domingo, 31 de agosto de 2014

SONETO 18 DE SHAKESPEARE TRADUCIDO AL "PORTEÑO"

tas más buena que un día de verano
mucho más y además sos más hermosa
el vendaval de enero es inhumano
y el verano es cortito poca cosa
el ojazo del cielo nos aplasta
y el oro de sus rayos devalúa
lo hermoso de lo hermoso se desgasta
porque el tiempo es un chorro con ganzúa
pero el verano tuyo no termina
nadie puede robarte ese secreto
ni la muerte que a todos nos fulmina
porque sos inmortal en mi soneto

mientras siga este mundo respirando
esto sigue viviendo y vos brillando 


(traducción: ramón paz)

*

Shall I compare thee to a summer's day?
Thou art more lovely and more temperate:
Rough winds do shake the darling buds of May,
And summer's lease hath all too short a date:
Sometime too hot the eye of heaven shines,
And often is his gold complexion dimm'd;
And every fair from fair sometime declines,
By chance or nature's changing course untrimm'd;
But thy eternal summer shall not fade
Nor lose possession of that fair thou owest;
Nor shall Death brag thou wander'st in his shade,
When in eternal lines to time thou growest:

So long as men can breathe or eyes can see,
So long lives this and this gives life to thee.

Fuente: click acá

sábado, 30 de agosto de 2014

PEARL JAM - "BLACK" (LIVE - MTV UNPLUGGED) :



PEARL JAM -  "BLACK" (LIVE - MTV UNPLUGGED) :

Sheets of empty canvas, untouched sheets of clay/ Were laid spread out before me as her body once did/ All five horizons revolved around her soul as the earth to the sun/ Now the air I tasted and breathed has taken a turn.

Ooh and all I taught her was everything/ Ooh how quick the sun can drop away.

And now my bitter hands cradle broken glass/ Of what was everything/ Oh the pictures have all been washed in black/ Tattooed everything.

I take a walk outside, I'm surrounded by some kids at play/ I can feel their laughter, so why do I see her?

Ooh and twisted thoughts that spin round my head/ I'm spinning, oh I'm spinning/ How quick the sun can drop away.

And now my bitter hands cradle broken glass/ Of what was everything/ Oh the pictures have all been washed in black/ Tattooed everything.

All the love gone bad, turned my world to black/ Tattooed all I see, all that I am, all I'll be, yeah...  
Oh oh Oh oh ooo

I know someday you'll have a beautiful life/ I know you'll be a star in somebody else's sky/ But why, why, why can't it be, can't it be mine?              

We belong together!

viernes, 29 de agosto de 2014

GENI E O ZEPELIM



Geni y el zeppelin.

De los rengos y los tuertos, del bajo fondo del puerto. Ella anduvo enamorada. Su cuerpo es de los errantes, vagabundos y emigrantes... De los que no tienen nada.

Se entregaba desde niña, en garajes o cantinas, tras la pileta, en el monte. Reina de los prisioneros, las locas, los pordioseros, los pibitos del asilo.

A menudo a su cuidado, hay viejitos deshauciados y viudas sin porvenir.

Es buena como son pocas, por eso la ciudad toda, repitiendo ha de seguir:

"Tirenlé piedra a Geni, tirenlé piedra a Geni: hecha está para aguantar, hecha está para escupir; se entrega no importa a quién... ¡Maldita Geni!

Un día surgió brillante, entre las nubes fluctuante, un enorme zeppelin: se paró en los edificios, abrió unos mil orificios, con mil cañones así.

La ciudad toda espantada, se quedó paralizada, casi se volvió jalea. 

Mas del zeppelin gigante, descendió el comandante, diciendo: "cambié de idea. Cuando vi en esta ciudad, tanto horror e iniquidad, resolví hacerla explotar. Mas puedo evitar el drama, si es que aquella hermosa dama, de noche se entrega a mí".

Esa dama era Geni, mas no puede ser Geni, hecha está para aguantar, hecha está para escupir. Se entrega no importa a quién... ¡Maldita Geni!
  
Sin que se lo propusiera, de tan ingenua y sincera, cautivó al forastero. El guerrero tan vistoso, tan temido y poderoso, quedó de ella prisionero. 

Ocurre que la doncella -y eso era secreto de ella- tenía también sus caprichos. Y a darse a hombre tan pobre; tan oliendo a brillo y cobre, prefería amar los bichos. 

Al oir tal herejía, la ciudad en romería, su mano vino a besar

El prefecto de rodillas, el obispo a hurtadillas, el banquero y su millar: "Anda con él, ve Geni. Anda con él, ve Geni. La que nos puede salvar, la que nos va a redimir, se entrega no importa a quién... ¡Bendita Geni!

Fueron tantos los pedidos, tan sinceros, tan sentidos, que ella dominó su asco. Esa noche lancinante, entregóse a tal amante, como quién se da al verdugo.

Tanta suciedad él hizo, relamiéndose de vicio, hasta quedarse saciado. Y no bien amanecía, partió en una nube fría, con su zepelín plateado.

Con un suspiro aliviado, ella se acostó de lado, y trató de sonreír. Mas luego al rayar el día, la ciudad en gritería, ya no la dejó dormir

¡Tirenlé piedra a Geni! ¡Tirenlé piedra a Geni! Hecha está para aguantar, hecha está para escupir. Se entrega no importa a quién... ¡Maldita Geni!

ALEJANDRA PIZARNIK Y SALA DE PSICOPATOLOGÍA

"Escribir es darle sentido al sufrimiento" (anotación de A. Pizarnik en su diario, 1971)


"Y cuando me asomé a la ventana altísima, sobre la calle que miré sin ver, me sentí de repente uno de esos trapos húmedos con los que se limpian cosas sucias y que, dejados en la ventana para secar, se olvidan, retorcidos, en el parapeto que manchan lentamente" (Bernardo Soares)

El ser humano se asemeja a un puntito negro, que la muerte va y se traga. Alberto Manguel escribió alguna vez que Alejandra Pizarnik parecía siempre la más joven de todos en cualquier reunión: porque tenía cara de nena y además era pequeña, menuda y de mirada traviesa. También dijo que tenía el hábito de hablar con la seguridad de un niño, señalando verdades simples que todos los demás son demasiado adultos para destacar. 

La cuestión es que hace un tiempo volví a leer Sala de psicopatología, poema que Pizarnik escribió durante su estadía en el Hospital Pirovano. Es un poema bellísimo e irregular, que parece escrito con aquella mezcla de juego y método llamado "asociación libre", inventado por los surrealistas con ayuda de Freud.


Al leer nuevamente el poema me surgieron algunas reflexiones -tal vez obvias, o tal vez afanadas de algún ensayo de Susan Sontag- como aquella que asegura que la dicha y el placer son mudos, y que sólo la desgracia y el sufrimiento hablan. Las voy poniendo al azar, mientras me vienen a la memoria (los recuerdos surgen en avalancha, pero como el lenguaje es sucesivo, los ordena a su manera):

Hay mucho de cierto en aquellos que afirman que la nuestra es una era que persigue conscientemente la salud y que, sin embargo, sólo cree en la realidad de la enfermedad. Mesuramos la verdad en términos de costo en sufrimientos para el escritor, y no a partir de la pauta de una verdad objetiva, a la que corresponderían sus palabras. Todas y cada una de nuestras verdades deben tener un mártir.

Personalidades como las de Kierkegaard, Nietzsche, Dostoievski, Artaud, Kafka, Pessoa, Baudelaire, Rimbaud o la misma Alejandra Pizarnik tienen autoridad sobre nosotros precisamente por su aire enfermizo. Si perseguimos nuestra salud mental, preferiremos ser felices y escribir mal que pagar el precio que ellos han pagado por su arte. 

Me considero lo suficientemente cuerdo como para no querer vivir la vida de Kafka ni la de Rimbaud ni la de Pizarnik, porque no quiero sufrir como ellos, pero no puedo dejar de conmoverme con esa gente, porque está entre las poquísimas que se animan a mirar al abismo de frente y con los ojos bien abiertos. Hay que tener mucho coraje para eso. No hablo del tipo que se tira en parapente y desafía el peligro. No hablo del enajenado que se agarra a trompadas con media hinchada de Chacarita. No, no, no, ni amor a la adrenalina ni terror al aburrimiento ni cultivo de la violencia para escapar de la falta de sentido. No, simplemente CORAJE literario.

El poema tiene fragmentos hermosísimos, que me recordaron a Pessoa haciéndole decir a Alberto Caeiro:

"No tengo ambiciones ni deseos./ Ser poeta no es una ambición mía, /es mi manera de estar solo".


Tal vez el motivo fundamental por el que uno escribe es para ser querido, no por todos ni por muchos sino por aquéllos que cuentan. También sé que los motivos para escribir se abren al infinito: para huir del dolor, para provocar, para llamar la atención, para seducir, para hacernos odiar por alguien que nos cae antipático, para evitar pegarnos un tiro... Supongo que Alejandra Pizarnik escribía impulsada por un ardor interior que no le permitía dejar de hacerlo, y también para huir de la muerte y para hacerse querer y para mostrarnos que no se puede decir lo indecible y por tantísimas causas que uno ignora y que seguramente ella también. 



Los amores auténticamente trágicos son los amores de los niños, de los viejos y de los tullidos, porque no tienen esperanza... Hay una hermosa escena de la película "Babel", donde una japonesa sordomuda está rodeada de chicos que por su discapacidad ni la registran: más adelante se desnuda y se ofrece a un oficial de policía que la mira totalmente extrañado sin saber qué hacer, y luego viene el padre, la cubre con una manta y la abraza en silencio. Es posible que Alejandra Pizarnik haya intuido algo de ese carácter trágico cuando, desde algún rincón del hospital, observó a esa "señora originaria del más oscuro barrio de un pueblo que no figura en el mapa", posiblemente medio loca de tanta soledad, que le dice "el dotór me dijo que tengo problemas. Yo no sé. Yo tengo algo aquí (se toca las tetas) y unas ganas de llorar que mama mía".

Destaco algunos fragmentos del poema que me han gustado:

y como soy tan inteligente que ya no sirvo para nada,
y como he soñado tanto que ya no soy de este mundo,
aquí estoy, entre las inocentes almas de la sala 18,
persuadiéndome día a día
de que la sala, las almas puras y yo tenemos sentido, tenemos destino,

Es obvio que si está tratando de persuadirse de que ella y las almas tienen sentido es porque no está muy segura…

porque -oh viejo hermoso Sigmund Freud- la ciencia psicoanalítica
se olvidó la llave en algún lado:
abrir se abre
pero ¿cómo cerrar la herida?
El alma sufre sin tregua, sin piedad, y los malos médicos no restañan la herida que supura.
El hombre está herido por una desgarradura que tal vez, o seguramente, le ha causado la vida que nos dan.


Y luego este fragmento me parece profundamente verdadero:


pero le pasó (a Kafka) lo que a mí:
se separó
fue demasiado lejos en la soledad
y supo -tuvo que saber- que de allí no se vuelve
se alejó -me alejé-
no por desprecio (claro es que nuestro orgullo es infernal)
sino porque una es extranjera
una es de otra parte,
ellos se casan,
procrean,
veranean,
tienen horarios,
no se asustan por la tenebros
aambigüedad del lenguaje
(no es lo mismo decir Buenas noches que decir Buenas noches)
El lenguaje-
yo no puedo más,
alma mía, pequeña inexistente,
decidíte;
te las picás o te quedás,
pero no me toques así,
con pavura, con confusión,
o te vas o te la picás,
yo, por mi parte, no puedo más.


Y luego esta parte:

Para reunirme con el migo de conmigo y ser una sola y misma entidad con él tengo que matar al migo para que así se muera el con y, de este modo, anulados los contrarios, la dialéctica supliciante finaliza en la fusión de los contrarios.
El suicidio determina un cuchillo sin hoja
al que le falta el mango.
Entonces:
adiós sujeto y objeto,
todo se unifica como en otros tiempos, en el jardín de los cuentos para niños lleno de arroyuelos de frescas aguas prenatales,
ese jardín es el centro del mundo, es el lugar de la cita, es el espacio vuelto tiempo y el tiempo vuelto lugar, es el alto momento de la fusióny del encuentro,
fuera del espacio profano en donde el Bien es sinónimo de evolución, de sociedades de consumo,
y lejos de los enmierdantes simulacros de medir el tiempo median-te relojes, calendarios y demás objetos hostiles,




De modo semejante a Pessoa, tal vez Alejandra Pizarnik concibe al ser humano como una suerte de insecto ciego e inane que zumba contra una ventana cerrada. Instintivamente presiente que hay luz y calor más allá del vidrio, pero es ciego y no puede verla, ni puede ver aquello que se interpone entre él y la luz. Por eso lucha confusamente por acercarse a ella. Puede apartarse de la luz, pero no consigue aproximarse a ella más de lo que el vidrio lo permite. ¿Cómo irá a ayudarlo la ciencia? Puede descubrir la irregularidad y las protuberancias propias del vidrio, puede constatar que el cristal es aquí más grueso y por allá más fino, más grosero de un lado y en otra zona más delicado. ¿Pero hasta qué punto se aproxima el científico a la luz? ¿Y el filósofo?

jueves, 28 de agosto de 2014

PRIMO LEVI Y LA IMPORTANCIA DE COMPRENDER

Rescato una frase de Barenboim sobre el conflicto palestino-israelí, en respuesta a ésta entrevista:

"Es un conflicto entre dos pueblos, el israelí y el palestino, que están profundamente convencidos de tener el derecho de vivir sobre el mismo (pequeño) pedazo de tierra, y eso, sin el otro".

No voy a extenderme sobre un asunto por demás complejo. Aunque soy agnóstico y mi herencia es católica, el conflicto de Medio Oriente me interesa como ser humano primero, y como argentino luego. No olvidemos que en mi país tenemos una de las comunidades judías más numerosas del mundo. Lo que están haciendo con el pueblo palestino es realmente perverso. Sin embargo, hoy quiero destacar el esfuerzo por comprender de algunas personas que en este sentido son ejemplares. Podría hablar de Vasili Grossman, de Margarete Buber-Neumann o de Viktor Frankl; en este caso me quiero centrar en algunos fragmentos de la obra de Primo Levi.

Ante todo digamos que historia es lo que nos concierne, el resto es erudición. Lo que sigue es, básicamente, un resumen/comentario a “La zona gris”, posiblemente el capítulo más importante de Los hundidos y los salvados. ¿Para qué leerlo hoy? Para no repetir el reclamo histérico de tantas personas que hacen catarsis y, en lugar de reclamar justicia o de luchar por una sociedad mejor, piden a los gritos sangre y venganza. Los peores enemigos que tenemos para entender los sucesos históricos y políticos son el maniqueísmo, el odio, el deseo constante de tranquilidad y la pereza mental.


Estamos hablando de la voluntad de comprender el nazismo de parte de un judío italiano deportado a Auschwitz a los veinticuatro años, en 1944, donde sobrevivió en condiciones infrahumanas. Estamos hablando de una persona que vio muchas de las peores atrocidades que los seres humanos son capaces de hacerle a otros seres humanos, y que pese a todo se esforzó por entender a sus verdugos. ¿Para que la historia no se repita? No, porque la historia nunca se repite, y ese es el gran truco: el crimen siguiente revestirá una forma distinta para que no lo reconozcan.

“Los monstruos existen, pero son demasiado poco numerosos para ser verdaderamente peligrosos; los que son realmente peligrosos son los hombres comunes”

La actitud adoptada por Levi con respecto a los responsables del mal no es ni perdón ni venganza, sino justicia. “No tiendo a perdonar, nunca he perdonado a ninguno de nuestros enemigos de entonces, al igual que no me siento dispuesto a perdonar a sus imitadores (…) porque no conozco actos humanos que puedan borrar una falta”.


Como bien dice Tzvetan Todorov en Memorias del mal, tentación del bien:

“Tenemos la impresión de que el perdón es, sobre todo, útil para quien lo concede, para permitirle vivir en paz; pero no tenemos derecho a convertirlo en una exigencia general. El perdón judicial, o amnistía, es igualmente inaceptable si se produce antes de cualquier juicio y se refiere a actos tan graves como el asesinato, la tortura, la deportación o la esclavización: supone suspender la propia idea de justicia en nombre de factores considerados superiores, como la paz civil. El perdón es una opción personal, mientras que el crimen desborda el marco privado. La falta, la ofensa, el crimen no sólo lastimaron al individuo que fue su víctima; quebraron, o en  todo caso perturbaron, el propio orden social, que implica la idea de justicia y de retribución”.

Levi tampoco cree en la venganza, ya que no arregla nada, sino que añade nueva violencia a la violencia precedente, en un movimiento pendular que se amplía con el tiempo en vez de amortiguarse.

EL DESEO DE SIMPLIFICACIÓN

Lo que entendemos por comprender coincide, muchas veces, con “simplificar”: si no  redujéramos el caos del mundo que nos rodea, según Primo Levi, sería “un embrollo infinito e indefinido que desafiaría nuestra capacidad de orientación y de decidir nuestras acciones". Estamos obligados a reducir la realidad a un esquema mínimamente cognoscible.


La tendencia al esquematismo, como forma de economía del pensamiento o de necesidad pedagógica, afecta la manera en que percibimos la historia. Al abordar los acontecimientos históricos, solemos huir de la complejidad, de las medias tintas; nos inclinamos a reducir el caudal de los sucesos humanos a los conflictos, y el de los conflictos a los combates entre dos adversarios claramente diferenciados: nosotros y ellos, unitarios y federales, peronistas y antiperonistas, nacionalistas y liberales.

Según Primo Levi, “el deseo de simplificación está justificado; la simplificación no siempre lo está”. Y es que la mayor parte de los sucesos históricos y naturales no son nada simples, o no tienen la simplicidad que desearíamos que tengan.

“En quien  lee (o escribe) hoy la historia de los Lager es evidente la tendencia, y hasta la necesidad, de separar el bien del mal, de poder tomar partido, de repetir el gesto de Cristo en el Juicio Final: de este lado los justos y del otro los pecadores. Y, sobre todo, a los jóvenes les gusta la claridad (los cortes definidos); como su experiencia del mundo es escasa, rechazan la ambigüedad”.

Y acá viene algo que es central: Levi nos dice que los mismos prisioneros que recién ingresaban al Lager, creían estar entrando a un mundo terrible pero descifrable, donde los enemigos estaban claramente diferenciados. Sin embargo, dentro del universo concentracionario, el “nosotros” perdía sus límites, “los contendientes no eran dos, no se distinguía una frontera sino muchas y confusas, tal vez innumerables, una entre cada uno y el otro. Se ingresaba creyendo, por lo menos, en la solidaridad de los compañeros en desventura, pero éstos, a quienes se consideraba aliados, salvo en casos excepcionales, no era solidarios: se encontraba uno con incontables mónadas selladas, y entre ellas una lucha desesperada, oculta y continua. Esta revelación brusca, manifiesta desde las primeras horas de prisión –muchas veces de forma inmediata por la agresión concéntrica de quienes se esperaba que fuesen los aliados futuros-, era tan dura que podía derribar de un solo golpe la capacidad de resistencia. Para muchos fue mortal, indirecta y hasta directamente: es difícil defenderse de un ataque para el cual no se está preparado”.

La finalidad principal del sistema  consistía en destruir la capacidad de resistencia del adversario, de ahí que Levi titule su primer libro Si esto es un hombre. ¿Acaso una persona loca de hambre y sed, tatuada y rapada, esquelética, rodeada de muerte y dolor, al ser rescatada por los soldados aliados, era realmente un ser humano? Lo era en cierto modo, si tenemos en cuenta que sólo los seres humanos son capaces de "deshumanizar" a sus semejantes.

Los prisioneros nuevos, comúnmente, eran maltratados por los más viejos. Borges dijo que la humanidad consiste en ser partes de una misma penuria. Pues parece que no se cumplía el sentimiento de humanidad en individuos deshumanizados. La ausencia de solidaridad entre oprimidos, nos dice Levi, era una fuente de dolor adicional.

“(…) la multitud despreciada de los ‘antiguos’ tendía a ver en el recién llegado un blanco en quien desahogar su humillación, a encontrar a su costa una compensación, a crear a su costa un individuo de menor rango a quien arrojar el peso de los ultrajes recibidos de arriba”.

La siguiente reflexión de Primo Levi me parece fundamental:

“Es ingenuo, absurdo e históricamente falso creer que un sistema infernal, como era el nacionalsocialismo, convierta en santos a sus víctimas, por el contrario, las degrada, las asimila a él, y tanto más cuanto más vulnerables sean ellas, vacías, privadas de un esqueleto político o moral”.

No existe un espacio vacío y tajante entre víctimas y victimarios. Según Levi, el espacio está “constelado de figuras torpes o patéticas (a veces poseen al mismo tiempo las dos cualidades) que es indispensable tener presentes si queremos conocer a la especie humana, si queremos poder defender nuestras almas en el caso de que volvieran a verse sometidas a otra prueba semejante o si, únicamente, queremos enterarnos de lo que ocurre en un gran establecimiento industrial”.

Los prisioneros privilegiados eran minoría en el campo, pero fueron mayoría entre los sobrevivientes. El mismo Levi es un ejemplo, dado que sobrevivió en gran medida gracias al hecho de trabajar como químico y no como un peón sin cualificación.

“Consumidas en dos o tres meses las reservas fisiológicas del organismo, la muerte por hambre o por enfermedades causadas por el hambre era el destino habitual del prisionero. Sólo podía evitarse con un suplemento alimenticio y, para obtenerlo, se necesitaba tener algún privilegio, grande o pequeño; es decir, un modo conferido o conquistado, astuto o violento, lícito o ilícito, de elevarse por encima de la norma”.

Otra cuestión, que contrasta con el imaginario hollywoodense de los esclavos y las víctimas revelándose valientemente contra los invasores, los alienígenas o los amos despiadados, consiste en que “cuanto más dura es la opresión, más difundida está entre los oprimidos la buena disposición para colaborar con el poder. Esa disposición está teñida de infinitos matices y motivaciones: terror, seducción ideológica, imitación servil del vencedor, miope deseo de poder (aunque se trate de un poder ridículamente limitado en el espacio y en el tiempo), vileza e,  incluso, un cálculo lúcido dirigido a esquivar las órdenes y las reglas establecidas”.

Los prisioneros que tenían algún tipo de privilegio, luchaban por conservarlo, aunque fuera mínimo: barrenderos, lavaplatos,  guardias nocturnos, hacedores de camas, detectadores de piojos y sarna… Rara vez eran violentos, pero tendían a crearse, según Levi, una mentalidad corporativa, y a defender con energía su “puesto de trabajo” contra quienes, desde abajo, trataban de quitárselo.

Se ha hablado mucho sobre la identificación entre víctima y verdugo, sobre el síndrome de Estocolmo… varios enfoques son serios y fundamentados. Sin embargo, hay una popular gansada que indica que en cada uno de nosotros anida una suerte de “enano fascista” que convive con otro aspecto de nuestro yo más  dialoguista y civilizado.

Levi se alza con vehemencia contra la visión que intenta borrar las fronteras entre víctimas y victimarios. Por caso, cineastas como Liliana Cavani, autora de la controvertida película Portero de noche, que pretende evocar la vida de los campos. Tratando de explicar el sentido de su obra, Cavani declaró: “Todos somos víctimas o asesinos y aceptamos esos papeles voluntariamente. Sólo Sade y Dostoievski lo han comprendido bien”.

El tipo deja muy clara su discrepancia: “(…) no sé, ni me interesa, si en mis profundidades anida un asesino, pero sé que he sido una víctima inocente y que no he sido un asesino; sé que ha habido asesinos y no sólo en Alemania, y que todavía hay, retirados o en servicio, y que confundirlos con sus víctimas es una enfermedad moral, un remilgo estético o una siniestra señal de complicidad; y, sobre todo, es un servicio precioso que se rinde (deseado o  no) a quienes niegan la verdad”.

Y luego viene un fragmento que es IMPORTANTÍSIMO:



“Haber concebido las Escuadras ha sido el delito más demoníaco del nacionalsocialismo. Detrás del aspecto pragmático (economizar hombres válidos, imponer a los demás las tareas más atroces) se ocultan otros más sutiles. Mediante esta institución se trataba de descargar en otros, y precisamente en las víctimas, el peso de la culpa, de manera que para su consuelo no les quedase ni siquiera la conciencia de saberse inocentes”.

Para seguir leyendo:

GOMBROWICZ, LA JUVENTUD Y LA BELLEZA

“¡¡Detente rostro de Olivia Hussay en Romeo and Juliet, eres tan hermoso!!”, podría haber dicho Goethe en su Fausto. ¿Göthe pasa Clarín, estás nerviosho? 


I hope I die before I get old -"espero morir antes de volverme viejo"-, cantaba Roger Daltrey a mediados de los 60’s. Ahora Roger está old, pero en aquel entonces estaba in his twenties. 



En ese mismo período, Witold Gombrowicz (1904-1969) hacía largos años que se sentía un viejo choto:


“Gombrowicz era terriblemente impiadoso con la fealdad del cuerpo, con la del suyo y con la de los demás también. Cuando algún joven despistado se le presentaba como admirador de Neruda y de sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Gombrowiz se retorcía en la silla, no podía soportar la presencia del cuerpo viejo y corrompido de Neruda al lado de ese canto al amor”, nos dice Juan Carlos Gómez, alias “Goma”, alias una de las personas que más sabe del escritor polaco.


Parece que en Piriápolis, el tipo no se animaba a mostrarse en traje de baño, porque le resultaba desagradable exponer las varices de sus piernas a la luz del sol.

Digresión: en lo personal, me parece que un buen camino para abrazar la infelicidad es la idealización de la juventud y la belleza combinada con un excesivo sentimiento trágico de la existencia a la Miguel de Unamuno/Ernesto Sótano; por eso es que un tipo como Alejandro Dolina parece sufrir tanto el paso del tiempo. Además, la vejez es una de las etapas de la vida que más dura -unos treinta o cuarenta años; en tanto que la juventud, a lo sumo, se extiende por quince años.


Entiendo que todas las épocas han tenido miedo a morir y a envejecer. Sin embargo,  lo que ocurre hoy es sintomático: pareciera que ser viejo es un pecado mortal (y agregaría que ser gordo, en buena parte de nuestra sociedad, es muchísimo peor que ser un burro). En fin, dejemos hablar a Savater, que es bastante pedagógico para expresar lo que piensa:

"Lo que sí parece  un fenómeno nuevo es que en nuestra época no existe un modelo positivo para las personas mayores. Los viejos tenemos que fingir que somos jóvenes porque el que no es joven está enfermo en nuestra sociedad. La juventud, por razones sociológicas, de consumo, etcétera, se ha convertido en la totalidad de la vida; si no quieres ser excluido, debes fingir que eres joven hasta la tumba".

Y luego viene una cita de Voltaire que me parece fundamental: "Quien no tiene las virtudes de su edad, tendrá que cargar sólo con sus defectos". 

Prosigo: el “Goma” dice que Don Witoldo era muy respetuoso y atento con el dolor de sus amigos. Sin embargo, “la repugnancia que sentía Gombrowicz por la fealdad corporal es un rasgo suyo que me resulta incomprensible, a menos que se lo analice exclusivamente bajo la óptica de su homosexualidad y se lo entienda como una consecuencia. En la vida corriente Gombrowicz tenía una actitud benevolente con las miserias humanas, especialmente con aquellas por las que una persona sufre, pero aquí, ¡mi Dios!, no queda títere con cabeza”.


El autor de Ferdydurke lo deja clarísimo en el siguiente fragmento: “¡Oh! ¡Estoy mortalmente enamorado de la carne! La carne es para mí casi decisiva. Ningún espíritu podrá resarcir a nadie de la fealdad corporal, y el hombre no atractivo físicamente siempre pertenecerá para mí a la raza de los monstruos (…) ¡Ah, cómo necesito esta consagración a través del cuerpo! La humanidad se divide para mí en dos partes: una, corpóreamente atractiva, y la otra, repugnante, y la frontera entre ellas es tan clara que no dejo de asombrarme (…) ¡Porque ser artista significa estar mortal, incurable, apasionadamente enamorado, pero también salvaje e ilegítimamente…!”


Cada cierto tiempo, no muy frecuente, nos sorprende la visión de una mujer extremadamente bella, que suspende el pensamiento, y nos sentimos en contacto con “la divinidad”:


“Todo era verde y azul, agradable y ameno. En una parada sube una muchacha que… ¿cómo decirlo? La belleza tiene sus misterios. Hay muchas melodías bellas, pero sólo algunas son como una mano que oprime la garganta. Esta belleza era tan magnetizadora que todos se sintieron extraños y quizás, incluso, avergonzados; nadie se atrevía a admitir que la observaba, aunque no había ni un par de ojos que no contemplara a escondidas aquella espléndida aparición. De repente, la muchacha, con toda la tranquilidad del mundo, se puso a hurgarse la nariz”.


En 1890, el escritor irlandés Oscar Wilde –quien también era manflora- publicó The picture of Dorian Gray (El retrato de Dorian Gray), una suerte de recreación del mito fáustico, al tiempo que la concreción de sus teorías vitalistas y neopaganas. En ese relato, Wilde tiene como eje el hedonismo y el culto apasionado por la Belleza y la Juventud, y también la belleza de la juventud, como móviles del individuo y como religión de quien busca la plenitud del instante. 


Para quienes no lo leyeron, resumo el argumento: Dorian Gray es un joven muy hermoso stop. Se dedica a hacer de su vida una obra de arte, se entrega a placeres efímeros, ajeno a cualquier moral, inalterablemente joven, mientras un retrato suyo va envejeciendo y recibiendo los signos del deterioro moral y físico stop. Uno de los personajes más interesantes es lord Henry Wotton, un Jorge Asís aristocrático que dice pelotudeces ingeniosas como “pues sólo hay en el mundo una cosa peor que el que hablen de uno, y es que no hablen”. Muchos participantes de Gran Hermano, que son más pelotudos que el fan número uno de Wanda Nara, obedecen a este postulado henrywottoniano.


Hay un fragmento donde Dorian afirma que jamás ha buscado la felicidad: ¡Qué importa la felicidad! Yo he buscado el placer!”


A mi juicio, las personas que pretenden hacer de su vida una obra de arte o quienes ponen al arte muy por encima de la política o la moral me suelen resultar medio antipáticos stop. Ese tipo de personajes tienen tanto miedo de aburrirse que son capaces de hacer mil y un cagadas con tal de no experimentar tedio stop. En cierto sentido, el neopaganismo coloca el placer por encima de la felicidad, entendida ésta como una suerte de virtud acomodaticia y burguesa; y bajo otro aspecto, como una casi negación de la intensidad que debe conllevar necesariamente el drama. Rewind (?)


¿Es preferible durar o arder? ¿Elegimos consumirnos pronto, como un leño seco bajo las llamas, como Jim Morrison o Jazmín De Gracia; o cocinarnos a fuego lento cual Mariano Closs? "Todos los extremos son malos", diría mi abuela mientras se clava medio litro de vodka. 

Para seguir leyendo (si querés, si no querés no, nadie te obliga loco, todo bien): pinchar acá.

EL “ELITISMO”, EL GUSTO Y LA ENTROPÍA ESTÉTICA





Se dice que la lírica y la música del flaco es “elitista” y “pretenciosa”, y más aburrida que chupar un clavo. Por eso, antes de postear mi opinión sobre la discusión que provocó Oscar Cuervo, quiero aclarar algunos aspectos que me parecen pertinentes:

La democracia moderna, para Claude Lefort, es inseparable de la indeterminación de sus fundamentos, de la infigurabilidad del poder, de la ley y del saber. La democracia implica el desvanecimiento de los referentes últimos de la certeza. Esto no implica relativismo, pues la democracia es esa forma de sociedad que convierte la búsqueda sin garante, sin término, de identidad, en una forma de identidad. Todo esto se conecta con el proceso de desencantamiento del mundo, con el desarrollo del sujeto autónomo y la mar en coche que da como resultado la producción de artistas que deciden cagar, enlatar su propia mierda y exponerla en un museo como obra de arte. Otros hacen arte aplicándose cirugías estéticas sobre su propio cuerpo. En fin...


ELITISMO:


Según Terry Eagleton, “es un error confundir jerarquía con elitismo. El término “elite” es lo suficientemente nebuloso que a veces se lo confunde con “vanguardia” (se esté de acuerdo o no con las vanguardias), que es algo bastante diferente. El elitismo es una creencia en la autoridad de unos pocos selectos, lo que en términos culturales suele sugerir que los valores son o deben ser preservados por un grupo privilegiado, elegido por sí mismo o de otra manera, cuya autoridad deriva de cierto status además de su formación cultural (su origen social o religioso, por ejemplo) o sólo su barniz cultural”. (Las Ilusiones del posmodernismo, capítulo 5: "Falacias").




El término “jerarquía”, en sentido amplio, nos remite a cierto orden de prioridades, con lo cual si bien no todo el mundo es “elitista”, el mundo es necesariamente jerárquico. La democracia no implica la ausencia de ranking, sino privilegiar los intereses del pueblo como un todo por sobre los intereses de los grupos poderosos y antisociales.

Como es obvio, no se puede pensar sin discriminar: si Messi nos parece tan buen jugador como Cellay no somos democráticos, sino personas que miran el fútbol con dos fetas de salame en los ojos. O quizá lectores compulsivos de Olé, o televidentes convencidos de que el contenido de los programas de Fernando Niembro o Alejandro Fantino nos revelan la verdad de la milanga futbolera por medio del análisis de cuántos quilómetros recorrió Xavi o por qué tal o cual jugador no grita el himno con la mano en el pecho.

LA ENTROPÍA ESTÉTICA

Hoy en día, la cultura estética es más rica y compleja que cualquiera que la humanidad haya vivido en el pasado: nuestro mundo está cada vez más constituido estéticamente, y somos atravesados por el discurso y las imágenes de infinidad de medios de comunicación, información e intercambio. A nadie se le escapa que estamos inundados por redes de información que crecen en progresión geométrica, y nos abruman con una inmensa cantidad de datos que afectan e incluso anestesian nuestros sentidos.

La enorme dificultad e incapacidad del juicio estético para argumentar con fundamentos teórico-conceptuales en relación con el arte contemporáneo, no se debe tanto a estolidez o endeblez mental, sino a un cierto estado de entropía estética, motivada en parte por el agotamiento de las diversas neovanguardias. Y ni hablemos del rock, donde ya todo nos suena a “pastiche” de música que ya se ha hecho (lo cual no quiere decir que uno no la pueda llegar a disfrutar mucho). ¡Hemos visto, escuchado y leído demasiado acerca del rock (y acerca de casi todo)!

Como bien nota el filósofo catalán Gerard Vilar, hubo un tiempo en que cualquiera sabía qué era el arte, cuál era su lugar y para qué servía. Incluso en plena Edad Media, el campesino más analfabeto de un valle perdido en los Pirineos podía reconocer un Pantocrátor, un San Pedro o al Tentador e interpretar los acontecimientos de la historia sagrada o los símbolos a los que aludían los frescos, los retablos o los altorrelieves de la pequeña iglesia local. El arte narraba una historia sagrada cuya referencia era clara. “Como el arte era algo tan obvio, pocos o ninguno se preguntaban por su existencia, su naturaleza y su razón de ser” (G. Vilar)

Para un campesino de la Edad Media, el siguiente fragmento acerca de la utilidad de la literatura escrito por Georges Bataille sería ininteligible:

“Lo que a menudo distorsiona el asunto es la preocupación por ser útil que tiene un escritor débil.

Cada hombre debe ser útil a sus semejantes, pero se vuelve su enemigo si no hay nada en él más allá de la utilidad.

La caída en la utilidad por vergüenza de uno mismo, cuando la divina libertad, lo inútil, acarrea la mala conciencia, es el comienzo de una deserción. Se les deja el campo libre a los arlequines de la propaganda.

(…) No puede ser útil porque es la expresión del hombre-de la parte esencial del hombre- y lo esencial en el hombre no es reductible a la utilidad. A veces un escritor se rebaja, harto de soledad, dejando que su voz se mezcle con la multitud. Que grite con los suyos si quiere –mientras pueda-, si lo hace por cansancio, por asco de sí mismo, sólo hay veneno en él, pero les comunica ese veneno a los demás: ¡miedo a la libertad, necesidad de servidumbre! Su verdadera tarea es la opuesta: cuando revela a la soledad de todos una parte intangible que nadie someterá nunca. A su esencia le corresponde un solo fin político: el escritor no puede sino comprometerse en la lucha por la libertad anunciando esa parte libre de nosotros mismos que no pueden definir fórmulas, sino solamente la emoción y la poesía de obras desgarradoras”.

Hay muchas formas de definir al hombre (o al “ser humano”, para decirlo de un modo más contemporáneo): el animal que ríe, el animal que sabe su muerte, el animal racional...


Según Vilar: “hay otras especies que juegan, que tienen lenguajes, que en algún sentido trabajan, que hacen herramientas, que son altruistas, etc., pero ninguna crea nada ni remotamente parecido a las obras de arte. Es algo único de la especie humana que nos diferencia auténticamente del resto de la naturaleza, acaso lo único que nos separa realmente de las demás especies”.

Dicho todo esto, el polémico post dice lo siguiente:

Encadenado al ánima "fue editado en 1975, unos meses después estallaría en el mundo un movimiento (que acá tardaría aún varios años en llegar): el punk, para el cual un tema como este, de estructura irregular, con nueve partes distintas, con cortes rítmicos que interrumpen los intentos de danza, con cambios armónicos desconcertantes... esto es lo que los punks aborrecerían.

Yo creo que el punk, que apareció en ese momento como una irrupción liberadora, fue al cabo una restauración de los valores más conservadores de la cultura pop, fue una ofensiva de la derecha del rock. Esta música se había tomado demasiadas libertades, se había vuelto imprevisible, había que volver a los temas radiables de dos minutos y medios, había que volver a los tres tonos, y allí fueron los dóciles Pistols y los dóciles Ramones, a preparar el terreno para el triunfo neo-conservador del pop plástico de los 80.

Hoy vuelvo a escuchar a Invisible y creo que esta música se está tocando mañana, que está muy bien que les joda a todos los que apuestan a que el rock es entertainment. Invisible lo hizo, pero nuestras orejas aún no terminaron de acostumbrarse.

Que la sigan mamando!"

EL RESENTIMIENTO, LA POLÍTICA Y LA CORRUPCIÓN

No importa que uno tenga la intención de “no meterse en política”: la política siempre se meterá con uno. Todo aquél que presuma de no estar interesado en política, deberá saber que otros la estarán haciendo en lugar suyo. En lo personal, adhiero a la frase de Churchill respecto de que “la democracia es el peor sistema político, exceptuados todos los demás”. Aquellos que dicen que la nuestra es una democracia ficticia, deben entender que todos los sistemas políticos son ficciones, invenciones, construcciones hechas por el hombre en sociedad.


Cualquiera de nosotros, al menos parcialmente, podremos sentirnos identificados con esto que dice Savater respecto de España:


“(…) lo que pasa en este país es que a despotricar ya se lo considera hacer política. Quien critica ya cree que ha entrado en política. Hasta los treinta años viví en una dictadura donde todo el mundo criticaba a Franco en el bar, y después se iban al trabajo sin mover un dedo, no tenían la más mínima intención de actuar”. (Ética de urgencia)


Por eso es que hoy tenía ganas de seguir un poco la discusión (conmigo mismo, ya que no me lee nadie) respecto del post anterior.


LA POLÍTICA Y EL RESENTIMIENTO


A diferencia de la ira, que en su justa medida es necesaria (por ejemplo, para rebelarse frente a la injusticia), el resentimiento es como la envidia, funciona a pura pérdida. El funcionario o el ciudadano resentido es aquél que actúa como si pensara: “prefiero hundirme contigo antes de seguir viendo tu triunfo”. Es como la gente que dice “ojalá que a la selección le vaya mal, para que expulsen a tal persona”; o “espero que los porteños se vean perjudicados, por haber votado a Macri” (pongo el ejemplo de Macri por ser alguien con cuyo proyecto político disiento), y así siguiendo. El resentido no se reconocerá a sí mismo como resentido, sino que tenderá a disfrazar su vicio de virtud: “si vos te perjudicás, los argentinos/la patria/la nación/el club, nos veremos beneficiados”. En este sentido, pienso en algunas respuestas de Horacio Tarcus durante una entrevista a propósito de la obra de Milcíades Peña:


"Al igual que pasa con el tema YPF, la izquierda plantea lo mismo en el tema derechos humanos. “¿Qué hacían los Kirchner en los ’90? Lo que importa es lo que están haciendo ahora. Esa crítica me parece mezquina, muestra lo peor que tiene la izquierda: el resentimiento de haber perdido. Y cuando el kirchnerismo toma medidas por las que la izquierda venía peleando hace mucho tiempo, dicen: ‘Lo hacen por oportunistas’ ¿Es imposible pensar una izquierda revolucionaria que luche por reformas? (…) La propia Rosa Luxemburgo, en “Reforma o revolución” –un texto que para mí es inactual-, empieza el libro con una clarividencia extraordinaria. Dice que los revolucionarios no estamos en contra de los proyectos de reforma, estamos en contra de creer que con una mera acumulación de reformas se va a subvertir el capitalismo y se va a llegar al socialismo. Yo adhiero a esta idea; no hay que renunciar a la aspiración de ir más allá del capitalismo. Creo que hay que pensar un proyecto de izquierda que exceda al kirchnerismo, pero sin instalarse en la lógica de que le vaya mal. Hay un deseo manifiesto que se ve tanto en (Elisa) Carrió como en (Jorge) Altamira. Quieren que les vaya mal y les da bronca si al kirchnerismo le va bien. Yo quiero que al kirchnerismo le vaya bien y que podamos construir una izquierda más allá del horizonte kirchnerista”.


Eso no implica que no exista, dentro del oficialismo, mucha gente que justifique las cagadas o corruptelas del kirchnerismo con frases tipo "ustedes quieren que al gobierno le vaya mal, y si al gobierno le va mal nos va mal a todos". ¡No! Si sos gobierno deberás hacerte cargo de las críticas que te corresponden.

Tampoco es mi intención explayarme acerca de la relación entre kirchnerismo, peronismo e izquierda, porque es una discusión que se abre al infinito. Ignoro si es justo afirmar que Carrió o Altamira quieren que nos vaya mal, porque no conozco sus más íntimas intenciones. La idea no es personalizar los argumentos, así cada uno le pone el nombre propio que se le ocurra.


Eso por un lado. Por otro lado, los argentinos sentimos, y en buena medida con razón, que somos una sociedad profundamente corrupta. Si admitimos que el poder es impunidad, no podremos más que acordar con Savater cuando dice:

“El problema no está en que haya casos de corrupción, sino en que la corrupción salga impune. Creo que los humanos somos todo lo malo que nos dejan ser (…) La tarea democrática no es corregir la naturaleza humana, ni su inclinación a las trampas, sino crear una sociedad que nos asegure que los  comportamientos antisociales no van a quedarse sin castigo. Kant se dio cuenta de una cosa muy importante mientras investigaba la moral: incluso aquel que miente y roba prefiere que los demás cumplan  las normas; desde luego que las personas inmorales quieren seguir haciendo trampas, pero exigen que los demás respeten las normas. El mentiroso prefiere que el resto del mundo diga la verdad, porque si todos mienten, nadie va a creerse nada, y él no podrá sacar ventaja”.



Cuando hablamos de corrupción e impunidad, hablamos no sólo de la clase política, sino del poder económico y financiero. En fin, la corto acá porque me parece que son cuestiones ultra discutidas. Me gustaría complejizar, en algún posteo futuro, la cuestión de la "corrupción".

¡Sean felices!

miércoles, 27 de agosto de 2014

LA ENVIDIA Y EL RESENTIMIENTO. MEMORIAS DEL SUBSUELO

La ira y la ambición son vicios que, en determinados casos, pueden resultar beneficiosos. El resentimiento y la envidia, en cambio, se auto devoran; corroen a quienes los padecemos. Una de las cosas más difíciles de lograr en la actual sociedad de consumo es llegar a cultivar la autoafirmación del yo y al mismo tiempo no alimentar el resentimiento, el orgullo desmedido, la soberbia, el desinterés por el destino de nuestros semejantes...


Simplificando brutalmente, podría decirse que el discurso de la derecha tiende a fomentar el egoísmo, el consumismo idiotizante, la ambición desmedida, la búsqueda del “éxito”, el desprecio por la política en favor de la privatización de la esfera pública; el discurso de la izquierda, por su parte, está permanentemente al borde de alimentar el resentimiento, además del voluntarismo nocivo de creer que la participación política resuelve todos los problemas. Aclaro nuevamente, para que no bufen los eunucos, que la mía es una simplificación caricaturesca.


FEDOR DOSTOIEVSKI: “MEMORIAS DEL SUBSUELO”

El libro fue publicado en 1864, y su personaje principal relata -en primera persona- las neurosis de alguien que bien pudiera haber sido uno de tantos parias que tienen la inteligencia sin la potencia, el deseo sin los medios. Es Bartleby en Wall Street, o Josef K. en su oficina, fantaseando con mundos supremos y conformándose con arrastrar los pies para llegar a la casa después de un día de laburo tedioso y rutinario.


El Hombre del Subsuelo es un ser abyecto, sarcástico, megalómano y jactancioso. Es el opuesto de Narciso: un individuo indignado por la presencia de seres tan abyectos como él. Envidia la riqueza y el poder de los ricos y de los nobles.

Hay un fragmento que prefigura La Metamorfosis -o La Transformación, según el traductor- de Kafka:

“Quiero decirles, señores (¿qué importa que tengan o no ganas de oírme?), por qué jamás he podido convertirme en un insecto. Les declaro solemnemente que a menudo he deseado convertirme en un insecto, pero jamás he podido realizar mi deseo”.

Como dice Steiner, “en la mitología antigua, los hombres eran semidioses; en la mitología posdostoievskiana, las cucarachas son hombres a desarrollar”.

Tolstoi le dijo una vez a Gorki que Dostoievsky “habría debido estudiar la enseñanza de Confucio o de los budistas; eso lo hubiera calmado”.

A lo largo del relato, el protagonista –que confiesa tener cuarenta años- se define constantemente a sí mismo:

“No conseguía ser malo, pero tampoco amigable ni infame ni honesto ni un héroe ni un insecto. Y ahora vivo mi vida en un rincón, trato de consolarme con la cretina, inútil excusa de que un hombre inteligente no es capaz de convertirse en nada, de que sólo un tonto puede hacer de sí mismo lo que quiera”.

El Hombre del Subsuelo prefiere ser insultado, golpeado y maldecido por otro hombre “superior” antes que la indiferencia. Luego retomaré este punto, que es central para retratar el “resentimiento”.

El Hombre del Subsuelo se siente un ratón al que han humillado constantemente, y por eso busca vengarse:

“(…) el pobre ratón consigue encenagarse más profundamente a consecuencia de sus interrogantes y sus dudas. Y cada interrogante hace nacer tantas otras preguntas también sin respuestas, que se forma un estanque fatal de fango pegajoso, surtido de las dudas y tormentos del ratón, así como de los escupitajos que le dirigen los hombres prácticos, de acción, que lo someten como jueces y dictadores y que se ríen de él hasta más no poder. Por supuesto, lo que le queda por hacer al ratón es encoger sus humillados hombros y fingiendo una sonrisa de repulsa, escurrirse ignominiosamente dentro de su ratonera. Y allí, en su cueva repugnante y maloliente, el ratón pisoteado y escarnecido se hunde en un odio frío, ponzoñoso y lo que es más importante, eterno. Durante cuarenta años recordará la humillación en todos sus abominables detalles y en cada ocasión agregará otro punto más abyecto todavía, y se atormentará y se atormentará sin tregua. Aun avergonzado de sus pensamientos, el ratón lo evocará todo, lo repasará una y otra vez, y luego pensará posibles iniquidades adicionales. Y hasta es posible que trate de vengarse, pero lo hará de a rachas, con usura, a escondidas, de manera anónima, en la duda de que su venganza sea justa, de que pueda llevarla a cabo, y con el sentimiento de que a consecuencia de ella, se hará a sí mismo cien veces más daño del que consiga hacer al objeto de su venganza, a quien seguramente no le producirá siquiera un escozor lo bastante intenso como para obligarlo a rascarse. Más tarde, en su lecho de muerte, el ratón volverá a recordarlo todo con los intereses acumulados, y…”

Uno de los pasajes más interesantes del libro es aquel en donde el protagonista recuerda su paso junto a una taberna, cuando era más joven, donde observó una pelea que se desarrollaba adentro. En medio del quilombo, uno de los participantes es arrojado por la ventana. El Hombre del Subsuelo siente deseos de participar, aún a costa de ser insultado, arrojado y lastimado. Entra a la sala de billar, busca al agresor –es un oficial, alto y corpulento- y se acerca a él con la esperanza de provocarlo. Pero el oficial reacciona hacia él de una manera mucho más demoledora que el ataque físico:

“Me tomó de los hombros; sin pronunciar una palabra me levantó, y depositándome fuera de su camino, pasó como si yo no existiera. Yo habría podido perdonar cualquier cosa, aun una paliza, pero eso era demasiado: ¡que me apartase sin darse cuenta de mi existencia!”

El protagonista no se siente digno ni siquiera para ser arrojado por la ventana, y aquella fue su primera lección política: es imposible que un hombre de la clase de los empleados moleste a una persona de la clase de los oficiales, que forma parte de la nobleza y la clase alta que todavía gobernaba Rusia en aquel entonces. Para alguien de clase alta, la multitud de proletarios cultos y autodidactas de San Petersburgo son inexistentes.

En fin, para no extenderme más, termino el posteo con un diálogo contemporáneo entre dos pensadores que, no por ser mediáticos, dejan de tener intuiciones e ideas interesantes, más allá de que uno acuerde o no con sus argumentos:

FRAGMENTO DE UNA ENTREVISTA A SLAVOJ ZIZEK Y PETER SLOTERDIJK:

El momento histórico que atravesamos parece estar signado por la ira. Una indignación que culmina en la consigna “¡Fuera!” de las revoluciones árabes o las protestas democráticas españolas. Ahora bien, según Zizek, usted Sloterdijk es demasiado severo con los movimientos sociales que a su criterio provienen del resentimiento.

P. Sloterdijk: Hay que distinguir la ira del resentimiento. Hay toda una gama de emociones que pertenecen al régimen del thymos , o sea, al régimen del orgullo. Existe una suerte de orgullo primordial, irreductible, que está en lo más profundo de nuestro ser. En esa gama del thymos se expresa la jovialidad, contemplación benévola de todo lo que existe. Aquí, el campo psíquico no conoce trastorno. Si bajamos en la escala de los valores, es el orgullo de sí mismo.

Bajamos un poco más y es la vejación de ese orgullo lo que provoca la ira. Si la ira no puede expresarse, está condenada a esperar para expresarse más tarde y en otra parte, eso lleva al resentimiento, y así hasta el odio destructivo que quiere aniquilar el objeto del cual salió la humillación. No olvidemos que la buena ira, según Aristóteles, es el sentimiento que acompaña al deseo de justicia. Una justicia que no conoce la ira es una veleidad impotente. Las corrientes socialistas del siglo XIX y XX crearon puntos de recolección de la ira colectiva, algo justo e importante. Pero demasiados individuos y demasiadas organizaciones de la izquierda tradicional se deslizaron hacia el resentimiento. De ahí la urgencia de pensar e imaginar una nueva izquierda más allá del resentimiento.

S. Zizek: Lo que satisface a la conciencia en el resentimiento es más perjudicar al otro y destruir el obstáculo que beneficiarme yo mismo. Nosotros los eslovenos somos así por naturaleza. Conocerán la leyenda en la que a un campesino se le aparece un ángel y le pregunta: “¿Quieres que te dé una vaca? ¡Pero cuidado, también le daré dos vacas a tu vecino!” Y el campesino esloveno dice: “¡Por supuesto que no!” Pero para mí, el resentimiento, no es nunca la actitud de los pobres. Más bien la actitud del pobre amo, como Nietzsche lo analizó tan bien. Es la moral de los “esclavos”.

Sólo que se equivocó un poco desde el punto de vista social: no es el verdadero esclavo, es el esclavo que, como el Fígaro de Beaumarchais, quiere reemplazar al amo. En el capitalismo, creo que hay una combinación muy específica entre el aspecto timótico y el aspecto erótico. Es decir, que el erotismo capitalista es mediatizado en relación a un mal timotismo, que engendra el resentimiento. Estoy de acuerdo con Sloterdijk: en el fondo, lo más complicado es cómo pensar el acto de dar, más allá del intercambio, más allá del resentimiento. No creo realmente en la eficacia de esos ejercicios espirituales que propone Sloterdijk. Soy demasiado pesimista para eso. A esas prácticas auto-disciplinarias, como en los deportistas, yo quiero agregar la heterotopía social. Por eso escribí el capítulo final de Vivre la fin des temps , donde vislumbro un espacio utópico comunista, refiriéndome a las obras que dan a ver y oír lo que podríamos llamar una intimidad colectiva. Me inspiro también en esas películas de ciencia ficción utópicas, donde hay héroes errantes y tipos neuróticos rechazados que forman verdaderas colectividades. Los recorridos individuales también pueden guiarnos. Suele olvidarse que Victor Kravtchenko (1905-1966), el dignatario soviético que denunció muy temprano los horrores del estalinismo en J’ai choisi la liberté y que fue ignominiosamente atacado por los intelectuales pro-soviéticos, escribió una continuación, J’ai choisi la justice , mientras luchaba en Bolivia y organizaba un sistema de producción agraria más equitativo. Hay que alentar a los Kravtchenko que emergen en todas partes, desde América del Sur hasta las orillas del Mediterráneo.



P. Sloterdijk: Considero que usted es víctima de la evolución psico-política de los países del Este. En Rusia, por ejemplo, cada uno carga sobre sus hombros con un siglo entero de catástrofe política y personal. Los pueblos del Este expresan esa tragedia del comunismo y no salen de ella. Todo eso forma una especie de vínculo de desesperación autógena. Yo soy pesimista por naturaleza, pero la vida refutó mi pesimismo original. Soy, por así decirlo, un aprendiz de optimista. Y en eso pienso que estamos bastante cerca uno del otro porque en cierto sentido recorrimos biografías paralelas desde puntos de partida radicalmente diferentes, leyendo los mismos libros.