosinas exactamente iguales a dos chicos; denle una a cada uno y van a ver cómo es casi seguro que alguno de los dos va a protestar y a decir que quiere la que tiene el otro. 'Pero ¿si son iguales?', tratarán de explicarle en vano. A lo que el chico responderá que no le importa, que igual quiere la que tiene el otro".

La envidia es, a diferencia por ejemplo de la ambición -que en cierto grado es positiva- un vicio puro: es un modo de relacionarse enfermizo donde el único placer que se obtiene es a partir del dolor del otro. No creo que exista la "envidia sana", sino en todo caso la envidia mezclada con otros sentimientos más nobles. Porque las virtudes, como los vicios, nunca están en nosotros en estado puro.

El envidioso, muchas veces, prefiere tener un objeto y "tirarlo antes de dártelo a vos". Con los celos ocurre algo distinto:

"En los celos hay una relación triangular, hay también algo muy valorado y hay un temor enorme de que eso pueda ser dado a otro.

Generalmente, la persona celosa sufre mucho; vive en una eterna intranquilidad, está todo el tiempo pendiente y atemorizada ante la posibilidad de perder aquello que ama".

De modo muy esquemático pero didáctico, el amigo Rolón distingue tres momentos en la construcción del amor:

1) Enamoramiento;

2) Desilusión;

3) Aceptación de las diferencias y desarrollo del amor.

"En el primer momento el amado es alguien maravilloso, no tiene defectos, nadie es mejor porque está terriblemente idealizado, casi endiosado. El amado se  ve engrandecido en tanto que el enamorado se va empequeñeciendo hasta el punto tal de no poder entender cómo alguien tan perfecto se ha fijado en él.

Por eso depende tanto de su objeto de amor, porque siente que lo completa, lo llena; en esta etapa el enamorado dice frases del tipo: 'yo ya había perdido  la esperanza de encontrar alguien como vos'".


Recordemos que la ilusión es un trastorno de la percepción, que consiste en la visión deformada de un objeto, y es lo que produce el enamoramiento. En este sentido, no debe confundirse con la "alucinación", que radica en una percepción sin objeto: vemos algo ahí donde no hay nada. 

Retomando, diremos que lo que primero es un "qué dulce que es mi novio, me llamó a las 4 de la mañana para saber cómo llegué", con el tiempo se puede transformar en "¿para qué me llama este pelotudo a las 4 de la mañana, no confía en mí o sólo tiene ganas de joderme?".

"Al principio el otro llamaba y el enamorado salía corriendo a su encuentro. En cambio, tiempo después, puede decir que ahora no, que está haciendo otra cosa, que va a pasar después. ¿Por qué ahora puede esperar para verlo y antes no? Porque ha recuperado ese afecto que estaba volcado en su totalidad en el otro, empieza a aparecer el valor propio y vuelve a sentir que es alguien más allá de estar o no con el otro".

Estar eternamente enamorados no es tan bueno como parece. Cuando el otro no puede salir del estado de enamoramiento, termina por asfixiar a la persona amada:

"Me decía una paciente que le resultaba agobiante sentirse tan necesitada por su novio. Se quejaba de que él no podía hacer nada si ella no lo aprobaba, que le consultaba ante cada cosa y terminó esa sesión diciendo: 'por favor, que baje un cambio... soy simplemente una mujer'".

En otras palabras: si esa idealización extrema se prolonga demasiado en el tiempo, termina por no ser grata para ninguno de los dos.


"Lo que ocurre es que hay quienes no están en condiciones psicológicas para emprender una relación sana y, entonces, cuando se les termina la novela rosa, se les termina el amor. Porque, en definitiva, la relación de amor tiene que ver con eso de poder discriminar lo que el otro tiene para dar, de lo que no tiene; y es más, a lo mejor lo tiene pero no lo quiere dar, y es su derecho.

Por eso se hace necesaria una cuota de madurez para tener ese respeto por la voluntad del otro e intentar ser feliz a pesar de esto que no puede o no quiere dar.

Cuando alguien no es respetuoso de esta dinámica, la relación se vuelve patológica. ¿Por qué? Porque va a buscar de cualquier modo lo que no obtiene y va a atormentar al otro, lo va a presionar y esto va a hacer que su pareja se sienta mal, cuestionada y exigida todo el tiempo".

Cuando el celoso o la celosa nos preguntan en qué estamos pensando, muchas veces lo hacen desde el temor a que estemos deseando a alguien que no sea él o ella. El celoso vive abrumado por el temor de perder a la persona amada, y por eso siente la necesidad de controlar con quién está, dónde está y qué es lo que está mirando su pareja.

Al celoso patológico no existe nada que lo conforme, porque quiere tener la exclusividad del deseo del otro, porque lo que busca jamás se lo podrá dar la persona deseada: siempre querrá más.


"Dice Freud que nunca estamos menos protegidos contra el dolor que cuando amamos. Porque es imposible no ser un enamorado en peligro ya que, todo el que ama, corre un riesgo.

El celoso, y llegamos por fin a una primera definición, es aquel al que ese riesgo se le vuelve una tortura".


En mi experiencia, las mujeres celosas -y a los hombres seguramente les pasará más o menos lo mismo- suelen tener arranques que no pueden controlar, de recriminación y desconfianza; al tiempo piden perdón, muchas veces con lágrimas en los ojos o incluso bañadas en llanto, para luego volver a repetir el mismo círculo.


Digámoslo nuevamente para que quede claro: como los celos enfermizos son una falta de amor por uno mismo que el celoso proyecta en la pareja, no podrá estar nunca tranquilo: la falta de confianza en su pareja no es más que la proyección de la desconfianza que siente por sí mismo. El celoso intenta colmar una falta en el otro que en rigor es de él, y por eso lo peor que se puede hacer con una persona celosa es darle el gusto.

"Imaginen que una mujer se levanta a la mañana para ir a trabajar y su pareja la mira y le dice:

-¿Te vas así vestida al trabajo?

-Sí -contesta ella-, ¿por qué?

-No, nada... es que das ordinaria... demasiado provocativa, pero qué se yo, si a vos te gusta.

Pues bien, les aseguro que si esa persona va, se cambia, se ponen un pantalón ancho o un jogging, después va a ser:

-Pero, cómo... ¿vos no llegabas a las seis?

-Sí.

-¿Y qué te pasó?, ya son las seis y cuarto.

Y luego será:

-No, ¿como que te vas a quedar a estudiar en casa de tus compañeros? Mejor vengan a estudiar acá.

O si no:

-No te quedes a dormir, yo te voy a buscar, yo te llevo, yo te traigo...

No hay que ejemplificar mucho más para comprender que esta situación, más tarde o más temprano, va a resultar asfixiante. Y, además, no acabará nunca, porque siempre va a querer algo más, porque en realidad lo que está pidiendo es otra cosa, algo que ni él mismo sabe qué es.

En cambio, si cuando esa mujer sale con la minifalda y él le pregunta: '¿Te vas así?, ella respondiera: 'Sí, me voy así', es cuando, quizá, lo esté ayudando. ¿Por qué? Porque es probable que al no obtener lo que está pidiendo se angustie y, a lo mejor, esa angustia lo va a llevar a buscar algo para resolverla. Un análisis, por ejemplo".

Más allá de que una interpretación maliciosa puede sugerir que Rolón tiende a promover la resolución de la angustia por medio del análisis para cuidar su negocio, efectivamente hay personas que necesitan ayuda psicológica para resolver cuestiones que no son capaces de resolver por sí mismas. La vida moderna está llena de mensajes que promueven las soluciones individuales, los libros de autoayuda, el "hágalo usted mismo", el "sálvese quien pueda". Yo tengo ganas de decir que ese mensaje puede ser profundamente falaz: muchas veces necesitamos ayuda, porque somos seres humanos y no dioses omnipotentes.

Está claro que a veces los celos son razonables: si mi novia me dice que tiene que hablar un tema con el padre de su hijo, para lo cual debe encontrarse a tomar un café, lo entiendo perfectamente. Si me dice "vamos a ir un fin de semana a una cabaña para ver si podemos charlar a fondo el futuro del nene", yo la mando a la mierda. ¿Me explico? 

A muchas personas les molesta que no los celen nunca, pero es porque confunden los celos con el amor, porque no tienen incorporada la importancia que en el amor juegan la confianza y la libertad.

"Si amas a un pájaro déjalo libre; si vuelve a vos es tuyo, de lo contrario nunca lo fue", dicen algunos.

Rolón argumenta, a mi juicio con mucha razón, que pretender que si alguien se va y vuelve es tuyo, o de lo contrario nunca lo fue, es pretender que las cosas son eternas y que no pueden perderse, y no es así como funciona el mundo. La realidad, es decir aquello que se resiste a mis deseos, nos demuestra que como verdad poética, la frase puede sonar linda -bah, a mí me suena demasiado cursi- , pero que en rigor es falsa.

Si no recuerdo mal, Lacan decía que amar es "dar lo que no se tiene a alguien que no lo es". No siempre el amor es algo maravilloso que todo lo vence y todo lo puede. En lo personal, me agrada la idea de Erich Fromm, para quien el amor es también un "arte", y por lo tanto podemos aprender a amar mejor, de modo más pleno y más maduro, más allá de que seamos conscientes que el amor es un sentimiento que viene y se va, hasta cierto punto, más allá de nuestra voluntad. En gran medida, no amamos sino lo inevitable. Considerar al amor un arte es entender que requiere conocimiento y esfuerzo; si en cambio creemos que se trata de una mera sensación placentera fruto del azar, adoptaríamos una postura pasiva, de niño medio pelotudo: casi diría un espectador de televisión ideal.


Esto es todo por el momento.

¡Sean felices!

Rodrigo