sábado, 15 de febrero de 2014

ALARGAR LA VIDA Y DESPRECIAR LA VEJEZ

Es natural que, de tener la posibilidad de elegir, preferiríamos ser jóvenes, saludables y bellos antes que feos y viejos. Sin embargo, es interesante reflexionar sobre algo que sugiere Voltaire: "Quien no tiene las virtudes de su edad, tendrá que cargar sólo con sus defectos".
En cierto modo, nuestra época favorece la proliferación de pendeviejos que, sin tener los beneficios de la juventud, no parecen haber cultivado ni la experiencia ni la sabiduría.
De repente leo a Esther Díaz, una filósofa a la que nunca antes le di mucha pelota:
Uno de los temas que trabajo ahí es el de la relación entre tecnociencia y vejez. Me planteo qué sentido tiene seguir desarrollando tecnología para vivir más años en una sociedad que siente un enorme rechazo por los viejos. Los jóvenes que trabajan en los laboratorios y que convocan al periodismo científico para exponer sus innovaciones no quieren morir... ¡pero tampoco quieren llegar a viejos! ¿Cómo se resuelve esa contradicción? Hay una perversión en alargar la vida y, al mismo tiempo, despreciar a los viejos. Pensemos: ¿adónde puede ir a divertirse una persona mayor? ¿Adónde puede ir sin que le digan "viejo verde" o le critiquen cómo se viste?

La reflexión parece obvia, y en cierto sentido lo es. Se sabe: muchas veces lo que no vemos es, justamente, lo que está delante de nuestras narices.

martes, 4 de febrero de 2014

SPINETTA – ARTAUD – CANTATA DE PUENTES AMARILLOS

"He encontrado una cosa curiosa, como no lo haría todos los días. Es un puente levadizo con un cochecito amarillo y un grupo de lavanderas". (Vincent Van Gogh)


A riesgo de que quede un post estilo Wikipedia, hoy tenía ganas de escribir en modo informativo pedagógico. O tal vez el talento no me da para otra cosa. En fin… La tapa del disco Artaud fue diseñada por Juan Orestes Gatti a partir de una idea de Spinetta. En su momento, los productores y vendedores no querían saber nada, porque su forma extraña la hacía difícil de ubicar en las bateas. Parece que "El Flaco" no quería dar el brazo a torcer, porque estaba convencido de que su obra debía provocar incluso desde el diseño.


Los colores verde y amarillo son, según Antonin Artaud, los colores del surrealismo. Es muy factible que la letra de Cantatade puentes amarillos haya sido escrita por un Spinetta entregado al ejercicio de la libre asociación de ideas.

Si uno se fija, hay fragmentos que no parecen guardar ninguna ilación entre sí, como si fueran sueños o escritos realizados en duermevela:

Todo camino puede andar
Todo puede andar...
Con esta sangre alrededor
no sé que puedo yo mirar.
La sangre ríe idiota
como esta canción,
¿y ante qué?

Ensucien sus manos como
siempre,
relojes se pudren en sus
mentes ya.
Y en el mar naufragó
una balsa que nunca zarpó,
mar aquí, mar allá.

En un momento vas a ver
que ya es la hora de volver,
pero trayendo a casa todo aquél
fulgor,
¿y para quién?

Las almas repudian todo encierro
las cruces dejaron de llover.
Sube al taxi, nena
los hombres te miran,
te quieren tomar.
Ojo el ramo, nena,
las flores se caen, tienes que parar.
Vi las sonrisas muriendo en el
carrousel,
vi tantos monos, nidos, platos de
café,
platos de café, ah.

Guarda el hilo, nena
guarden bien tus manos
esta libertad.
Ya no poses, nena,
todo eso es en vano,
como no dormir

Aunque me fuercen yo nunca voy a decir
que todo tiempo por pasado fue
mejor,
mañana es mejor.

Aquellas sombras del camino azul,
¿dónde están?
Yo las comparo con cipreses que vi
sólo en sueños.
Y las muñecas tan sangrantes
están de llorar,
y te amo tanto que no puedo
despertarme sin amar,
y te amo tanto que no puedo
despertarme sin amar.

¡No! Nunca la abandones.
¡No! Puentes amarillos.
Mira el pájaro, se muere en su jaula
¡No! Nunca la abandones
Puentes amarillos, se muere en su
jaula
Mira el pájaro, puentes amarillos
Hoy te amo ya
y ya es mañana
Mañana
Mañana
Mañana



Según Sergio Pujol, la canción está hecha “como una miríada de ideas, fragmentos de textos –algunos subrayados en la edición de Cartas a Théo que el joven artista devoraba, entre el libro y la guitarra-, registros entre literarios y orales y, ya en el plano de la música, módulos armónicos más o menos relacionados con la tonalidad de La mayor. (…) En plena época de rock sinfónico -1973-, Spinetta expresaba en clave intimista el deseo de una generación por convertir la música popular en algo sofisticado y a la vez visceral”.

Yo leí Van Gogh, el suicidado por la sociedad de Antonin Artaud -que formó parte de las lecturas de Don Luis Alberto antes y durante el proceso de composición del disco- , y debo reconocer que no me flasheó demasiado. Hay partes que directamente me aburrieron, sobre todo la introducción de Aldo Pellegrini en la edición de Argonauta que es la que tengo, donde el tipo parece dividir al mundo entre Artaud artista genial incomprendido; y el resto de los mortales: burgueses medio perejiles que habitamos el globo y no cazamos un fútbol de poesía. En síntesis: le falta la distancia y el humor de un Luis Almirante Brown.

La obra de Antonin Artaud es bastante corrosiva. A esa manía de "filosofar con el martillo" que tenía el poeta francés, Spinetta le contrapone un mensaje menos destructivo como antídoto: el amor, el hippismo, los Beatles y John Lennon. Si bien se propone denunciar la locura, la perversión y la sinrazón del mundo, quiere producir al mismo tiempo un antídoto que no nos haga caer en la desesperación de tomarnos demasiado en serio el mensaje de Artaud.

Y ojo, que vivir de acuerdo a la cosmovisión de Rimbaud o Artaud es muy difícil, porque estar en contacto permanente con el éxtasis quema. "Si he de vivir, que sea/ sin temor y en el delirio", escribió alguna vez Mario Santiago, el Ulises Lima de Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño (1). La apuesta de Santiago es total. Cuando a Bolaño le preguntan si se puede "vivir poéticamente", responde que sí, que se puede, pero que no es recomendable:


"Yo no quisiera que mi hijo –si mi hijo decide ser escritor– no quisiera que mi hijo optara por vivir sin timón y en el delirio. Porque nadie quiere ver a un ser querido sufriendo. Pero por otro lado, es inevitable. Hay escritores que tienden hacia eso. A veces en demérito de su propia escritura, porque la lucidez –y de nuevo– el sentido común son necesarios, son muy necesarios".

En lo personal, disfruté más la lectura de las Cartas a Théo de Vincent Van Gogh que de la interpretación que hace Artaud del pintor holandés.


VINCENT VAN GOGH, EL “SUICIDADO POR LA SOCIEDAD”

La felicidad del canalla, que muere tranquilo y en paz luego de haber provocado la muerte, la tortura y el sufrimiento de cientos de personas, es difícil de comprender para cualquier moralista. A menos, claro, que uno crea –no es mi caso- en la justicia divina del paraíso, el purgatorio y el infierno. Hitler y Mussolini fueron derrotados, pero en España, Franco gobernó más de treinta años, y murió rodeado de honores oficiales, en su propia y confortable cama, aferrado al brazo de Santa Teresa, a quien, con  devoción, le pidió que intercediera por su alma. La santa se negó.

La vida de Vincent Van Gogh, en cambio, fue la de un artista de enorme sensibilidad y talento, quien pese a entregar su existencia a la realización febril de cuadros y más cuadros, no logró vender más que una sola tela en sus 37 años de vida. De hecho, se hubiera muerto de hambre si no fuera por la modesta asignación que le pasaba su hermano Théo.

Por esas ironías que no faltan en la historia, casi un siglo después, su lienzo Los Girasoles se subastaría por casi veinticinco millones de libras en Christie’s de Londres.

En una de sus tantas cartas, tratando de encontrarle sentido a su sufrimiento, Vincent le escribe a su hermano: “tal vez la locura sea saludable porque uno se vuelve, quizá, menos excluyente”.

En enero de 1889, escribe: “Habrás vivido siempre pobre por darme de comer, pero yo devolveré el dinero o entregaré el alma”. No pudo cumplir con su palabra. Segundos antes de morir -producto de la agonía que él mismo se provocó disparándose a sí mismo en el pecho- , le diría a Théo:“Fracasado una vez más… La miseria no acabará nunca…”.

La carta de julio de 1880 causó, indudablemente, un fuerte impacto sobre el joven Spinetta. La cito in extenso y que cada cual haga el link que tenga ganas. Resalto en negrita el fragmento que se puede relacionar con la frase "mira el pájaro, se muere en su jaula":

“Te escribo un poco al azar lo que me viene a la pluma, me sentiría muy contento si de alguna manera tú pudieras ver en mí algo más que un haragán.

¿Acaso hay haraganes y haraganes que hacen contraste? Está aquel que es haragán por pereza y dejadez de carácter, por la bajeza de su naturaleza: tú puedes, si lo juzgas bien, tomarme por uno de éstos.

Después está el otro haragán, el haragán a pesar suyo, que vive roído interiormente por un gran deseo de acción, que no hace nada porque vive en la imposibilidad de hacerlo, puesto que está como preso en alguna cosa, porque no tiene lo que necesitaría para ser productivo, porque la fatalidad de las circunstancias lo reduce a ese punto; un haragán así no sabe siempre él mismo lo que podría hacer, pero lo siente por instinto; por tanto, sirvo para algo, siento en mí una razón de ser; sé que podría ser un hombre por completo diferente. ¿En qué podría ser útil?, ¿en qué servir?, ¿hay algo dentro de mí?, ¿qué es, entonces?

Este es un haragán muy diferente; tú puedes, si lo juzgas bien, tomarme por uno de éstos.

Un pájaro en la jaula, en la primavera, sabe muy bien que hay algo para lo cual serviría, siente fuertemente que hay algo que hacer, pero no lo puede hacer. ¿Qué es? No lo recuerda bien, después tiene ideas vagas y se dice: ‘Los otros hacen sus nidos y tienen sus hijos y crían la nidada’; después se golpea el cráneo contra los barrotes de la jaula. La jaula sigue allí y el pájaro vive loco de dolor. 
‘Mira qué haragán’, dice un pájaro que pasa, ‘una especie de rentista’. Sin embargo, el prisionero vive y no muere, nada se muestra exteriormente de lo que ocurre interiormente, se lleva bien, está más o menos alegre al rayo del sol. Pero viene la temporada de la migración. Acceso de melancolía. ‘Pero’, dicen los niños que lo cuidan en su jaula, ‘tiene todo lo que le hace falta’. Pero él mira afuera el cielo henchido, cargado de tempestad y siente la rebelión contra la fatalidad dentro de sí. ‘Estoy preso, estoy preso y no me falta nada, imbéciles. Tengo todo lo que hace falta. ¡Ah, la libertad! ¡Ser un pájaro como los otros pájaros!...’

Este hombre haragán se parece a ese pájaro haragán y los hombres se hallan a menudo en la imposibilidad de hacer nada, prisioneros en no sé qué jaula horrible, horrible, muy horrible. (…)

No sabremos decir nunca qué es lo que nos encierra, lo que nos cerca, lo que parece enterrarnos, pero sentimos, sin embargo, no sé qué barras, qué rejas, qué paredes.

¿Todo esto es imaginario, fantasía? No lo creo; y después uno se pregunta: Dios mío, ¿será por mucho tiempo?, ¿será para siempre?, ¿será para la eternidad?

Tú sabes cómo puede desaparecer la prisión. A base de afecto profundo, serio. A base de ser amigos, ser hermanos, amar: así se abre la prisión como una fuerza soberana, como un encanto poderoso. Pero el que no tiene esto permanece en la muerte.

Pero allí donde la simpatía renace, renace la vida.

Además, la prisión se llama algunas veces prejuicio, malentendido, ignorancia fatal de esto o aquello, desconfianza, falsa vergüenza.

(…) Solamente si te fuese posible ver en mí algo más que un haragán de la peor especie, me sentiría más cómodo.

Luego, si alguna vez pudiese hacer algo por ti, serte útil en alguna cosa, no olvides que estoy a tu disposición”.

Este post se terminó.

¡Sean felices!


(1) Fue mi mejor amigo, mi mejor amigo de lejos. Poeta mexicano. Un ser extrañísimo, en realidad Mario Santiago parecía haber bajado de un ovni hace un par de días. Y tenía cosas tan extrañas, era un lector empedernido. Cosas tan extrañas como meterse en la ducha y seguir leyendo. Entonces, se metía en la ducha y con la mano mantenía el libro así (hace el gesto con sus manos): ¡y lo peor es que eran mis libros! (la audiencia ríe). Y yo siempre veía mis libros mojados y no sabía qué había ocurrido. Y yo decía: “¿es que ha llovido en México?”. Porque claro, México es muy grande y puede llover en una zona de la ciudad y en otra no. Es raro, pero se puede dar ese caso. Realmente, un fenómeno curioso en la naturaleza ¿no? Pero se puede dar. Hasta que una vez lo sorprendí leyendo en la ducha, y yo lo que tenía que haber hecho era ponerme de rodillas a rezar. A rezar ante el milagro que había presenciado. No lo hice, más bien lo reté. Y tenía cosas así Mario. Mario era un personaje fantástico, no tenía ninguna disciplina. Recuerdo que para ganar dinero trabajábamos en diversas revistas mexicanas y era yo el que escribía sus crónicas, sus artículos; él hacía un borrador y yo cogía el borrador y escribía la crónica. Y luego tenía que escribir la mía también. (Roberto Bolaño, entrevista de Cristian Warnken).


BARRETT Y LAS HERMOSAS CANCIONES DE THE PIPER AT THE GATES OF DAWN

-“Bueno Charly, ¿qué consejo les darías a los jóvenes que quieren entrar en la droga para que no lo hagan?”, preguntó Susana Giménez, en tono pedagógico.

Charly García en primer plano, mirando a cámara: “Chicos, la droga es como un pasaje de ida en tren, el vagón está lleno y no cabemos, no se suban, que ya viajamos todos apretados”....

Incomodidad en el estudio, ante la ausencia del buscado mensaje edificante. Tanda y a la vuelta, Charly ya no está.

Hubo otro músico maravilloso que emprendió un viaje trágico sin pasaje de vuelta, devorado por la esquizofrenia y el exceso de alucinógenos: se llamaba Syd Barrett y fue el líder de Pink Floyd. Afortunadamente, antes de que el “crazy diamond” deje de brillar, nos regaló varias canciones hermosas, como “Arnold Layne” y “See Emily Play” en su fase solista; o “Matilda mother”, “Flaming”, “Lucifer Sam”, “The Gnome”, “Chapter 24”, “The Scarecrow” y “Astronomy Domine”...

Las opiniones son variadas, pero a mi juicio, ThePiper at the Gates of Dawn es uno de los dos o tres mejores discos de Floyd, junto al inolvidable Dark Side of the Moon.



Fabián Casas dice que Sgt. Peppers de los Beatles es un clásico, y Piper es su hermano menor:

“Un hermano menor muy volado, de esos que terminan preocupando a los padres por la manera de quedarse mirando el techo cuando están en la mesa (…) (Me pasa algo curioso, si estoy estimulado con hierba o ácido, Piper se vuelve un disco extraordinario; Peppers, en cambio, es un ácido)”.

Más allá de la opinión de Casas, considero que se trata de un álbum precioso, que mezcla la psicodelia pop con cierto espíritu infantil. Dicen que la mayoría de las canciones fueron compuestas en tiempos felices de Barrett, en los cuales le sobraban los minutos para fumar hierba y jugar con su guitarra. Entre los temas que más me gustan de Floyd figura "Matilda Mother", que viene a ser una tierna evocación de la infancia, pues trata de una madre que le narra cuentos a su hijo antes de dormir:




Letra: Matilda Mother (Barrett)

There was a king who ruled the land/ His majesty was in command/ With silver eyes the scarlet eagle/ Showered silver on the people/ Oh mother, tell me more… / Why’d you have to leave me there/ Hanging in my infant air, waiting/ You only have to read the lines of/ Scribbly black and everything shines…/ Across the stream with wooden shoes/ Bells to tell the king the news/ A thousand misty riders/ Climb up higher once upon a time/ Wondering and dreaming/ The words have different meanings/Yes they did... /For all the time spent in that room/ The doll’s house darkness old perfume/ And fairy stories held me high/ On clouds of sunlight floating by/ Oh mother, tell me more/ Tell me more...

Había una vez un rey que gobernaba la tierra/ Su majestad estaba al mando/ Con ojos plateados el águila escarlata/ Derramaba plata sobre la gente/ Oh madre, cuéntame más/ Por qué tenías que abandonarme allí/ Colgado de mi aspecto infantil, esperando/ Sólo tienes que leer las líneas del/ Garabato negro y todo brilla/ A través del arroyo con zapatos de madera/ Las campanas anuncian al rey las noticias/ Miles de brumosos jinetes/ Escalan a lo más alto érase una vez/ Maravillando y soñando/ Las palabras tienen diferentes significados/ Sí, lo tienen… /Por todo el tiempo transcurrido en esa habitación/ El viejo perfume de la oscura casa de muñecas/ Y las historias de hadas me mantuvieron en lo alto/ Sobre nubes bajo la luz del sol, flotando/ Oh madre, cuéntame más/ Cuéntame más...

En "Matilda Mother" hay diversas imágenes derivadas de Cautionary Tales For Children -algo así como “Cuentos con moraleja para niños”- de Hilaire Belloc.

Hay otros temas muy lindos, como “The Gnome”, un cuento de hadas; “The Scarecrow”, que recuerda las historias de Worzel Gummidge. En "Bike”, Barrett se hace amigo de un ratón: “I know a mouse and he has not got a house I don’ know why I call him Gerald”.

Cuando era chico, al escuchar el pasaje de 
"Bike" que habla de una tribu de hombres hechos de pan de jenjibre: "I've got a clan of ginger bread men, Here a man, there a man, lots of gingerbread men", me rompía la cabeza.

Poco después, Syd nos invita a agarrar una pareja de los hombrecitos, que están ahí en el plato. Yo pensaba: "¡chau, qué loco está este muchacho, imagina clanes de tipos de pan de jenjibre!". Un amigo inglés, mucho más tarde, me dijo que en su país era común comer pan de jenjibre hecho con formitas de animales y de personas, así como nosotros comemos los populares "cuernitos".

Según Simon Reynolds, “el antropomorfismo y el animismo (Barrett creía enlos espíritus de los árboles) de las primeras canciones de Pink Floyd se relacionan con una conciencia panteísta común a muchos consumidores de LSD. ‘Dios está en  todas las cosas', declaró Paul McCartney en 1967. (…) La facultad del LSD de hacerle ver a uno las cosas con ojos de niño, como por primera vez, constituyó el sacramento químico de un panteísmo renaciente".

El productor de EMI asignado para laburar con los Floyd fue Norman Smith, quien había sido sido el ingeniero en jefe de los Beatles hasta Rubber Soul:

"Cuando miro atrás, me pregunto cómo nos las arreglamos para hacer algo", dice Smith. "Los llamaba después de grabar una canción, y los hacía pasar a la sala de control para hacerles mis sugerencias. Sobre todo a Syd, que era el pilar, el compositor: él era quien alimentaba el ambiente psicodélico en el grupo. Cuando le sugería algo, que probara tal cosa o tal otra, que hicieran otra toma en el estudio, me decía: Sí, está bien. Y se metían de nuevo en el estudio. Volvía a hacer exactamente lo mismo, y los demás también, haciendo caso omiso de mis sugerencias. Fue un verdadero infierno. No hay recuerdos agradables. Siempre me iba con un dolor de cabeza. Syd era indisciplinado y nunca cantaba lo mismo dos veces. Tratar de hablar con él era como hablar con una pared, porque su cara no tenía expresión. Sus letras eran infantiles. Era un niño de alguna manera, pasaba de la euforia a la depresión".

El puente que ayudó a Smith a controlar mínimamente al díscolo Barrett fue el ingeniero de sonido Peter Bown, quien llegó a establecer una gran amistad con el gran fumeta.

Para terminar, y aunque no tenga tanto que ver con el título del post, pero sí con el contexto de época, los dejo con otro temazo de la época: “White Rabbit”, de Jefferson Airplane, inspirado en Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll.

¡Sean felices! 

domingo, 2 de febrero de 2014

LA IRONÍA SEGÚN DAVID FOSTER WALLACE

Hoy tengo ganas de citar una extraordinaria reflexión del escritor estadounidense David Foster Wallace acerca del predominio de la ironía y el sarcasmo en la sociedad actual:


"El sarcasmo, la parodia, el absurdo y la ironía son formas geniales de quitarle la máscara a las cosas para mostrar la realidad desagradable que hay tras ellas. El problema es que una vez desacreditadas las reglas del arte, y una vez que las realidades desagradables que la ironía diagnostica son reveladas y diagnosticada, ¿qué hacemos entonces? La ironía es útil para desacreditar ilusiones, pero la mayoría de las ilusiones desacreditadas en los Estados Unidos ya se han hecho y rehecho. Una vez que todo el mundo sabe que la igualdad de oportunidades es una bobada, ¿qué hacemos ahora? [...] Aparentemente todo lo que queremos hacer es seguir ridiculizando las cosas. La ironía posmoderna y el cinismo se han convertido en un fin en sí mismas, en una medida de la sofisticación en boga y el desparpajo literario. Pocos artistas se atreven a hablar de lo que falla en los modos de dirigirse hacia la redención, porque les parecerán sentimentales e ingenuos a todos esos ironistas hastiados. La ironía ha pasado de liberar a esclavizar. Hay un gran ensayo en algún sitio que contiene una línea acerca de que la ironía es la canción del prisionero que llegó a amar su jaula".

Para complementar la reflexión de Foster Wallace, se me ocurre decir que la ironía y el sarcasmo son indispensables cuando se dirigen a la impunidad de los poderosos. Aquí tienen un buen ejemplo.

LO COMPLEJO Y LO COMPLICADO


¿Hasta qué punto “lo complicado” y “lo complejo” son sinónimos? Cierta vez, Marcos Di Palma estuvo muy preciso  cuando interrumpió la habitual verborrea de un periodista de larga trayectoria en el medio: "shh, cállense, que el Tano (Fazzini) va a decir una pelotudez importante"

Hay una frase de Nietzsche, bastante citada cuando se habla de estos temas, donde dice despreciar a los pensadores que “enturbian las aguas para hacerlas parecer profundas”.

Recuerdo que en La imaginación sociológica, Wright Mills ironizaba sobre el estilo pretencioso e innecesariamente abstruso de Talcott Parsons, mediante la traducción a lenguaje llano de uno de los tantos fragmentos barrocos que pueblan La estructura de la acción social. No pongo la cita porque me da pereza ir a buscarla.

Me parece interesante contrastar dos fragmentos que tocan la cuestión, de parte de dos autores franceses muy lúcidos, aunque con sensibilidades ideológicas distintas: Tzvetan Todorov y Pierre Bourdieu.

El lingüista búlgaro nos recuerda la experiencia de haber conocido a Lacan:


"Lacan no era un tímido, sino más bien un manipulador y un seductor. También lo conocí gracias a Jakobson (Roman), pero no sentía por él la misma admiración que por Lévi-Strauss. Sin embargo, leía asiduamente a Freud y me apasionaba, desde otra perspectiva, por los problemas del lenguaje. Pero el estilo de Lacan, alambicado y pretencioso, me producía risa; sus admiradores me hacían recordar a los miembros de una secta, absolutamente devotos de su gurú. Lacan buscaba golpear y seducir, no convencer con argumentos racionales; aspiraba a alienar la voluntad de sus auditorios, no a hacerlos más libres. Ésa era en todo caso mi impresión, lo que explica por qué no me atraía. Para mí, la máxima claridad en la expresión es una cuestión de ética, de respeto hacia aquel a quien me dirijo: es el modo en que lo coloco en el mismo plano que yo, que le permito responder y por lo tanto convertirse en sujeto de la palabra con el mismo derecho que yo. En tanto lector, quiero dirigirme a los autores a los que leo, hacerles preguntas: “eso que me dicen, ¿es verdad?, ¿es correcto?”. Tiendo a buscar que mis lectores puedan hacer otro tanto. Me interesa poco el culto de la oscuridad.


Mi único encuentro personal con Lacan se desarrolló de esta manera: después de presentarme, me llenó de elogios. A juzgar por lo que decía, no tenía más sueño en la vida que el de encontrarse conmigo. “Usted se merece formar parte de mi círculo”, me dijo, “usted no es uno de esos adoradores que van a mi seminario y que no entienden nada de lo que digo”. Venga a mi casa a las 19 y hablaremos. Impulsado por la curiosidad y realmente envanecido, toqué su puerta a la hora convenida. Era otra persona: me trató con desdén, como si no comprendiera por qué me había permitido ir a molestarlo. Era toda una estrategia: seducir, después rechazar, para provocar dependencia. Me fui y nunca más lo vi en privado".


Por otro lado, leemos la muy interesante respuesta del sociólogo Pierre Bourdieu:

Periodista: “¿Por qué emplea usted una jerga particular y particularmente difícil que hace que su discurso sea a menudo inaccesible para el profano? ¿No hay una contradicción entre denunciar el monopolio que se otorgan los científicos y restaurarlo en el discurso de la denuncia?”


Bourdieu: "Basta generalmente con dejar hablar al lenguaje corriente, con abandonarse al laisser-faire lingüístico, para aceptar sin saberlo una filosofía social. El diccionario está preñado de mitología política (pienso, por ejemplo, en todas las parejas de adjetivos: brillante-serio, alto-bajo, raro-común, etc.). Los amigos de la “sensatez”, que están en el lenguaje común como peces en el agua y que –tanto en materia de la queja como en todo lo demás- tienen las estructuras objetivas a su favor, pueden (eufemismo más o menos) hablar un lenguaje claro como agua de manantial y atajar la jerga de una estocada. Por el contrario, las ciencias sociales deben conquistar todo lo que dicen contra los prejuicios que vehicula el lenguaje común y decir lo que han conquistado en un lenguaje que está predispuesto para decir algo completamente distinto. Romper los automatismos verbales no es crear artificialmente una diferencia distinguida que mantenga a distancia al profano; es romper con la filosofía social que se halla inscrita en el discurso espontáneo. Poner una palabra en lugar de otra supone a menudo efectuar un cambio epistemológico decisivo (que corre el riesgo, por lo demás, de pasar desapercibido).


Pero no se trata de escapar de los automatismos de la sensatez para caer en los automatismos del lenguaje crítico, con todas esas palabras que demasiadas veces han funcionado como eslóganes o consignas, con todos esos enunciados que sirven, no para enunciar lo real, sino para tapar las grietas del conocimiento (…) Me estoy refiriendo a es “basic-marxism”, como dic Jean-Claude Passeron, que ha proliferado durante los últimos años en Francia: este lenguaje automático –que funciona mecánicamente, pero en vacío- permite referirlo todo a la economía, con un reducidísimo número de conceptos simples, pero sin pensar gran cosa. El simple hecho de la conceptualización ejerce a menudo un efecto de neutralización, incluso de negación.


El lenguaje sociológico no puede ser ni “neutro” ni “claro”. La palabra clase jamás será una palabra neutra mientras existan clases: la cuestión de la existencia o de la no-existencia de las clases es un objeto de lucha entre las clases. El trabajo de escritura que se precisa para conseguir un uso riguroso y controlado del lenguaje rara vez conduce a lo que se denomina la claridad, es decir, al fortalecimiento de las evidencias del sentido común o de las certidumbres del fanatismo.


Al contrario de la búsqueda literaria, la búsqueda del rigor conduce casi siempre a sacrificar la fórmula bella, que le debe su fuerza y claridad al hecho de que simplifica o falsifica, por una expresión más ingrata, más pesada, pero más exacta, más controlada".

Creo que ambas posturas -la que expone Bourdieu y la que sugiere Todorov- no tienen necesariamente que ser contradictorias, e incluso podrían, y a mi juicio deberían, complementarse.

En  el ámbito del derecho, existen jueces, letrados y académicos que se expresan con un estilo que nos recuerda a Carlos Argentino Daneri:

"La sentencia omnímoda dictada a fs. (...) procrastinó fijar emolumentos en favor del los Sres. profesionales que dieran asistencia en la acumulada "litis contestatio".

(...)

No obstante, el matiz de los agravios expresados contra la decisión de grado en este aspecto, me impone que vuelque los fundamentos que daré a continuación, no tanto para apontocar mi voto no negativo al interrogante copete de este acuerdo, antes bien para desnudar lo acidioso del soflama recursivo”.

¿Es necesario escribir TAN MAL?